Número de edición 7768
Espectáculos

Los Palabristas de hoy y de siempre: Hugo Fontana

Los Palabristas de hoy y de siempre: Hugo Fontana

Estimados lectores; Gracias por acompañarnos nuevamente con su lectura a través de NCO desde un sector de Los Palabristas de hoy y de siempre.

Por Mónica Caruso

revistaliterarialospalabristas@gmail.com

 

La reseña biográfica de hoy es sobre Hugo Fontana (ToledoCanelones19 de mayo de 1955 – Punta CanaRepública Dominicana,10 de enero de 2022) ​ fue un escritorperiodista y crítico literario uruguayo.

Se inició como poeta, para después dedicarse al cuento y la novela de estilo realista, incluso de corte policial. En parte de su obra ha utilizado como escenario a Toledodepartamento de Canelones, su pueblo natal.

Como periodista trabajó en el diario La República de Montevideo, entre otras publicaciones. Colabora en el área cultural de los diarios El País y El Observador, y en el semanario Brecha. Con Oscuros perros (2001) y Quizás el domingo (2003) ganó dos veces el primer premio en el Concurso de Narrativa Lolita Ruibal –Ediciones de la Banda Oriental. En 2001 publicó La piel del otro.

La novela de Héctor Amodio Pérez, una biografía novelada basada en documentos periodísticos de época y en una veintena de testimonios de personas que conocieron al extupamaro Amodio Pérez, de quien al momento de la escritura del libro se desconocía su paradero.

En 2017 publicó la novela El agua blanda, inspirada libremente en el Operativo Cóndor, un episodio de 1966 en el que un comando de argentinos, militantes peronistas y nacionalistas, secuestró un avión y lo desvió a las islas Malvinas

Fontana fue encontrado muerto en su habitación del hotel donde se alojaba en Punta Cana. Las primeras investigaciones apuntan a una muerte natural.

Obras

Novela

1992, El cazador (Yoea, Montevideo)

 

1996, Y bésame así (Alfaguara, Montevideo)

1999, El crimen de Toledo (Alfaguara, Montevideo, Ediciones PuntaObscura, Montevideo, 2015)

2000, Veneno (Lengua de Trapo, Madrid, España, Sudamericana, Montevideo, 2007 – Suburbano, Miami, 2020)

2012, La piel del otro. La novela de Héctor Amodio Pérez (Cal y Canto, Montevideo,

Ediciones Punta Obscura, Montevideo, 2012)

2005, El príncipe del azafrán (Planeta, Buenos Aires)

2006, La última noche frente al río (Planeta, Buenos Aires

2008, Un mundo sin cielo (Rebecca – Linke, Montevideo)

2009, El noir suburbano (Casa Editorial Hum, Montevideo)

2011, Tierra firme (Random House Mondandori, Montevideo)

2013, Barro y rubí (Estuario editora, Montevideo)

2017, El agua blanda (HUM, Montevideo)

2021, Los nombres propios Emir Rodríguez Monegal (Estuario, Montevideo)

Cuentos

1997, Liberen a Bakunin (Aymara, Montevideo)

2001, Oscuros perros (Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo)

2001, Las historias más tontas del mundo (Alfaguara, Montevideo)

2003, Quizás el domingo (Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo)

2015, Desaparición de Susana Estévez (Estuario editora, Montevideo)

Poesía

1977, Las sombras, el sol (Ediciones de la Balanza, Montevideo)

1988, Poemas de arena (Destabanda, Montevideo)

1986, La voluntad de mentir (Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo)

Ensayo

2003, Historias robadas. Beto y Débora, dos anarquistas uruguayos (Cal y Canto, Montevideo)

2014, Las mil cuestiones del día. Trece historias de anarquistas (Editorial Alter, Montevideo)

Enlaces externos

El Baile. Cuento de Hugo Fontana incluido en Las historias más tontas del mundo.

Ensayo de Hugo Fontana sobre la obra de Carlos Martínez Moreno

Hugo Fontana

El baile (fragmento), de Las historias más tontas del mundo

«Eran unos zapatos blancos, de tacos altos, finísimos, de capellada brillante, como de charol, que la madre le había comprado en Montevideo.

No amanecía aún porque era setiembre u octubre, y ella se había sacado los zapatos y los había puesto a un costado sobre el mismo escalón en que estaba sentada y los zapatos, entonces, parecían de otra persona.

Ella movía los dedos, los bellísimos pies -a los quince años todo pie femenino es bellísimo- y las piernas, no como si siguiera bailando, sino como si hubiera empezado a correr.

Yo me acuerdo porque el que estaba sentado a su lado era yo, pero no era el novio ni nunca lo hubiera pretendido, ni siquiera su mejor amigo ni su compañero de clase, pero los raros caminos de esa noche se habían cruzado de tal forma que terminamos juntos, cansados, mirando desde la escalinata del Club Unión la plaza.

Donde todavía algunos conocidos celebraban o trataban de curar sus borracheras y hablaban a los gritos o murmurando y a veces se abrazaban entre sí o concluían una carcajada con gestos violentos, desorbitados.

Ella, con los pies sobre el mármol frío, aliviada, ya tenía los ojos tristes y una risa pretenciosa, ajena, que parecía prometida a no diluirse jamás, como si esa misma noche hubiera decidido incorporarla definitivamente.

Pero eran los demás los responsables de esa risa tan altiva. Había sido la envidia incontrolada de las otras muchachas y de las madres y los padres de las otras muchachas la que había instalado esa mueca soberbia, estupenda, sobre su rostro.

Porque ella estaba sentada con sus tíos en la mesa de honor y desde la otra punta del salón, apenas dieron los primeros acordes del vals, Ferreira Aldunate, de traje azul con finísimas rayas grises, de corbata también azul y camisa profundamente blanca.

Había cruzado la interminable pista, con los ojos desencajados y la sonrisa espléndida, y se había detenido frente a la mesa y le había ofrecido la mano para que ella se pusiera de pie y fuera a bailar con él.

(…)
Cuando me senté a su lado me miró con la risa dibujada y alta y entonces yo prendí un cigarrillo y la invité con una pitada. Nadie la había besado en toda la noche porque me devolvió el cigarrillo manchado de rouge.

En la plaza dos o tres grupos de muchachos pasaban del alborozo al silencio y luego al alborozo.
-Tocame.
-¿Cómo?

-Sí, tocame. En donde quieras.
Yo acerqué mi mano derecha a su pecho. Envolví con mi mano un seno redondo y tibio, apenas cubierto por la gasa del vestido.

Nunca había tocado con tanta ternura.
Después alguien pasó a nuestro lado.

La gente descendía las escaleras despidiéndose.

La risa volvió a su boca. Comenzó a mover sus pies, mirándolos, levantándolos apoyados en los talones, luego trazando incorrectos, fatigados círculos. Después movió también las piernas. No imitaba los pasos del baile. Era como si empezara a correr. »

Fuente: Wikipedia / epdlp

Queridos lectores espero que les haya gustado este pequeño vuelo literario.

Aquellos interesados en publicar material de su autoría en Los Palabristas de hoy y de siempre, deben enviar sus escritos como adjunto en Word a la dirección electrónica siguiente: E-mail: revistaliterarialospalabristas@gmail.com

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