Número de edición 7717
Espectáculos

Segunda parte de la entrevista a Marta Braier

Segunda parte de la entrevista a Marta Braier

En esta entrega se seguirá conociendo más de la vida de esta destacada escritora y personaje de la cultura.

Por Rolando Revagliatti

Mencionaste a la Biodanza.

MB — Darle bolilla al cuerpo, y al alma. Accedo a ella en 2005 y en 2010 me recibo de Facilitadora de Biodanza, título otorgado por la International ByocentricFoundation. El cuerpo me pide movimiento. Muchas horas sentada, dando clases o en la computadora, escribiendo; los músculos se tensan demasiado. Una vez por mes viajo a San Antonio de Areco durante cinco años a estudiar en una escuela de Biodanza que dirigen Jorge Terrén y Betina Ber: una indagación liberadora.

“Una poética del encuentro” que después quise incorporar a mis clases, y de hecho lo logré durante un lustro. Talleres de creatividad literaria, de ahondamiento en la instancia inspiradora, a partir del movimiento, la música y la poesía. La práctica de esta disciplina me conectó con una mayor naturalidad y alegría en mi trabajo de Taller.

Alegría.

MB — Sí, porque el movimiento libera, ayuda a deponer el “ego”, a soltar lo cortical y te conecta con la alegría del cuerpo: la danza, la música y el encuentro con el otro. Y por otra vertiente, siento tristeza: por el país y por el mundo. La película italiana “La grande bellezza” de Paolo Sorrentino me encantó y me ronda. Ya decantará en mis textos su resonancia. Inicié mi cuarto libro, el que se perfila también como nouvelle.

Te cuento que estoy leyendo a Sharon Olds nuevamente y a Selva Almada. Me duelen las dos. Soy de leer tanto narrativa como poesía. Y el ensayo me fascina. También vi una Instalación del artista y músico británico Brian Eno: me empezó a “repiquetear”. Creo en la dignidad del arte para llegar al Ser. Ya dijo Heidegger: “Los poetas son los guardianes del fuego sagrado del hombre, los guardianes del Ser”. Uso esta frase en el Taller para “ablandar”, poner en órbita, que se agiten los fantasmas, las obsesiones más recónditas.

La Poesía, flecha que se dirige a un blanco: Tensar la lengua hasta acercarse a Eso que se quiere decir y que uno desconoce. Estamos subsumidos en la incertidumbre, pero saberlo consuela. Como dice Roberto Juarroz: “Quizá debamos aprender que lo imperfecto / es otra forma de la perfección: / la forma que la perfección asume / para poder ser amada”. Siempre con la lectura como telón de fondo esencial. No hay otra.

¿¡Así que naciste en la misma ciudad que Juan Bautista Alberdi (1810-1884), Leda Valladares (1919-2012), Tomás Eloy Martínez (1934-2010) y Mercedes Sosa (1935-2009)!?…

MB — Sin desmerecer en nada a las figuras insignes que nombraste y que descollaron en el ámbito nacional e internacional, Rolando, me interesa Leda Valladares: poeta, compositora, cantante e investigadora musical. ¿Sabés?, me atraen su bajo perfil y su rebeldía frente al tradicionalismo provinciano. Ella, que provenía de una familia “paqueta” de Tucumán, se abocó al rescate de la música recóndita del norte argentino, despreciada por cierta élite de gustos europeístas.

Se interesó por la baguala, la copla —cantos dolientes que tanto dicen— y los grabó, los recopiló, los cantó. Recuerdo versos suyos que aprendí de memoria en mi adolescencia y que no sé si están musicalizados: “La música me hace vasija / concavidad de barro antigüo / retumbo angustioso de lejanías.”

Suelo interesarme por los artículos y ensayos, inéditos o difundidos circunstancialmente, a veces sólo de modo oral, concebidos por poetas argentinos. Es tu caso, Marta. ¿“Dan” como para reunirlos en un volumen?

MB — Debo confesarte que el ensayo es mi género preferido. No sé si se debe a mi formación en Letras y al hábito de investigación que la facultad fomentó; pero la realidad es que atesoro recuerdos maravillosos de numerosas lecturas. Este género, personalmente, me aquieta, me ordena, me abre hacia niveles de pensamiento esclarecedores y lúcidos.

Qué placer leer “La originalidad artística de La Celestina” de María Rosa Lida de Malkiel; o “El Hamlet de Shakespeare” de Salvador de Madariaga, “Onetti. Los procesos de construcción del relato” de Josefina Ludmer, “Sófocles y la personalidad de sus coros” de Ignacio Errandonea y tantos otros que, nombrarlos, alargaría demasiado este diálogo.

Tu pregunta me atañe muchísimo. Te diría que, además de los trabajos que he ido mencionando, guardo entre mis escritos un ensayo breve sobre el hermosísimo cuento “Los novios” de Haroldo Conti, autor que admiro y que aconsejo leer en mis clases por su peculiar uso de la “levedad”. Y para concluir: claro que me gustaría publicar mis ensayos; pero por ahora no está entre mis proyectos inmediatos.

¿Y tus cuentos…? ¿Has seguido escribiendo narrativa?

MB — Sí, estoy escribiendo una nouvelle en el estilo de “El río secreto”, con esa voz niña de intensidad poética cercana a la “percepción”. Me crió una niñera, Hortensia Juárez, tucumana mestiza de tierra adentro, sufrida, trabajadora.

Su persona me ronda y ya he concebido algún diálogo, recuperándola. En este caso, otra vez el cine me dispara creación: en la película “La grande bellezza”, en la que ya me detuve, el personaje protagónico, un escritor, que vagabundea desencantado por las calles de Roma bajo la tenue luz de la madrugada, se confiesa con su empleada doméstica, Ramona, mientras ella lava los platos o, apartado, en una gran fiesta galante sobre una magnífica terraza de la Ciudad Eterna.

¿Puedo pedirte que sopeses lo que de cuatro escritores voy a encomillar y nos trasmitas lo que adviertas de mayor proximidad con tu pensamiento, con tu sentir, y reflexiones?…: Roberto D. Malatesta: “La poesía, se sabe, desprecia al impaciente.” Edna Pozzi: “…La poesía que no nos hace mejores ni distintos, sólo demuestra, por reducción al absurdo, la infinita vulnerabilidad del ser y sus símbolos y en definitiva la precaria condición de la palabra en un mundo de sordos necesarios.” Alfredo Palacio: “La poesía nace del exceso, la desmesura, con la búsqueda insaciable por lo vedado.” Astrid Lander: “La poesía no se escribe, / lo escrito es apenas / un esbozo / de lo que en verdad es poesía.”

MB — Siento próxima la frase de Alfredo Palacio, Rolando. Además, aprovecho para decirte que me alegra que lo hayas nombrado porque es un amigo de la poesía y de la vida. No sé cómo entender “lo vedado”. Quizás como ese “todo” al que no se llega nunca y que la poesía intenta alcanzar, por cierto. Lo que me toca de su definición es la idea de “desmesura”.

“Desmesura” en griego clásico se corresponde con el vocablo Hybris, y este vocablo del universo de la gran Tragedia Griega, señala una acción condenada por los dioses para el que osaba ir más allá de los límites o desafiarlos. Se consideraba, en la Grecia Clásica, que el que desafiaba a los dioses cometía el pecado de soberbia y era condenado por ello.

Digo, ¿no podemos pensar al poeta como un rebelde que crea “otra” realidad con el lenguaje y con ello pretende hacer más visible lo real y transformarlo? ¿Y la famosa frase de Saint John Perse: “El poeta es la mala conciencia de su tiempo”? ¿Y no sería entonces el poeta un “desmesurado”, que se aventura en su quehacer con empecinamiento inaudito, persistiendo, sin vacilar? Y concluyo con Juan Gelman con algo de humor: “¿…pero quién me manda / a esperar un verso / en una esquina?”

¿Poetas valorables y con mucha obra con los que no hayas podido “comulgar”?

MB — Tiempo atrás, no podía entrar en la poesía de Arturo Carrera, hasta que, para un cumpleaños, Rita Kratsman, poeta y amiga, me regaló de ese autor “Vigilámbulo” (Poesía Reunida), y la lectura de “El vespertillo de las Parcas” (1997) me deslumbró.

 

En un texto titulado o conocido como “Olga por Olga” se pregunta Olga Orozco (1920-1999): “¿Me fui del todo alguna vez?”, refiriéndose a Toay, la localidad pampeana en la que había nacido. ¿Te has ido del todo, Marta, de San Miguel de Tucumán?

MB — En verdad, no. “Si siempre estoy llegando”, dice la letra del tango compuesto y recitado por Aníbal Troilo (“Nocturno a mi barrio”). Siento añoranza, aunque también me reconozco muy porteña. (Los años en Buenos Aires superan ampliamente los vividos en Tucumán.) “La infancia, esa lluvia de la que nunca nos secamos” —supo discernir Juan José Saer. Cito esta frase porque considero que la infancia efectivamente está siendo siempre. De modo que mi corazón mira hacia el pago.

Por las reminiscencias y, sobre todo, por el paisaje perdido. Lo que más extraño es la presencia del Aconquija desde cualquier bocacalle de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Qué privilegio divisar el Cerro San Javier. Ese azul cordón montañoso, punto lejano de sosiego y anclaje, horizonte a contemplar para ensanchar la vista y el alma. Y extraño los azahares de los naranjos en octubre, el “terco e invencible olor de los azahares” (Enrique Molina).

De hecho, el escenario de “El río secreto” es la ciudad de San Miguel de Tucumán; y acabo de presentarlo allá, antes que en Buenos Aires. ¿No dice, acaso, Atahualpa Yupanqui: “Cuando se abandona el pago / y se empieza a repechar / tira el caballo adelante / y el alma tira pa´ trás.”?

¿Algunos trazos sobre la producción literaria y pictórica en tu provincia?

MB — Mirá, aprovecharía este espacio para recordar a un narrador tucumano olvidado que se llama Fausto Burgos (1888-1953). Leí de joven un cuento que me marcó, con personajes de la Puna. Entre otras personalidades podría nombrarte a Genié Valentié (1920-2009), o María Eugenia Valentié, profesora, en mi época de Facultad, filósofa y traductora; Emilio Carilla (1914-1995), lingüista erudito, también profesor universitario; David Lagmanovich (1927-2010), escritor y crítico literario.

En el campo pictórico opto por nombrar a Gerardo Ramos Gucemas, español nacido en Extremadura, pero residente desde hace mucho en mi provincia. Gucemas es representante de una pintura única, original, fuerte, comprometida con los derechos humanos. Se reconoce “hijo de Goya”. Dice en una nota: “El cuadro que vale es el que aporta alguna inquietud, algún malestar; algo que haga sospechar que las cosas, que el mundo, no están bien.”

Es a la crítica literaria a quien le transfiero interrogantes que se formula en el nº 21, julio 2005, de la revista “La Bota Literaria”, Claudio González Baeza: “¿Es necesaria la crítica literaria? ¿A dónde lleva el leerla? ¿Los autores necesitan de ella para continuar produciendo?”

MB — En mi caso particular, los comentarios críticos que recibí por mis dos primeros libros, me ayudaron a reconocer mi propia estética y mis búsquedas. Uno no sabe bien lo que escribe: uno escribe; y, a veces, la crítica —seria y fundamentada— te abre hacia conceptos, emociones o herramientas lingüísticas que uno tiene en su haber sin reconocerlos.

Por otra parte, siempre ejerzo y he ejercido la crítica literaria —en reseñas para diarios, en las clases de taller, en devoluciones a amigos y no tan amigos; es parte de mi vida, la respeto como disciplina, siempre y cuando se realice, como dije, con honestidad ética e intelectual.

Marta Braier selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:

Mujer sentada

Pero sé que debo hablar de esa puerta,

en un hotel para turistas de la calle Cangallo.

Recuerdo con nitidez un finísimo rayo de sol

y las partículas del aire jugando con la luz.

(Ah el sencillo fulgor de una habitación en penumbras.)

Estoy sentada sobre un sucio cobertor.

El conserje me entregó la llave de la diecinueve

y miró con cara de nada

cuando le hablé de tiempo de sosiego.

Cerró la puerta y me dejó queriendo comprender.

(Los mosaicos hacían muecas con su geometría.)

Poco importa si por la calle pasa un hombre,

si hay una fábrica, un frigorífico o muchos árboles.

Pero, el aire. ¿Entra por los pulmones, sale o permanece?

¿Qué hago, qué hago aquí,

en un cuadrado sórdido y ajeno?

Ajeno. Sórdido. Agujero del mundo, digo.

Sentada sobre un sucio cobertor.

(de “Gestos de minué”)

La carcoma

en la madrugada

sube por las calles

un lied de Schubert

sube      baja     gime

es Ella otra vez

Canta

entre cartones canta

en una lengua extraña

y corre baba, ¿oís?

un himno grotesco

mece la ciudad.

(de “Ésta es la tierra, corazón”)

C´est si bon

El piano

dejaba oír suaves notas

y la casa latía

Era cierta la tarde

en la ventana

Ahora

todo es precario, leve, azaroso

bellamente humano

Acaso

el peso de mi cuerpo

sea la única certeza

Ésta es la tierra, corazón:

hebras de luz

un acorde sencillo.

(de “Ésta es la tierra, corazón”)

*Es la llegada de los panaderos del aire

la abuela dice que hay que pedir un deseo y soplar fuerte

para que el deseo se cumpla

ella pide:      ahí va

(el deseo)

(de “El río secreto”)

*Algo se gesta en la sala de espera     algo que flota sobre los

cuerpos y las cosas y el aire del verano es aún más denso

las voces han ido apagándose entre las mujeres y la tarde se hace

pesada y cómplice

nadie se mira      hay ojos estacionados en un punto y un sabor

amargo en las bocas

gatos hambrientos     las mujeres dejan soltar una mueca hostil

y melancólica

(de “El río secreto”)

*El techo del comedor de lujo gotea

Antonia ha puesto un balde y el padre ha subido a la terraza

para encontrar el origen

qué origen      no hay origen     hay un agua que corre y no cesa

las gotas son cada vez más anchas y la casa hace música de

goterones

el balde en el centro como un dios indiferente

(con música de Cage)

(de “El río secreto”)

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