N° de Edición 6670
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Durísimo testimonio de la nieta recuperada María Victoria Moyano

Durísimo testimonio de la nieta recuperada María Victoria Moyano.

Querellante en el juicio Brigada de San Justo, la nieta recuperada Victoria Moyano, dio un testimonio contundente. Denunció los límites del juicio, que sus apropiadores no están imputados y contó la verdad del Plan Cóndor.

Parte II

“Mi nacimiento es el 25 de agosto del 78, y mi partida de nacimiento dice que intervino como obstetra Vidal, que era médico en la Brigada de San Justo. Mi familia se entera de mi nacimiento a través de los sobrevivientes. Mi madre vuelve a las ocho horas de mi nacimiento con una sábana ensangrentada, un Espadol, algodones y cuenta en detalle a sus compañeros de cautiveri, cómo era yo, cuáles eran mis rasgos, para que si lograban salir me buscaran y avisaran a sus familiares”.

Detalles del Pozo de Banfield

“Mi madre entonces se sumerge en una profunda tristeza porque le habían robado a su hija y su compañero ya no estaba con ella. Le habían prohibido darme el pecho, pero ella me lo dio igual. La hicieron llenar formularios y le dijeron que me iban a llevar a la Casa Cuna, pero eso no sucedió. Mis abuelas fueron a buscarme allí, pero se encontraron era un chico de apellido Moyano, de nombre Juan Pablo, era otro nieto restituido por Abuelas en los años 80”.

“Así me arrancaron de brazos de mi mamá y me llevaron envuelta en un gamulán. Esa misma noche ya estaba en casa de mis apropiadores. El médico Vidal firmó mi partida de nacimiento con un domicilio en Charcas al 2700 de Lomas del Mirador, la misma dirección de un agente de la Brigada de San Justo y la misma dirección que figura en la partida de mi querida amiga Paula Logares”.

“Quien certifica la firma es un agente de San Justo también, como bien consta en el juicio por Plan Sistemático de Robo de Bebés, Carlos Ferreyra, que estaba en la Brigada en ese año. Éste genocida no está imputado en este juicio cuando intervino por lo menos en la apropiación de 2 nietas. Esto es verdaderamente un escándalo”.

Victoria destaca uno de los tantos testimonios de Adriana Chamorro, quien estaba detenida junto a María Asunción en Pozo de Banfield. Esta sobreviviente que declaró que luego del parto fue un médico a darle una inyección para bajarle la fiebre que era muy alta, porque sus pechos estaban llenos de leche para alimentarla. Ese médico era de la Brigada de San Justo, y había participado de sus torturas y por eso pudo reconocerlo.

“Mi madre es trasladada el 12 de octubre del 78 y no pudimos tener ningún conocimiento de su destino hasta el día de hoy. Mis padres desarrollaron toda la persecución política juntos. Este juicio es un escándalo, no hay un solo imputado por la desaparición de mi papá, ni siquiera figura entre las víctimas. Mi padre desapareció a los 22 años sabiendo que iba a ser padre, pero no me pudo conocer”.

Los apropiadores, muchos de ellos impunes

Detalló cómo fue su apropiación y la de otras dos Nietas Restituidas y el rol de la Brigada de San Justo en estos delitos: “El comisario de San Justo Oscar Penna es quien me apropia, me regala a su hermano y su cuñada. El subcomisario de San Justo es quien apropia a Paula Logares y dos agentes de este mismo centro clandestino se apropian de María Lavalle Lemos”.

“Se pareció a un shopping donde cada uno elegía su bebé. Cuando cumplo 1 año se muere el hermano de Penna y ¿saben quién pasó a ser la figura paterna? El Comisario Penna, que estuvo libre hasta el juicio a Etchecolatz y quien además no solo no fue preso, sino que fue ascendido”.

“Ya a mis 7 años este genocida se acerca a la casa de mi abuela de crianza y le dice: ‘si preguntan por mí digan que no me ven hace dos años’. Había caído Camps. El error que cometen los Penna es que me dicen que mis padres habían muerto y luego me dicen que mi madre había muerto en el parto. Pero yo tengo muy buena memoria y no creía lo que me decían”.

“Logro restituir mi identidad en diciembre del 87. En ese momento llegan a mi casa el juez Ramos Padilla y personal del juzgado, me explican la situación y yo sabía que no iba a volver más. El 30 de diciembre me citan al juzgado y me dicen que mi familia era Moyano Artigas. Al día siguiente conozco a mis abuelas y a mi tía abuela y no puedo dejar de mencionar que allí estaba Chicha Mariani, que estuvo como siempre en momentos tan importantes y movilizantes acompañando a mis abuelas. Al otro día ya estaba viviendo con ellas”.

“Soy la nieta recuperada 53. Fue muy difícil recuperar mi identidad, poder atravesar ese proceso. Los que torturaron y desaparecieron a tus padres son los que te están criando. Pude darme cuenta de la dimensión de lo que ocurrió, que había otros niños como yo, que eran 30.000 y que era una dictadura. La restitución de la identidad es tan importante como complicada cuando sabés que toda tu vida y a tan corta edad te estuvieron mintiendo. Pero cambió cuando finalmente fui comprendiendo las cuestiones históricas y políticas. Es reconstruir tu historia”.

“Mi abuela más allá de lo personal me explicó siempre su militancia, por qué sociedad luchaban. Eso fue y es un enorme orgullo para mí. El no sentirse abandonado, saber que mis abuelas me habían buscado todo ese tiempo, me hizo quererlas de inmediato. Mis abuelas no solo fueron a buscarme a la Casa Cuna, iban a las comisarías, iban donde estaban los secuestradores, hacían denuncias en comisarías, presentaron hábeas corpus, hicieron denuncias internacionales ante la ONU, la OEA, en la Cruz Roja, en Amnesty Internacional, siendo que provenían de una familia obrera, muy humilde, pero no pararon, todo ese enorme esfuerzo que hicieron por encontrarme. Ellas fueron parte de Abuelas, de Familiares de Detenidos Políticos en Uruguay. Pudieron encontrarme a mí, pero no a sus hijos, una cosa no sustituye a la otra”.

“En una de las ’visitas’ mi tío menor que tenía 12 años fue abusado sexualmente, Dardo Artigas. Encontré una familia destruida pero muy militante. Ellos me enseñaron eso, a luchar”.

Al Poder Judicial: “no queremos impunidad”

Ya en el cierre de su declaración, Victoria enfatizó en la fragmentación de los juicios, y que de esta manera se les garantizó la impunidad a los genocidas. “Quiero decir que a nosotros, las víctimas, nos ha tocado venir a declarar sistemáticamente en estos juicios tan limitados. Los datos los tenemos que aportar nosotros, investigar, hablar con los testigos, cuando es el Estado el que tiene que hacerlo”.

“La Brigada de San Justo no era un centro clandestino de registro, hay documentación que demuestra que actuó como parte del Plan Cóndor. No era sólo la Triple A, fue el Estado, un gobierno constitucional el que colaboró con las dictaduras vecinas, no se trataba de fuerzas que se manejaban en la clandestinidad”.

“Isabel Martínez de Perón es responsable con todos sus funcionarios, pero no sólo el Poder Ejecutivo, sino también los jueces. La Justicia que blanqueó los secuestros, las torturas, todo fue blanqueado con la ley Antisubversiva del año 74. Acá debería estar sentada la presidenta de ese gobierno y todos sus funcionarios que fueron partícipes del genocidio. Es gravísimo que en este juicio se separe San Justo, Quilmes y Banfield, que las nietas no tengamos un solo imputado por nuestra apropiación. En estas condiciones no hay posibilidad de llegar a un mínimo de verdad”.

“No hay uno solo de estos genocidas de San Justo imputado ni encarcelado por mi apropiación, ni por María José Lemos, ni por Paula Logares, ni por el caso de mi papá. No puede existir semejante impunidad, ni por nosotros ni por todos los compañeros y compañeras que pasaron por ahí. Por eso me tomé el trabajo de investigar y aportar todo esto que debería haberlo hecho el Estado. Yo soy de las que reivindica a los 30.000 y quizás son más, acá hubo un genocidio y ustedes tienen que considerarlo así”.

Y continuó: “La dictadura quiso romper los hilos de continuidad pero no pudo. Esto se expresa en la lucha de mi abuela, mi mamá, mi hija y yo. Siento un enorme reconocimiento y agradezco la lealtad de los ex detenidos que declaran una y otra vez y se someten al dolor en cada uno de sus relatos. La violencia sexual que vivían las detenidas tampoco logró impedir que hoy tengamos jóvenes mujeres que luchan por sus derechos, por cambiar la sociedad”.

“También quiero agradecer especialmente a mis compañeros de lucha Nora Cortiñas, a mi compañero Jorge Sobrado, ex detenido desaparecido que siguió de pie luchando, a mi compañero José Montes del Astillero Rio Santiago que ya en los 70 luchaba junto a sus compañeros y lo sigue haciendo hoy. Por ellos y todos los que luchan siento un gran orgullo”.

Sus palabras finales fueron: “Finalmente quiero decirle al Tribunal que si ustedes no investigan, no juzgan, dejan la impunidad que estamos viviendo todos los días en una escalada de violencia política que va creciendo, basta nombrar los ejemplos de Corina, la docente torturada en Moreno, las amenazas a mis compañeros Nicolás Del Caño y Myriam Bregman con fotos de Videla”.

“La impunidad genera que un sector envalentonado opine que puede poner una foto de Videla como un ícono. Nosotros estamos acá por el juicio y castigo y no podemos permitir que los genocidas queden impunes. Si esto sucede tiene consecuencias en la actualidad. Esto es muy peligroso y ustedes tienen que considerarlo. La impunidad tiene grandes consecuencias en el presente”.

Así terminó su declaración, con la emoción, el aplauso y agradecimiento de todos los que allí estaban y todos los que luchan por el juicio y castigo para todos los genocidas. El grito de “¡30 mil compañeros y compañeras detenidos desaparecidos presentes!” colmó la Sala.

 

 

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