N° de Edición 7324
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“Como sociedad tenemos que aceptar que la cárcel es parte de la sociedad”

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“Como sociedad tenemos que aceptar que la cárcel es parte de la sociedad”

Es común entender que la gente privada de libertad no son parte de la sociedad, es por eso que Diario NCO, hablo con Carolina Ianuzzi, directora teatral, escritora y docente.

ALEJANDRA LAJAS

Carolina, trabajo en varios penales dando taller de teatro y quien puede constar como es la vida en esos lugares, como trabajan con estas personas y cuáles son las expectativas.

Carolina Ianuzzi nació en Buenos Aires un 31 de mayo de 1983 y se crio en Saavedra. Estudió en varios talleres de teatro, pero quien influyó en su formación fue Mariana Villani, experta en teatro del oprimido. (basado en la Pedagogía del oprimido, de Freire).

 Caro ¿Por qué elegiste la carrera de teatro?

“Porque quería ser actriz”.

¿Cómo llegaste a dar talleres en las cárceles? ¿fue algo que surgió o elegiste? y ¿por qué?

“Fue en el año 2008, yo estaba en una compañía teatral, donde intentábamos hacer teatro del oprimido, aún no había tenido la capacitación de Mariana Villani, las capacitaciones fueron varias.

Los libros de Boal no estaban en país editado en castellano, y habíamos conseguido un ejemplar en portugués y tuvimos que buscar a alguien que nos tradujera esta edición en portugués.

Nos juntábamos y tratábamos de hacer los ejercicios, me rio porque era todo muy complicado, ahí planteados y de esa manera, todavía las redes sociales era algo muy nuevo y no las usábamos.

Alguno que otros las usaban, pero no eran el fenómeno que es hoy, y de alguna manera, no recuerdo cual, nos enteramos que había otras compañías de teatro que hacían lo mismo que nosotros.

Quizás con más o menos recursos, pero que también se juntaban a tratar de hacer teatro del oprimido cuando no estaban los libros de Boal el país, o si los había, no era para ir alguna biblioteca o comprarlos.

Así que armamos una pequeña red, de esta manera llegamos a la profe Mariana Villani, ella se había capacitado en la India entre otros lugares, Villani es de Puerto Madryn y empezó a dar cursos recorriendo el país.

De esta manera llegó a mí. Una de estas compañías trabajaba con un grupo de hombres privados de su libertad que estaban alojados en la Unidad 19 de Ezeiza que tenían permiso de salir a transitoria.

Esta Unidad es de pre egreso, son como unas casitas, no son pabellones, y podían venir al taller. El taller lo hacíamos en la iglesia de La Santa Cruz. Esta compañía en verano se tomaba vaciones y los muchachos no querían perder la transitoria.

Así es que la compañía donde estaba fue a reemplazarlos, este fue mi primer acercamiento, no fue en la cárcel, sino con personas privadas de su libertad, fue una experiencia que disfruté muchísimo, y quise continuarla.

Y la continué; estaba con una colega y amiga, trabajando en CABA, en el barrio de San Isidro, donde había un cura que nos contó que se estaba construyendo un penal en el Partido de San Martin.

Le conté mi experiencia previa, y le pedí si podíamos coordinar un taller de teatro para las mujeres y hombres ahí alojados, en ese tiempo era mixta la unidad. Son 3 las unidades, la 46, 47 y 48, pero este cura tenia llegada solo con la 46.

Empezamos solo con mujeres hasta que insistí y empecé a trabajar como voluntaria en la Unidad 46 de San Martin (2009-2010) y a partir del 2011 me dejaron hacer el taller mixto y se formó la compañía teatral Luces Libres.

Esta compañía se sostuvo por muchísimo tiempo, teniendo en cuenta que los tiempos carcelarios no son iguales a los nuestros, porque implica que no siempre está la misma gente por traslados, libertades o por nuevas llegadas.

En un momento, económicamente no pude continuar con mi compromiso, pero había una persona, Francisco Javier, quien se ocupaba en verano de coordinar los talleres lo fui preparando justamente para que me reemplace.

Pero era muy lindo, ya que iba antes de empezar en marzo para ver lo que habían hecho durante el verano en una muestra teatral y después retomaba, pero cuando no pude sostenerlo económicamente, el taller quedó en manos de Francisco Javier.

Pero yo iba cuando podía con la intención de orientarlos un poco en donde hacía falta, pero la verdad terminaba yendo como espectadora o a participar porque era divertido y lo tenían todo bajo control.

Luego hubo un cambio de autoridades en la Unidad, y a las mujeres la trasladaron a la U.47 y la U.46 la hicieron exclusivamente masculina y a Francisco Javier lo trasladaron a la U.48.

Que no estuvo tan mal, porqué, si bien no pudo seguir con teatro, sí pudo seguir una carrera universitaria, yo ya lo había conocido cuando cursaba la primaria y me había pedido que le entregue el diploma, algo que fue muy emotivo, siguió con la secundaria y hoy en día es un estudiante de sociología.

¿Por qué? Puedo dar razones re nobles reivindicando por qué lo hice y por qué lo hago, pero fue puro instinto. En el momento en el que respondí el mail diciendo «nosotros podemos reemplazarlos en el verano», sin siquiera consultarlo con el resto de la compañía, fue un impulso.

No quería que otra compañía respondiera primero, quería hacerlo yo. Todavía no sabía por qué. Hoy, 13 años después, tengo alguna idea, pero no fue lo que me llevó a hacerlo en un principio. O sí y no lo sabía”.

Explicanos cómo funciona. Tengamos en cuenta que, cuando vemos una película solo muestran: el patio, con herramientas de gym, el comedor y los baños, todos lugares donde se dan peleas, pero no espacios donde puedan realizar otras tareas.

“Las ficciones hicieron mucho daño a la realidad carcelaria. Recuerdo que una vez me pidieron para una revista una nota sobre “El Marginal”, pero yo nunca vi El Marginal ni tampoco ficciones carcelarias porque me enoja y me hago malasangre.

Entonces les sugerí entrevistar yo a los muchachos a ver que tienen ellos para decir, por otro lado, veo algún capitulo como para agregar mi opinión. Pero me acuerdo que esa serie generaba una cosa problemas.

Porque, ponele que la serie la daban los martes, y me contaban los muchachos que apenas terminaba empezaban a sonar los teléfonos porque los familiares habían visto el capítulo y empezaron todos a perseguirse.

Es muy difícil no entrar en pánico, que por más que sea una ficción, y si mal no recuerdo estaba hecha en un penal en desuso, es decir buscaban cierto realismo, no es que montaron un estudio y nada más.

Entonces generaba eso en los espectadores y era realmente un problema. Porque era: “No ma, te juro que estoy bien ma”. Una de las conclusiones que me había gustado es que uno de los actores dijo:

“Es que tiene que hacer eso en las ficciones carcelarias tienen que mostrar lo peor, tienen que mostrar la violencia, porque nadie miraría una serie de televisión que sea nosotros tomando mate, no tendrían rating”.

Si, los lugares no son mucho más que eso, en eso es muy fe de digno lo que expones, más que un gimnasio es el zoom que se usa como salón de visitas, depende de la distribución de la cárcel.

La cárcel de Devoto es muy vieja y se va agiornando a los tiempos, pero se cae a pedazos, Olmos todavía tiene el ojo del panóptico, debería ser más un museo que una cárcel.

Se va haciendo lugar como se puede, pero la verdad que como institución quedó estancada en el tiempo. La cárcel como institución es medieval, literalmente he dado clases en celdas.

Era despejar las celdas para poder hacer el taller típico, entre los tantos ejercicios, comenzamos a caminar por el espacio y ¡qué espacio!, no hay lugar, a duras penas entramos parados.

Mi experiencia por zoom, dependiente de quien este de director, de las voluntades, depende si es una dependencia federal, en fin, si bien la bonaerense por un lado es más sanguinaria me dejaban sacar un permiso para entrar una cámara de fotos.

La federal, no me dejaba eso bajo ningún orden de cosas, pero a la vez la federal por ley tiene que tener primaria y secundaria, (en realidad todo el país debe tener estos estudios).

Como país somos de vanguardia porque fuimos uno de los primeros que tenemos universidades, (extensiones). Por ejemplo, en Devoto esta la extensión de la UBA, en la de San Martin esta la CUSAM, tengo entendido que hay un par más.

No hay muchos, pero bueno nos tenemos que acomodar como se pueda, yo ahora tengo dos grupos, uno es de egreso, tiene libre circulación hasta un determinado horario.

Pero hay diferentes dinámicas en un mismo penal, puede que aquellos que tienen libre circulación pueden bajar a la madrugada a estudiar si tienen un parcial al día siguiente, por ejemplo.

Donde voy, tengo el zoom para trabajar, que como espacio está buenísimo porque nos podemos desplazar, porque es bastante luminoso, en las cárceles no hay nada de luz, es como un tema así, que no ven el sol y se quedan como girasoles…

Y en invierno es un frio que te morís, entonces como la cocina es de tipo industrial, terminas haciendo el taller ahí para poder prender el horno y no pasar tanto frio. La biblioteca es un chiste, es un cuadradito con dos o tres estantes y tres Anteojitos.

Pero después de trabajar en la bonaerense que daba clases en la celda, Devoto me parecía como estar en un estudio de Hollywood, más o menos (ríe). El espacio no es tan distinto a lo que narra la ficción.

A los patios no puedo salir, en Devoto hay más o menos una población de 2000 hombres alojados y no pueden cruzarse y si bien hay varios patios, suelen estar ocupados.

Por otro lado, tampoco me conviene porque genera distracción ya que dan al patio ventanas donde y se las pasan gritando o chiflando y no logro que se concentren en el texto.

Pero también siempre dejo para lo último el entrenamiento vocal y a veces no se escucha u otros que son más tímidos hablan para dentro por eso no me conviene los espacios abiertos”.

¿Cómo tomaron las personas estos talleres? y ¿qué te decían allegados, colegas etc. sobre tu decisión?

“Como cualquier otra persona que se suma a un taller de teatro comunitario. Algunas personas son más desinhibidas por su propia personalidad que otras y eso se trabaja.

Quienes tienen mucha necesidad de protagonismo se les da, mientras te enfocas en ayudarla a trabajar en equipo. Los más vergonzosos participan a discreción, a medida que se van animando a actuar.

Gran parte del taller está dedicado a esto último. A quienes no se animan a actuar no se los exijo, pero sí les pido que participen en los ejercicios grupales que no incluyan escenas.

En la cárcel hay cursos y capacitaciones que le dan puntaje en la conducta a la persona privada de su libertad. El mío no, por lo tanto, me beneficia, me hace «un filtro» de quienes realmente quieren estar ahí. Quienes se acercan y mínimamente no hacen silencio no suelen durar ni una jornada.

Mis colegas en general lo encontraron apasionante. Mis amistades lo tomaron muy bien, ya que varios tienen o tuvieron (o estuvieron) privados de su libertad, y lo ven como un aporte importante. Mis viejos se querían matar…(ríe)”.

¿Te ha sido difícil llegar a ellos?

“En general no. Hay buena predisposición y a mí me gusta mucho mi trabajo, así que esas 2 cosas facilitan el clima creativo, pero, algo que tomo casi como un triunfo fue el hecho de que a algunos participantes no les haya caído bien mi persona y no obstante siguieran adelante con la actividad.

Me parece un discernimiento excelente, que habla muy bien del estudiante que tiene una intención genuina de capacitarse más allá de quién sea el/la coordinador/a”.

¿Has tenido dificultades con algunos de ellos?

“Ninguna dificultad que no haya tenido con estudiantes de talleres de teatro comunitario en el medio libre”.

¿Te iniciaste como escritora por el libro que tenes realizado (Crónicas tumberas) por tu trabajo en las cárceles, o has hecho otros libros con otras temáticas? ¿cuáles?

“Crónicas Tumberas fue mi primer libro publicado. Teatro escribo siempre. También publicaron un artículo que escribí para el libro «Seguridad pública, violencias y sistema penal», compilado por Silvana Garbi y Daniela Soldini, editado por Tren en movimiento.

Surgió después de un evento en la UNSaM organizado por CEPOC.

También publicaron un artículo que escribí en el libro «Teatro y cárcel. Reflexiones, paradojas y testimonios», editado por Cuarto propio y compilado por la organización CoArtRe, después del Primer Simposio de Teatro y Prisión, en Santiago de Chile”.

Tengo entendido que tenes una compañía de teatro, ¿has llevado tus obras a otras instituciones?

“No es una compañía. Tengo 2 unipersonales (Amante Pueblo y Evita Tumbera) con los que tuve la fortuna de recorrer el país”

¿Qué obras realizaron y como se sienten el grupo al finalizar cada función?

“A Evita Tumbera nunca la llevé a la cárcel. Es un unipersonal en primera persona en el que cuento anécdotas «cómicas» que viví trabajando en la cárcel. A Amante Pueblo sí la llevé al penal de Ezeiza.

Era un monólogo de humor político que quedó obsoleto después de las elecciones del 2015. Ah, también lo hice en la cárcel de San Martín

Me sentía bien, no sé qué decirte. Me gusta más cuando actúan mis estudiantes. Me encanta ser parte de eso. Del cagazo previo y la euforia posterior. Ver los cambios en las miradas después de actuar.

Esas miradas que no están en dónde están enfocando, que están mirando para adentro, procesando que eran capaces de hacer eso, de contar, de hacer reír sin ser la razón de la burla.

Escuchar de refilón cómo se dan indicaciones entre ellos: «Acordate que te tengo que dar el pie antes de que vos digas esto… (señalando el guion) que en los ensayos siempre me pisabas!»

Cuando oigo gente en cana usando términos teatrales así de precisos, siento que somos los vencedores. Que de la libertad de expresión no se está privado. Y si no vencimos nada no importa, yo me llevé los mejores abrazos”.

¿Qué reflexión te deja esta experiencia y que quieras compartir con los lectores?

“Mi reflexión la oriento más a los lectores y lectoras. Se dice normalmente que una persona que estuvo privada de su libertad tiene que reinsertarse en la sociedad como si el tiempo que estuvo presa no estuvo en la sociedad.

Entonces me parece que como sociedad en su totalidad tenemos que aceptar que la cárcel es parte de la sociedad y que sí nos puede tocar, nos puede pasar. Venimos de un país y de una región ya refiriéndome a la patria grande donde hubo dictaduras sistemáticamente.

Donde tampoco tenemos un sistema judicial aceitadito, que funciona perfecto, así que no es cuestión de portarse bien. Creo que como sociedad nos tenemos que hacer cargo de eso; la cárcel forma parte de la sociedad.

Así como las escuelas forman parte de la sociedad, como las organizaciones políticas, como las mamis del jardín forman parte de la sociedad, las cárceles también.

Decir que una persona debe reinsertarse en la sociedad es un engaño gramatical, porque por lo general las que termina presos no son las personas que delinquen solamente, son las personas que delinquen y que son parte de una determinada clase social más desfavorecidas que otra.

Yo tuve, en 13 años, a una estudiante que era abogada que era una señora de clase media y tuve a un estudiante de clase alta que pertenecía, por el lado materno a una de las familias dueñas del país.

El resto de la horda de estudiantes que tuve eran pobres, ahí hay una elección, una determinación, una política que está tomando esa decisión respecto de quien cae preso y quién no.

Tenemos que crecer como sociedad, madurar, evolucionar y una de esas es dejar de lados los prejuicios, empezar a comprender que las cárceles forman parte de la sociedad.

Porque capaz que una ricachona tiene una empleada doméstica y esta tiene al marido en cana, ahí ya tenes solo una persona entre el medio de la cárcel y vos, esta implementado de que la cárcel esta apartada, y esto se da en casi todo el mundo.

Es importante que la gente se informe de fuentes fe de dignas cuando pasa algo puntual por ejemplo Crónica tumberas, Yo no fui, CEPOC, es decir informarnos de fuentes de los que estamos en el baile, porque los medios hegemónicos hacen de las suyas y la información es cualquier cosa”.

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