N° de Edición 7013
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Aislamiento obligatorio, ¿y ahora qué hago?

Aislamiento obligatorio, ¿y ahora qué hago?.

El aislamiento puede ser generador de toda clase de padecimientos mentales y afectivos que pueden volver insostenible la convivencia o la soledad.

Aquí van algunas sugerencias para afrontar esta situación tan adversa.

Los efectos del aislamiento

Este tipo de aislamiento  social que estamos enfrentando tiene una particularidad, está asentado sobre una base de desconocimiento sobre el devenir social y económico, un vacío de respuestas que claramente tiene efectos sobre todos nosotros.

La incertidumbre que gira alrededor de la pandemia genera que estemos atentos constantemente a las noticias en la televisión y en las redes sociales; el consumo constante de información que, muchas veces  puede ser falsa o maliciosa puede despertar angustia, desesperación, agobio, pensamientos paranoides, negación de la realidad, hipocondría  y un miedo extraordinario.

El aislamiento desorganizado puede acentuar estos afectos que, en un paso posterior, dan lugar a pensamientos persecutorios, melancólicos, sensación de encierro e,  incluso, ideas suicidas.

Un mecanismo defensivo es desmentir la realidad, o sea, una parte de vos la acepta, mientras que otra no termina de admitirlo, también puede suceder que desestimes la importancia  de las circunstancias, esto podría generar que te involucres en situaciones de riesgo o expongas a otros innecesariamente.

No perder más de lo necesario.

Perder la rutina y parte de tu libertad, en un contexto de desconocimiento,  verdaderamente puede afectarte mucho. Es importante que no continúes desarmando tus hábitos más de lo necesario. Concretamente, seguí haciendo lo que siempre hacías en tu casa.

Levantarse, cambiarse, bañarse, comer a horario y dormir la cantidad de horas regulares es fundamental. El uso de redes es un camino de socialización y un afluente de información, pero puede ser contraindicado si es el único o está mal utilizado.

En el caso de las noticias, procurá asegurarte si provienen de una fuente confiable, siempre podés cotejarlas con otra fuente antes de compartirla. Por otra parte, el uso excesivo de las redes puede provocar que te sientas aún más encerrado. Poné tus energías en otras actividades también.

Disfrutar lo disfrutable.

Estando solo o en convivencia, en ambas situaciones, podés aprovechar para aprender cosas nuevas a través de tutoriales; un apartado para destacar son las  actividades creativas o de invención, como artesanías, pintura, escritura o literatura.

Organizarte una  buena rutina de ejercicios, que no genere lesiones, y continuar comiendo sanamente pueden ser hábitos muy valiosos. El momento de ir a comprar es una ocasión aprovechable para vivenciar la naturaleza, el aire fresco y el sol.

Convivencia y soledad

Son dos caras de la misma moneda. Podes sentirte solo en convivencia o sentirte acompañado en soledad. En ambos casos es importante empezar por uno mismo.

Aun con todo lo nombrado anteriormente, tal vez sientas  afectos adversos, que pueden transformarse en pensamientos hostiles y, finalmente, volverse acciones agresivas hacia vos o los demás.

Es importante que te tomes tu tiempo para ubicar, en principio, estos afectos y sensaciones; observalos, tomá conciencia de estos,  fijate de donde provienen, no los rechaces ni huyas de estos.

Los afectos, en este caso, están ocasionados por factores inusuales  en tu contexto, van a ir cambiando al cabo de que termine el aislamiento. Con esto quiero decir, que esos afectos que pueden estar avasallándote van a desaparecer con las horas y los días, en la medida en que estés consciente de estos.

De este modo, en la mañana podés estar triste, en la tarde frustrado y en la noche ansioso, es esperable que sea así. Lo importante es que entiendas que no va a ser para siempre.

Que puedas tomarte el tiempo para observarte y ubicar tus afectos va a permitir que no se adhieran a pensamientos concretos de tu convivencia, en el caso de que esto suceda, podés proceder con el mismo método; tratá de pensar en tu pensamiento, tomá distancia  un poco de este,  fijate bien su lógica y qué pudo haberlo ocasionado, de este modo no se volverá una acción  agresiva concreta hacia vos o los demás.

Aun con todo esto, no te exijas demasiado, te podés equivocar y tu familia también. Lo fundamental es mantener un ambiente calmo y agradable.

Si en algún momento te sentís desbordado por la situación, podés comunicarte con un profesional, en este momento hay muchos ofreciendo su acompañamiento y ayuda.

 

 

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