N° de Edición 6789
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En Once se celebró el “Festival por los pibes de Cromañón”

Músicos, familiares, sobrevivientes y amigos de los 194 fallecidos en la tragedia en el extinto local ubicado a metros de la estación Once los recordaron en un emotivo acto. Música, palabras y hasta un mural nuevo, lo más destacado de la tarde.

Apenas pasadas las cuatro de la tarde, las primeras personas comenzaron a llegar al santuario de Cromañón, que en algún momento albergó distintos recitales de bandas de rock, con remeras de Callejeros, Patricio Rey, La Renga y tantos otros más, pero esta vez, y como hace 14 años, se reunieron para rendir memoria a esos jóvenes que ya no están.

Lo primero que tuvo lugar en este día de homenaje fue un mural que mostraba la imagen icónica de la justicia ciega, como intentando manifestar que las familias aún buscan respuestas a una tragedia que tuvo muchos responsables, pero muy pocos pagaron por sus culpas.

Conforme iba avanzando la tarde, el mural se iba coloreando poco a poco y comenzaban a llegar más y más personas, muchas de ellas sobrevivientes de aquel luctuoso día. Dos amigos que compartieron esa noche y se volvían a encontrar en este acto se abrazaban y uno de ellos le decía al otro “que loco, pasaron 14 años y hoy estamos acá otra vez”. Luego, el silencio y admirar las fotos de aquellas personas que no salieron con vida de ese lugar.

Otra sobreviviente de nombre Tamara relató otra parte de esa misma historia y detalló que “me acuerdo como si hubiera pasado ayer. Estábamos adelante de todo alentando y el Pato (Fontanet) empezó a cantar y nos volvimos locos. Y a los pocos segundos se empezó a prender fuego el techo. Se abría al medio y casi no podía respirar. No me olvido más”.

El lema que rodeó a la tarde y se leía en varias fotocopias pegadas en muchas partes era “el sistema envenena, la corrupción mata, la impunidad enloquece”. Muchos familiares recorrían la cuadra que ahora es santuario y veían todos los murales que se fueron haciendo con los años, las zapatillas colgadas, y hasta un árbol de Navidad con las fotos de los “pibes de cromañón”. Muchos llantos recorrían las mejillas de madres, padres, hermanos y abuelas.

Finalmente, el escenario que se montó a una cuadra de donde ocurrió el hecho comenzó a ser testigo de las muchas bandas que pasaron por él y rindieron un cálido homenaje recordándolos con música, de la mejor manera podían hacerlo. Y retumbó una frase que cerró la tarde: “Hagamos música, cantemos por la vida, saltemos por ellos, por los pibes que ya no están”.

Cronología del horror

A las 21 del jueves 30 de diciembre se abrió al público el acceso al boliche República de Cromañón, en Bartolomé Mitre 3066, barrio de Once, donde miles de personas pagaron diez pesos para presenciar un recital de la banda de rock Callejeros.

El público fue palpado y cacheado en el acceso para evitar que pudiera ingresar artículos de pirotecnia, ya que en un episodio registrado una semana antes ocurrió un principio de incendio que obligó a la evacuación del lugar y la sofocación del fuego sin que se registraran heridos.

A las 22.40 la banda comenzó con el recital. Minutos antes se había retirado del local su dueño, Omar Chabán. También, previo a la salida de los músicos, un productor del boliche pidió por altavoces a los espectadores que no encendieran bengalas y advirtió que no quería una masacre ni que sucediera lo que ocurrió en un shopping de Paraguay meses atrás.

Ni bien pisó el escenario, el líder de Callejeros, Patricio Santos Fontanet, pidió a sus simpatizantes que no arrojaran fuegos artificiales dentro del local: «¿Se van a portar bien?», preguntó, tras lo cual los espectadores gritaron que sí y el show comenzó.

En el primer tema, un grupo de seguidores encendió bengalas de colores y un artefacto pirotécnico, denominado «tres tiros», que golpearon en una lona muy fina e inflamable, denominada «media sombra», que cubría el interior del techo del local y que inmediatamente se prendió fuego.

Las lonas del techo comenzaron a caer encendidas sobre la gente que, desesperada, se dirigió en avalancha rumbo a la puerta principal y a una de emergencia, que estaba cerrada con candado. Los bomberos llegaron instantes después y abrieron la puerta de emergencia, por lo que la multitud salió del lugar.

Dentro del boliche se hallaron muertas 27 personas y las restantes 167 víctimas fatales fallecieron en la calles o en los hospitales a los que fueron derivadas. Decenas de cadáveres fueron acumulados en un playón de estacionamiento vecino, donde algunos familiares pudieron acceder para reconocerlos.

Un total de 28 bomberos y policías también sufrieron lesiones y fueron hospitalizados en el Hospital Churruca. En el boliche se hallaron los cuerpos de dos menores, entre ellos un bebé de diez meses, por lo que existen sospechas de que el baño del boliche podía funcionar como una virtual guardería.

Policías de todas las comisarías linderas, de Investigaciones y Bomberos llegaron al lugar, al igual que decenas de ambulancias del SAME y servicios médicos de emergencias privados que comenzaron a derivar a los heridos a varios hospitales públicos de la Capital Federal y a algunos centros privados.

La principal causa de muerte y heridas fue quemadura de las vías aéreas respiratorias por inhalación de gas caliente e inhalación de monóxido de carbono, dióxido de carbono y ácido cianhídrico. Una tragedia evitable que se llevó la vida de 194 personas y que cambió la historia del rock para siempre.

 

 

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