Número de edición 7823
Espectáculos

Dossier del volumen ‘Revagliatti – Antología Poética’, compilado por Eduardo Dalter

Dossier del volumen ‘Revagliatti – Antología Poética’, compilado por Eduardo Dalter

Prólogo de Eduardo Dalter para las ediciones soportes papel y electrónico del volumen “Revagliatti – Antología Poética”, con selección de su prologuista.

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La obra poética de Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), por lo menos la que nos motiva a este trabajo, se vivenció y escribió en el lapso que va desde la aprobación de las leyes de obediencia debida y punto final (mes más o mes menos) hasta su anulación por brutales e increíbles, y aun algunos tramos más acá. O sea, en años en que la democracia turca, o virtual, o como se le llame, dejó un pozo, entre el cablerío cortado y la pared caída.

Tiempos, recordemos, de los grandes desembarcos y de las apuestas mayores, también en la cultura, con su producción de humo y de reflejo. Una realidad que el poeta fue entendiendo, y digiriendo, también como una demasía para él solo, pero tampoco quería ponerse a vivir por nada, y se entiende, en la queja de bandoneón y en la derrota.

Y de ahí su paso, su vibración y su actuación sin tregua, que son muestras palpables de un nervio a cielo abierto, pero también de una herida palpitante; y así lo hemos observado más de una vez en el silabeo, a veces grave, a veces sobreactuado, de sus poemas, que van colmando el espacio con su gracia desinhibida y tensa.

Así, a menudo, su poesía termina derivando en el sainete, un sainete atravesado, y condenado, de abismo y de vacío. Un modo, con una intimidad, que el poeta escogió sin más para dialogar y representar una realidad (y una trizadura, un aire), por momentos más cercana a la absurdidad, que, está visto, lo golpea y lo estremece.

Un poeta que escribe –tantas veces así lo imaginé– contra las cuerdas, a veces mirando conmovido al ring-side, sabiéndose solo, para sacar finalmente, apoyado en ese espaldar de sogas, su seguidilla de golpes más precisos. Otras veces, no pocas, seguramente en la calma de su hogar, en tardes o noches lentas, el poeta juega, ríe, se da un respiro, como quien avanza en las páginas vacías, no para más que por eso mismo y para situarse mejor en su trabajo, donde la materia prima es su propio cuerpo, su propio tiempo, el tiempo de todos, comprendiendo que el juego, el sainete de los cuatro vientos nacionales, es serio, muy serio.

O bien sale a caminar, a embeberse del aire de parques tan distintos, indagando en las grietas, y regresando, bajo su camisa y su pantalón puestos a prueba. En este camino, que es andado y demarcado en poema y poema, el poeta deja traslucir sus costumbres y tonos de familia y sus ancestros, y en este ejemplo, su intención, sus lugares, su voz, son muestras elocuentes y extrañas, o muy de estos tiempos, de tejidos rotos y huellas entrecruzadas, y donde más que los trayectos y procesos de la historia de una lírica, y de una mística, hay la conjunción de los materiales más diversos, en sorprendente apareamiento, del sacudido y contemporáneo mundo.

Ahí aparecen, como vecinos de sus calles, y como tíos mayores y maestros, Nicolás Olivari y Julio Huasi, tantas veces abrazados o fundidos, muy en Rolando, en una u otra esquina, desde el humor y la pincelada suburbana hasta esa tensión insinuada crispación, que, con fondo de hora pico, pueblan la escena y la mirada del poeta. Una confluencia, la continuidad de un curso, no exentas de apoyaturas, que han venido confirmando un campo singular en el marco abierto de la poesía porteña.

Entre sus diversos y tensados poemas, entre lo significativo de su salsa, obrando como verdaderos carnets de identidad de su obra –y además hábitat de crecimiento de este trabajo–, surgen por sí solos al recuerdo poemas como: demasiado yo para mí solo; el que refiere a la sartén (por el mango); el que atañe a las rameras y a la policía de sus cuadras; el dedicado al Episcopado o el que ahonda en su fastidio, y, entre algunos otros de la lista, finalmente, ese poema-declaración en que el poeta, otra vez en los bordes, o más allá, esgrime su arma cargada de defensa. Rolando Revagliatti, un poeta de flores, un poeta en los límites, un poeta dramático.

Eduardo Dalter
Buenos Aires, 2008

*

Comentario bibliográfico de Fernando Sánchez Zinny publicado en el Nº 94, marzo 2010, soporte papel del periódico “Desde Boedo” y en

https://www.periodicodesdeboedo.com.ar/

REVAGLIATTI – ANTOLOGÍA POETICA

Rolando Revagliatti
Ediciones “La Luna Que”, Buenos Aires, 2009

Libro hermoso y merecido, tanto por quienes amamos la poesía como por su autor, personaje de Buenos Aires que, arquetípicamente, une a la no elegida condición de poeta, la voluntad generosa de vivir esperanzado. Llega esta obra, además, en instancia por demás adecuada para ensayar un amistoso homenaje a su continuado y noble ejercicio de la poesía.

Hace más de cuarenta años que Rolando Revagliatti sigue ese camino, canario incansable enjaulado en un patio ruidoso y desatento. Contra viento y marea, se lo escuche o no, él es siempre él, atenido a un ritmo único y consistente, a una monotonía que sólo explica una gran convicción.

Se le debe, sin duda, un trabajo de exégesis y de determinación de asociaciones y significados y es evidente que esta compilación, seleccionada y prologada por Eduardo Dalter, constituye una excelente herramienta para encarar esa labor. Desde siempre, Revagliatti ha desechado imágenes y cadencias y permanece contraído a entreverar ideas encapsuladas en ironías tristes.

Eso es él y no es otra cosa y resulta realmente ejemplar la constancia con que se aferra a ese molde, constituido ya, por persistencia, en entidad metafísica. Y así su voz alcanza una originalidad extrema, pues nadie hace lo que él hace. Como Antonio Porchia, ha inventado un idioma para hablar consigo, un intransferible código ensimismado.

Por qué lo hace, qué lo llevó a elegir esa vía austera, a pulsar esa guitarra de una sola cuerda, es asunto ignoto: diríamos, con Machado, “quien habla solo espera hablar a Dios un día”, pero lo callamos, temerosos de que ese verso apenas si provoque en Rolando una sonrisa melancólica.

Fernando Sánchez Zinny

*

Reseña de Paolo Astorga del volumen “Revagliatti – Antología Poética”, con selección y prólogo de Eduardo Dalter, publicada en el Nº 40, octubre-noviembre 2009, de la Revista Literaria Electrónica “Remolinos” de Perú.

El ejercicio de la poesía es no sólo una labor inagotable, sino también una lucha contra el vacío y la ignorancia con la cual día a día el mundo nos envuelve. El ser poeta y más aún un poeta que se mantiene joven, no sólo de mente y espíritu, sino también joven en su decir, en su discurso poético, en sus versos, es aquel que de alguna manera ya ha trascendido las innumerables barreras que nos plantea el tiempo para que nosotros nos hundamos en ese paraíso infernal que es el fracaso y peor aún la frustración de no poder decir lo que se quiere.

Con el libro “Revagliatti – Antología Poética” (Ediciones La Luna Que, 2009) del poeta argentino Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) nos muestra esa perseverancia poética que sólo puede hacer madurar las largas travesías a través de los años. Su poesía llena de ironía desde sus primeros libros nos da aviso de una original manera de hacer poesía.

Esta nueva publicación no sólo nos da cuenta de su labor poética a través de más de dos décadas, sino también nos plantea los diferentes cambios de su discurso que, con una gran dosis de humor, pesimismo y existencia, nos entrega un majestuoso retrato de nuestro propio ser y de los “fantasmas” que nos acechan en nuestro cotidiano devenir.

Revagliatti demuestra con este libro además un certero golpe a los “clichés” que la sociedad impone para que de alguna manera no podamos ser nosotros, sino ser el otro, la presa del vacío, la inconstancia, el hastío eterno de la rutina en nulidad con el pensar:

Candidades

10 mujeres se cepillan el pelo
9 hombres se cosen un botón
8 niños se crispan de repente
7 ancianas caminan por el borde
6 mujeres se reconsideran
5 hombres se plagian
4 niñas adolecen
3 ancianos escarban sus bolsillos
y así sucesivamente
dos muletas
un padre nuestro
y cero peso
no nos restañan
ni aun la herida más simétrica.

Como observamos en el poema anterior, perteneciente a su primer libro, “Obras completas en verso hasta acá”, el acercamiento descriptivo de lo cotidiano permite al poeta no sólo mostrarnos la abulia que, a veces, nos hace lo que somos, sino también nos demuestra su manejo de cierto grado de oralidad, para darnos a conocer directamente y sin intermediarios, su mensaje atiborrado de estigmas.

El amor y por ende la visión de la pareja, para el poeta, no contiene una trascendencia, sino más bien nos hace sentir su castración, su brevedad, su intensa puñalada, que, al no poder resistirse, se trata de describir con mordaz cinismo e ironía:

¿te amo
o estoy emberretinado?

“mi orgasmo triste fuiste tú”

Por otro lado, su imagen de la muerte se hace a través de no ver la trascendencia que tiene ésta en los seres humanos, sino que nos hace contemplar por medio del absurdo nuestra evidente fragilidad ante el tiempo y el no poder:

Si te morís con los ojos abiertos
sonaste:
ni en sueños
volverás
a pestañear.

Con selección y prólogo de Eduardo Dalter, esta antología nos permite ver en toda su amplitud los centros y periferias de un poeta que ha sabido de denuncia hasta en lo absurdo.

Esta es una antología para gente que ha visto en su propia condición, en su propio reflejo la imperfección que sensibiliza hasta fingir una sonrisa o quizás una gran carcajada, sin embargo, esta poesía de Revagliatti, no sólo es eso, sino también ofrecer una cruda realidad (la de todos) a través de una aparente sinvergüencería, que a la larga devela nuestra cándida brutalidad para hacer nuestros los días en ese cúmulo de horas y objetos, de fetiches y sujetos que es lo cotidiano, él (el poeta, el estigmatizado que aún en agonía nos muestra su sonrisa, su humor, su verdad) nos informa que al final todo es un nuevo comienzo, al cual llegar tarde quizá sea una buena estrategia:

Al final

Siempre llego tarde al comienzo
aunque nunca
dejo de ser advertible
entre los primeros en llegar

a la convicción
al objeto
al fraude
al reconocimiento
a la derrota
al recelo
al éxito

al reiterado comienzo
al cual siempre
llego tarde.

Paolo Astorga

En la edición de mañana saldrá la segunda parte del Dossier del volumen ‘Revagliatti – Antología Poética’, compilado por Eduardo Dalter.

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