N° de Edición 6753
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Biografía del eterno conductor político de La Matanza

Biografía del eterno conductor político de La Matanza.

Alberto Edgardo Balestrini nació en Capital Federal el 9 de marzo de 1947. Estudió la carrera de magisterio y se graduó de maestro en el Instituto Padre Elizalde de Ciudadela, municipio de Tres de Febrero.

Comenzó a militar a principios de los ‘70, en el Centro de Estudiantes de la Universidad de El Salvador, de donde en 1975 egresó con el título de abogado, la misma profesión que Álvaro, su hermano diez años menor que también es jurista y que además fue durante el período 2005/2008 presidente del Club Atlético Vélez Sarsfield, una pasión compartida por ambos hermanos, aunque el padre era de San Lorenzo

De todos modos, las preferencias futbolísticas son un dato menor si se quiere, una pequeña confrontación que no se repitió en el campo de la política, ya que don Alberto Juan Balestrini fue un militar peronista que fue forzado por la Revolución Libertadora a retirarse de la carrera con el grado de Mayor, hecho ocurrido en noviembre de 1955.

También se afirma que en 1975 junto a Raúl Othacehé (exintendente de Merlo) y Luis Cigogna, (amigo y exdiputado nacional) entre otros abogados, fundaron la denominada Asociación de Abogados Peronistas de la Zona Oeste, con el objetivo de defender a las entidades de Derechos Humanos.

Casado en segundas nupcias con María del Carmen Cardo, Alberto Balestrini tenía seis hijos, tres de su primer matrimonio, dos de su esposa que adoptó como propios y un sexto con María del Carmen. Además tuvo diez nietos.

Su bautismo fue junto al Padre Mujica

Según se dice, en los años ‘70 era un joven estudiante de clase media acomodada, que vestía mocasines caros y ropa fina -gusto que mantuvo siempre-, aunque en esa época, como una rara paradoja, colaboraba con el trabajo social que llevaba a cabo el padre Carlos Mujica, aquel sacerdote tercermundista asesinado en 1974 por la Triple A.

Otra de sus costumbres por aquellos tiempos era encender alguno de los varios cigarros puros que fumaba por día y entre sus preferencias siempre estuvo escuchar tangos y música clásica, que lo han acompañado permanentemente en el reproductor de su auto. “Escuchar música ayuda a distenderme” solía explicar cuando en off tenía esas cortas pero enriquecedoras charlas con los periodistas locales a quienes siempre consideró de una manera especial, más allá del cargo que ostentara en cualquiera de los momentos de su vida política y muy a pesar de su bajo perfil, ya que era bastante reacio al contacto con los periodistas.

Retomando su itinerario y ya en democracia, Alberto Balestrini reapareció con Antonio Cafiero en el MUSO, antecedente de la Renovación Peronista que se gestaría en 1984 para metabolizar la derrota a manos del radicalismo y superar la etapa de la ortodoxia. Pero como nada es de un día para el otro, y en La Matanza el que mandaba era Federico Pedro Russo, alineado a esa línea de conducción, Balestrini se mantuvo en la periferia del poder matancero y hasta 1989, cuando, junto con la elección de Carlos Menem, el poder territorial pasó a manos del nuevo presidente de la Cámara de Diputados, Alberto Pierri.

Alberto Balestrini iba a ser secretario parlamentario, pero la necesidad de equilibrar las cargas en la interna del PJ derivaron que durante los primeros dos años de gestión de Alberto Pierri en el Congreso Nacional, fuera designado y ocupara el cargo de secretario administrativo, que no era otra cosa que tener el manejo de los fondos de la Cámara, ni más ni menos…“Tengo respeto por su formación intelectual y deposité en él una gran confianza. Alberto (Balestrini) era el encargado de manejar el presupuesto”, dijo Pierri en su momento, desterrando especulaciones sobre la versión que decía que la divisoria de aguas políticas los había distanciado. “Yo lo quiero mucho, es mi amigo”, agregó Pierri, en sintonía con lo que declaró el propio Balestrini en el libro de la periodista María O’Donnell, “El Aparato”: “Con el Muñeco (apodo de Pierri) nunca nos peleamos personalmente, solo políticamente. Respetamos los códigos, ni yo lo agravié a él ni él a mí” dijo alguna vez.

Después de transitar dos años por la Cámara baja, Alberto Balestrini pretendía tener vuelo propio y por eso movió todas sus fichas para ser elegido diputado nacional en las elecciones de 1991. Luego hizo lo necesario para presidir las comisiones de Juicio Político y la de Seguimiento de la Reforma Tributaria y Previsional.

Mesa chica para la reforma constitucional

Nominado como convencional constituyente para la reforma que habilitó la reelección de Carlos Menem, de su paso por Santa Fe le quedaron varios recuerdos. Uno de ellos fue haber sido integrante de la mesa chica que negoció la letra fina de la reforma con los radicales, comandados por el expresidente Raúl Alfonsín. A partir de esa circunstancia, pese a las diferencias políticas, mantuvo hasta el fallecimiento del líder radical un gran respeto y prueba de ello fue que el 1 de abril de 2009 concurrió al velatorio del reconocido dirigente.

Lo concreto fue que Pacto de Olivos mediante, Carlos Menem consiguió consumar la Reforma Constitucional que le aseguraría un segundo mandato, circunstancia que enemistaría al riojano con Eduardo Duhalde y paralelamente el convencional Alberto Balestrini, fue designado vicepresidente de la vital Comisión del Núcleo, encargada de incluir en la Carta Magna esa letra chica del acuerdo Menem-Alfonsín.

Al calor de la puja interna, en 1995 no pudo renovar su mandato como diputado nacional y tuvo que recalar en el Senado bonaerense, donde se ve que esa era parte de su sino, puesto que 15 años más tarde, al ser electo vicegobernador, regresaría como presidente de esa Cámara alta provincial.

Desde su banca siguió construyendo poder territorial mientras monitoreaba la interna, que se movía al ritmo del enfrentamiento entre Menem y Duhalde.

Por esos tiempos, Balestrini también conformó con Julio Alak, otrora intendente de La Plata y Juan José Álvarez, exjefe comunal de Hurlingham, un trío al que algunos calificaban como “los Tres Mosqueteros”, que según se decía, buscaban posicionarse como dirigentes jóvenes y con futuro dentro del peronismo.

Balestrini siguió escalando dentro del Partido Justicialista de la mano de Alberto Pierri. Sin embargo, cuando este último apoyó las aspiraciones reeleccionistas de Carlos Menem en contra de Eduardo Duhalde en el ‘99, Balestrini se alió al hombre de Lomas de Zamora y derrotó en la interna justicialista al por aquel entonces intendente de La Matanza y delfín de Alberto Pierri, Héctor Carlos Cozzi.

Posteriormente, la administración de Cozzi se vio involucrada en una serie de actos de corrupción y su intendencia terminó en junio de 1999 con una suspensión de seis meses en el cargo, por lo que debió ser sustituido por el concejal peronista y presidente del HCD, Francisco Di Leva, que fue quien culminó el mandato.

Por primera vez en la historia del partido, el justicialismo veía en peligro su continuidad en la jefatura del ejecutivo de La Matanza, y para hacer frente a los vientos de cambio que parecía traer la Alianza, Eduardo Duhalde consideró que la valía de Balestrini reunía varias condiciones: tenía el poder distrital, conocía los vericuetos de La Matanza, poseía un récord impecable en la administración pública y, sobre todo, era “un dirigente sin prontuario”, como admitió el propio expresidente a la salida de la charla de la que el matancero apareció ungido candidato a mandamás municipal.

Electo intendente de La Matanza

Se dice que existen dos verdades, la que se comenta que es y la que se puede probar… Y la que realmente vale es la segunda. Esto viene a cuento porque todavía conviven con nosotros varios comentarios insidiosos imposibles de corroborar de cómo fue en La Matanza la resolución de las elecciones ocurridas el 24 de octubre de 1999. La versión más fidedigna dice que en esa jornada en que también se llevaron a cabo las elecciones nacionales, Lidia Raquel Satragno (Pinky) -candidata de la Alianza- se basó en los boca de urna teniendo sólo en cuenta los primeros votos escrutados en las localidades céntricas del distrito y valentonada por sus allegados más cercanos, optó por autoproclamarse ganadora, iniciando un ruidoso festejo en los alrededores de la Plaza General San Martín, corazón del centro de San Justo y de La Matanza.

Ese paso en falso de la conductora quedó para la historia de la televisión, dado que -inexperta en política- salió por varios medios televisivos proclamando su victoria en “mi Matanza” como solía decir. Balestrini en cambio, que conocía muy bien el paño, sonrió y pidió esperar los datos de “La Matanza profunda”, ya que sabía que los votos del sur del municipio iban a volcar la elección, cosa que finalmente ocurrió y que no sólo le dieron la intendencia a él, sino también el plus que necesitaba Carlos Ruckauf para ganarle a Graciela Fernández Meijide la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

El resultado final fue de 41% para el peronismo, y 39% para la Alianza, sobre un 86% de participación respecto del padrón. Fue el momento en que más cerca estuvo el justicialismo de perder la conducción de la intendencia matancera. Las otras expresiones partidarias hicieron una muy mala performance, quedando por detrás del porcentaje del voto en blanco que fue del 9%.

“Con Alberto Balestrini (La) Matanza será mejor” fue el eslogan que los publicistas eligieron para encarar la campaña… En cambio “Bienvenidos al Hambre – La Matanza – Pinky la Solución” decía uno de los carteles proselitistas del sector encabezado por Pinky que cruzaba de punta a punta la Ruta 3 a la altura de la rotonda de San Justo. De alguna manera -aunque exagerado- el dato contaba con un pequeño dejo de verdad, ya que eran tiempos muy duros para todo el país, pero Balestrini se valió de esa frase para exacerbar el sentimiento peronista de los matanceros y con su habitual picardía dio vuelta el discurso para remarcar un supuesto costado discriminador hacia los pobres por parte de la candidata radical.

Alberto Balestrini quedó consagrado intendente de La Matanza, cargo que asumió el 10 de diciembre de 1999 y según cuentan algunos testigos presenciales, días después en González Catán, agradecía la victoria al electorado con una frase de una honestidad brutal: “Es una maravilla que nos sigan votando, si nunca les dimos una mierda”, sostienen que dijo.

Durante el lapso de mayor crisis social, el mandamás municipal mantuvo buenas relaciones con los dirigentes piqueteros Juan Carlos Alderete y Luis D’Elía, por lo que también algunos medios periodísticos -por esa cohabitación-, a Balestrini lo llamaban el “intendente piquetero”. Fue así que dentro de la provincia de Buenos Aires, La Matanza fue uno de los lugares de mayor acción de los movimientos de desocupados que se organizaban reclamando por un cambio económico, político y de asistencia social, modalidad de organización que al ir por fuera de los carriles partidarios y sindicales tradicionales, suscitó la curiosidad y el análisis de muchos intelectuales, incluso del exterior.

Ratificado en las urnas

A pesar de ese panorama general, en las elecciones legislativas de 2001 el oficialismo matancero subió algunos puntos respecto de la elección anterior, mientras que sus rivales partidarios se fragmentaron en mil pedazos. La UCR local, otrora segunda fuerza política cayó al 5%, y como dato significativo hay que señalar que esas fueron las elecciones del “voto bronca”, según la denominación de la prensa especializada en ese momento, que en realidad expresaba una marcada crisis de representatividad de la dirigencia política.

La participación electoral respecto del padrón cayó casi 9 puntos con respecto a la elección anterior, y además se registró un 19% de votos en blanco e impugnados, mientras que la segunda fuerza partidaria resultó el Frente Polo Social con un 8% de los sufragios.

En las nefastas jornadas de diciembre de 2001, saqueos incluidos, a través de la intervención de Alberto Balestrini como organizador de los distintos cuadros, La Matanza fue el distrito que mayor número de militantes convocó y tuvo a su tropa lista por si no cabía otra posibilidad que movilizar.

Las elecciones de 2003 marcaron otro hito, ya que fueron las primeras luego de la caída de la convertibilidad y de Fernando De la Rúa. Elecciones con Eduardo Duhalde como presidente provisional designado por el Congreso Nacional, y un clima de agitación social todavía importante, aunque algunas variables del panorama económico parecían mejorar.

En la etapa previa a esa elección el sistema de partidos había estallado, el justicialismo se debatía entre la conducción de Carlos Menem, Eduardo Duhalde y varios otros nuevos aspirantes a tomar la batuta, entre ellos el puntano Alberto Rodríguez Saa, José Manuel de la Sota, Carlos Reutemann, y un tal y casi desconocido Néstor Carlos Kirchner, que asomaba desde su puesto de gobernador de Santa Cruz. Debajo de una importante nómina de aspirantes presidenciales y a gobernadores, venían las listas de candidatos municipales.

En La Matanza Balestrini revalidó su conducción sosteniendo y acrecentando su apoyo electoral, que llegó a un 46,6%, frente a otro sector del peronismo que buscaba revancha acompañando a la figura de Menem o de Alberto Rodríguez Saá, y un amplio espectro de otras agrupaciones que no pudieron saltar a más del 7%. En esa oportunidad se presentaron 24 listas, y el nivel de abstencionismo fue todavía más alto que en 2001, ya que sólo sufragó el 69% del padrón, y los votos en blanco e impugnados llegaron al 10%.

Este dato es sumamente relevante porque hablar de la hegemonía del justicialismo local, sacando de foco que existía un caudal de participación que el mismo justicialismo no podía convocar, llevaría a describir escenarios equivocados.

Incondicional apoyo a Néstor Kirchner

Lo cierto fue que Alberto Balestrini fue el primero de los intendentes bonaerenses que desde 2002 le dio su apoyo a Néstor Carlos Kirchner, cuando lo invitó a un acto llevado a cabo en el Consejo del Partido Justicialista de La Matanza, donde acordó públicamente apoyarlo en sus aspiraciones de llegar a la presidencia. De esa manera, la llamada “Capital del Peronismo” por la gran cantidad de habitantes y electores (por esa época contaba con un millón y medio de habitantes y algo así como 700 mil electores) sería fundamental para la llegada de Kirchner al poder, ya que los votos obtenidos en el distrito fueron fundamentales para que el santacruceño alcanzara el recordado 22% y obligara a una segunda vuelta con Carlos Menem, la que todos sabemos nunca se realizó, debido a que el riojano se terminó bajando de la contienda electoral.

Poco antes de consensuar con NCK, el líder matancero había retaceado su apoyatura a la candidatura presidencial del cordobés José Manuel de la Sota, cuando su jefe, el por entonces presidente Eduardo Duhalde, lo llamó para testear la idea. “Sería como volver al menemismo”, dicen que le dijo Balestrini. Además, con Luis Cigogna como interlocutor, también tuvo algunas reuniones con gente cercana al Adolfo, pero las mismas tampoco llegaron a buen puerto, dado que tenía decidido optar por el santacruceño, convencido que era el hombre que necesitaba el país para salir adelante.

Más tarde pasaría lo que todos sabemos y muchos valoramos, que fue la asunción de Néstor Kirchner y la lenta pero efectiva restauración del tejido social como consecuencia de la implementación de su plan de gobierno y por ende, del crecimiento de las distintas variables económicas.

Las elecciones legislativas del año 2005 transcurrieron en un contexto ya de franca recuperación económica y con un kirchnerismo que ensayaba una apertura a otros sectores políticos partidarios a través de una estrategia denominada transversal, que consistió en cooptar a dirigentes de distintos espacios partidarios de diferentes distritos, mientras que a la vez enfrentaba sin miramientos la conducción duhaldista en la provincia de Buenos Aires.

Salto de calidad

El oficialismo distrital se enroló en esa jugada, y Balestrini se lanzó desde su puesto comunal a disputar un lugar en la nómina de diputados nacionales. El oficialismo matancero se alineó con la maniobra del kirchnerismo transversal, pero manteniendo a los nuevos aliados en una posición muy satelital y secundaria. Balestrini ganó nuevamente la pulseada tanto frente a sus competidores dentro del justicialismo, como así también frente a los otros adversarios partidarios…

El resultado fue de 52% para el kirchnerista Frente para la Victoria, y un 18% para el Frente Justicialista que todavía mantenía la línea duhaldista.

Las listas del FpV llevaban como punta de lanza la candidatura a senadora provincial de Cristina Fernández de Kirchner. De esta forma Balestrini se consagró como una especie de “primus inter pares” dentro de la consideración kirchnerista para con los dirigentes bonaerenses, y saltó a la presidencia de la Cámara baja, dejando su cargo de intendente a su delfín político, el entonces presidente del Honorable Concejo Deliberante, Fernando Espinoza, que tras ganar ampliamente en el 2007 y 2011, respectivamente, cumplió su mandato hasta el 2015 como jefe comunal del Partido de La Matanza.

Quienes los visitaron o concurrían asiduamente a su despacho cuando ocupaba la presidencia de la Cámara de Diputados, siempre cuentan que en la pared había una foto de la placa de bronce que se instaló en la Universidad de Santa Fe, sede de la Constituyente, con los nombres de los miembros de la Comisión del Núcleo. También adornaban su despacho los consabidos retratos de Perón y Evita, un óleo de Perón y otro de Juan Manuel de Rosas, y una gran foto de jóvenes marchando hacia la trágica jornada de Ezeiza, ocurrida el 20 de junio de 1973. Es más, muchos afirman que la mayoría de esos símbolos permaneciron intactos en el lugar y acompañaron la gestión de su sucesor, Julián Domínguez

El 4 de agosto de 2007 Alberto Balestrini recién llegado de un viaje a México donde integró la comitiva presidencial, anunciaba que por pedido y decisión del entonces presidente Néstor Kirchner, iba a secundar a Daniel Scioli en la fórmula para la gobernación de la provincia de Buenos Aires. La misma se oficializó en Mar del Plata el 14 de agosto y en las elecciones generales que proclamaron a Cristina Fernández de Kirchner como presidenta de la Nación, el tándem Daniel Scioli-Alberto Balestrini se impuso por un 49%, dejando sin posibilidades a las fórmulas de la Coalición Cívica,  liderado por la entonces radical rebelde, Margarita Stolbizer- y al binomio del PRO encabezado por Francisco de Narváez.

Alberto Balestrini rechazó siempre la idea de que su rol como eventual vicegobernador de Daniel Scioli lo convertiría en “comisario político”. Sin embargo, el hecho de ser el jefe del poderoso PJ de La Matanza y la ambición hecha pública, de que sucediera a José María Díaz Bancalari en la presidencia del Partido a nivel provincial, le asignaron necesariamente esa función.

Cuenta la historia que el presidente NCK sabía por experiencia propia que sin el peronismo bonaerense era muy difícil gobernar, sobre todo si pretendía evitar el riesgo de encarar cambios profundos. La consigna, entonces, fue tener a todos los dirigentes de peso dentro del armado, y pocos como Alberto Balestrini podían aglutinar a ese puñado de hombres controvertidos y mañosos sin espantar al resto del electorado.

La lealtad ante todo

Por eso, aunque Balestrini no quería dejar la presidencia de la Cámara de Diputados para ir al Senado bonaerense, lo que en términos futboleros sería como tener que descender una categoría, Kirchner no dudó en usar el peso de su investidura para hacerle una oferta que el matancero no pudo rechazar.

“Yo al único que no podía decirle que no era al Presidente, y cuando me invitó a ir en la comitiva que viajó a México, sabía que no tenía alternativas”, confesó a su regreso en el marco de la presentación de la dupla llevada a cabo en la planta baja de Carreto (ahora Benjamín), donde Balestrini fue siempre un asiduo concurrente.

“Acepté porque quien me lo pidió fue el Presidente, pero yo lo único que siempre quise ser es diputado, a mí me gusta la tarea legislativa”, respondía cuando se lo consultaba por las razones que lo impulsaron a aceptar la candidatura.

28-10-07 El Pte. N. Kirchner junto a Vicepte. D. Sioli y Sdor. Balestrni en hotel Intercontinental.

 

El 10 de diciembre de ese año asumió como vicegobernador y consecuentemente como presidente del senado bonaerense y desde ese mismo día hasta su enfermedad, Alberto Balestrini también se desempeñó como presidente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires.

Alejado del ruido político siguió manteniendo esa condición de dirigente “sin prontuario” que lo catapultó a la conducción política de la provincia de Buenos Aires, cargo que ejerció activamente durante casi dos años y medio, después de haber pasado por un período y medio al frente de la denominada Quinta Provincia del país y Capital de Peronismo, que es como decir la principal intendencia del conurbano bonaerense. No es poco, y no es frecuente…

Finalmente y como para darle un corte final a esta biografía, resta recrear objetivamente que tras haber estado un día antes en la apertura de sesiones del Honorable Concejo Deliberante de La Matanza realizada en la Región Descentralizada Sur, en González Catán, el 7 de abril de 2010 Alberto Balestrini sufrió un accidente cerebro vascular por lo que en primer término fue internado en el Policlínico General San Martín de La Plata con grave urgencia, para más tarde ser trasladado a la Clínica Sagrada Familia en el barrio porteño de Belgrano.

Los primeros días de enero de 2011 fue derivado al Centro de Rehabilitación ULME, del barrio de Núñez donde completó otra etapa de su recuperación. Luego tuvo  tratamiento ambulatorio y permaneció en su domicilio particular al cuidado de su familia hasta el 11 de abril de 2017, donde se conoció la infausta noticia…

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