N° de Edición 7068
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Dengue, la epidemia de la que nadie habla

Dengue

Sólo en un mes, los casos confirmados en Argentina aumentaron en más de un 700%. Ya son más de 12.000. En lo que va del 2020, se registró un número superior a los dos años previos. Relato en primera persona de un enfermo de dengue en medio de la pandemia por el Coronavirus.

Por Mauricio Irigoyen*
Escritura Crónica

Es domingo a la noche. Siento el cuerpo débil y decido dejar para mañana algo pendiente de mi trabajo. Total, estamos en medio de una cuarentena mundial y siento que al día siguiente voy a tener todo el tiempo del mundo.

En Argentina, rige desde el 20 de marzo, el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, decretado por el presidente Alberto Fernández, para hacer frente al temido Covid-19, que viene haciendo de las suyas en Europa y otras partes del mundo. Calles desoladas, plazas desiertas y locales cerrados son las fotos recurrentes de los países en cuarentena.

Pasan las horas y el dolor en mi cuerpo se acrecienta. Tanto que para la medianoche ya tengo 39.8 de fiebre y comienzo a tener alucinaciones: veo animales en medio de una París desolada, gris y triste.

Es lunes y la fiebre no cesa. Mi temor por tener coronavirus crece. Mi obra social me ofrece servicio de médico a domicilio. Llamo y en algunas horas, llega una doctora en borcegos y con su ropa cubierta de pies a cabeza como si fuera una médica de campaña con un mameluco llamado Tivek, que se introduce por los pies y llega hasta la cabeza con una capucha. En los primeros días del cuadro, no tuve otros síntomas más que fiebre extremadamente alta. Por lo cual, el médico que ya había venido el día anterior y ella me indican que debo aguardar más horas para tener un diagnóstico certero y determinar a ciencia cierta de qué se trata. Hay que prevenir, bajo toda circunstancia, la sospecha de que sea Coronavirus.

Al tercer día de fiebre, dolorosamente constante, una médica por videollamada –la nueva opción que ofrecen las obras sociales en tiempos de cuarentena- me dice que, por el fuerte dolor detrás de los ojos, el dolor de estómago, la temperatura altísima y la falta de contacto con alguna persona que estuvo en el exterior, descarta el COVID-19, para darle lugar a la epidemia de la que nadie habla: EL DENGUE.

Me hace una autorización para sacarme sangre y ese es, para mí, un boleto de ida a conocer de lleno la enfermedad.

El dengue es una enfermedad viral causada por mosquitos hembra, llamados Aedes aegypti, que viven en nuestras casas y alrededores, y al picarte generan los siguientes síntomas: fiebre alta, náuseas y vómitos, erupción en la piel, sangre en las encías y en la nariz, debilidad general, dolor muscular y articular, tos y dolor de garganta. También transmiten la fiebre chikungunya, la fiebre amarilla y la infección por el virus de Zika.

Existen cuatro serotipos distintos, pero estrechamente emparentados: DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4. Cuando una persona se recupera de la infección, adquiere inmunidad de por vida contra el serotipo que tuvo. Sin embargo, si uno se llegara a infectar con un serotipo distinto al que lo picó, luego podría aumentar el riesgo de padecer dengue grave. Por eso, la prevención resulta esencial: mantener las superficies libres de lugares donde el mosquito pueda depositar sus huevos; limpiar y vaciar los recipientes con agua para el uso doméstico; fumigar zonas afectadas; utilizar mosquiteros en las ventanas y usar ropa de manga larga.

En el silencio total, todo se vuelve negro. Las voces de mi papá y de mi mamá, con quienes paso la cuarentena, me llaman para volver a la mesa donde estamos almorzando, retumban en mis oídos. Despierto de un estado de convalecencia en el  parece que entré hace 8 minutos. Más tarde, en la ambulancia, entendería que me desmayé por un pico ininterrumpido de fiebre. Voy por el cuarto día.

La OMS informa en su web oficial que antes de 1970, solo nueve países habían sufrido epidemias de dengue grave. Ahora, la enfermedad es endémica en más de 100 países de las regiones de África, América, Mediterráneo Oriental, Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental.

El dengue grave (conocido también como dengue hemorrágico) fue identificado por primera vez en los años cincuenta, durante una epidemia de la enfermedad en Filipinas y Tailandia. Hoy en día, afecta a la mayor parte de los países de Asia y América Latina y se ha convertido en una de las causas principales de hospitalización y muerte en los niñes y gente adulta de dichas regiones.

En mi barrio el dengue es cosa seria. Vivo en Ramos Mejía, partido de La Matanza, uno de los más densamente poblados del conurbano.

Sólo en 30 días los casos confirmados de dengue aumentaron en más de un 700 por ciento. Los primeros meses de 2020, se registró un número de notificaciones muy superior a los dos años previos. Si bien los registros oficiales dicen que hubo más de 12.000 casos en Argentina en el último mes, más de 39.500 casos por sospecha de dengue en los últimos 8 meses, la mayoría autóctonos (sin antecedentes de viajes) y 10 personas fallecidas. Con solo recorrer las guardias durante esta semana, terminé por considerar que están repletas de gente con dengue.

A falta de datos concretos, cuando consulté para realizarme el examen de dengue para conocer la cepa que me picó, los médicos de las dos clínicas donde me atendí me informaron que no hay suficientes reactivos, y que se los están realizando solamente a la gente que queda internada. Por eso, al consultar si la enfermedad quedaría registrada en alguna base de datos de la clínica para luego relevarla al Municipio para que pusiera cartas sobre el asunto, los especialistas me informaron que, si no se realiza el examen correspondiente, el diagnóstico del paciente es `posible caso de Dengue´.

No conforme con la respuesta de los médicos clínicos, decidí consultar con una especialista acerca de la serología del virus y el examen que permite conocer la cepa del mosquito que me picó. La infectóloga Analía Giordano me confirmó que “la cantidad de análisis que se están realizando en el país no es suficiente para diagnosticar a todos los pacientes, por eso es que se les da prioridad a las personas que están internadas. Sin embargo, las obras sociales y prepagas están haciendo algunas excepciones y, con paciencia y tiempo, podés conseguir que te realicen el test”.

Además, en referencia a los casos que se atienden a diario en el país, Giordano afirmó: “Hasta hace poco, en Argentina solo teníamos los serotipos 1 y 2, pero desafortunadamente, ya estamos atendiendo casos de personas que presentan picaduras de mosquitos del serotipo 4. Es importante que, si te realizaron el test y te dio positivo, o si fuiste diagnosticado como posible caso de Dengue (porque no tuviste la oportunidad de que te realizaran el examen), te cuides de por vida con repelentes y ropa adecuada para evitar contraer otra cepa de la que te picó y que se complique el cuadro”.

El jueves, cuarto día, fue el peor. Al volver de la guardia, la fiebre no bajó en toda la jornada, a pesar de los 5 baños de agua fría que me di a lo largo de la tarde noche. Aguanté con lo que me quedaba de energía, no había otra manera de sobrellevarlo. No se puede tomar ningún medicamento, salvo Paracetamol para bajar la fiebre, ya que pueden generar hemorragia.

Al día siguiente, bajó la fiebre y con ella vino el entumecimiento de manos y de pies. Extremidades hinchadas, picazón desesperada en el cuerpo y un dolor extremo en las articulaciones son los síntomas que aparecen después de la fiebre.

Afortunadamente, no hubo hemorragia entre los síntomas, por eso no hubo necesidad de internación. Solo restan unos días de cuidado para que bajen las enzimas (producto de la inflamación del hígado producida por el virus), que el cuerpo descanse para que recupere las energías y, de a poco, comenzar a hacer vida normal en el Aislamiento Preventivo y Obligatorio decretado por el Gobierno Nacional en medio de la pandemia que interesa y conmueve al mundo entero. Mientras tanto, intento aguantar la picazón del cuerpo y termino este relato con el fin de hablar de esta epidemia silenciosa.

*Mauricio Irigoyen  nació en Buenos Aires. Es autor del libro Sueños en Acción y Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Matanza. Es el creador del blog Relatos en Mochila, donde comparte historias de sus viajes que van desde pueblos de Buenos Aires, hasta crónicas de la India. También es uno de los fundadores de la red de medios independientes digitales, Nativa.

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