Número de edición 7767
Espectáculos

Segunda parte de la entrevista a Javier Galarza

Segunda parte de la entrevista a Javier Galarza

En esta entrega se seguirá recorriendo la vida y obra del autor fallecido a fines de julio.

Por Rolando Revagliatti

 

 

 

 

 

 

 

Natalia y vos, conjuntamente, han dictado cursos.

JG — Sí, aún lo hacemos, tenemos un taller presencial en mi casa y realizamos clínica de obra en formato virtual. Después de algunos años sin trabajar en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino, preparé junto a Natalia un curso sobre Paul Celan y la poesía rusa.

Quería hablar del acmeísmo, en mi opinión uno de los movimientos poéticos más importantes que haya surgido. Fijate que aquí, cuando se piensa en “depurar” los “excesos” retóricos o sentimentales se apela al objetivismo. Hasta en eso somos norteamericanistas.

Pero si leés los manifiestos de Mandelshtam, la apuesta es volver a la sencillez y a lo clásico, a la precisión de la palabra. Junto a Natalia cotejamos versiones de poemas, advertimos que al poema “El siglo” de Mandelshtam le faltan algunos versos en casi todas las traducciones. Analicé cómo tradujo Paul Celan a Mandelshtam y a Serguéi Esenin al alemán.

De mi taller han salido muchos libros y con Natalia hemos trabajado en otros tantos, con prólogo incluido. Trabajamos también con gente de España y por segundo año consecutivo somos parte del jurado en el concurso “La Isla de Aklan”, del que nuestra clínica de obra es uno de los auspiciantes.

Es al músico amateur que tengo entendido que sos a quien le pregunto: ¿por qué tipo de música tenés mayor afición? ¿Por qué compositores e intérpretes? ¿Has hecho música en espacios públicos?

JG — Me gusta el dream pop y el dream folk, por dar un ejemplo; como verás, está la palabra dream por delante. Las canciones tristes y sutiles me animan a escribir, trasmiten una emoción casi sinestésica, que uno a veces puede decodificar y pasar a palabras.

Me gustan Neil Young y CocteauTwins y los buenos songwriters. En las variantes del folk hay muchos, desde Damien Rice hasta MarissaNadler. Una vez, Cristina Piña me dijo que creía que la antorcha de los poetas malditos estaba pasando al rock, y algo de eso hay. Syd Barrett fue mi primera conexión con los poetas malditos.

Y sí, he tocado en espacios públicos, tengo bandas desde la adolescencia e interpretar un solo de guitarra es una actividad que me relaja más que el yoga. La vida del músico es diferente a la del escritor. Los escenarios te llenan de adrenalina. La escritura requiere soledad; aun así, la inspiración te puede sorprender en cualquier lado; he escrito en salas de espera de hospital, por ejemplo.

Rilke decía que si Georg Trakl hubiera pintado no se hubiera suicidado. El poeta al utilizar el lenguaje, al expandir los límites del mundo, corre otros riesgos. Creo que cada artista tiene más de una disciplina que lo acompaña. Para Pizarnik o Miguel Ángel Bustos fue la pintura. Para Mandelshtam o Paul Verlaine es la música.

Tu “La noche sagrada” (título también de una novela del destacado marroquí Tahar Ben Jelloun) fue publicitada editorialmente como “una reunión cumbre” (Edmond Jabés, Marina Tsvetáyeva, ÓsipMandelshtam, entre otros). ¿Qué otras reuniones cumbres nos propondrías?

JG — “Reunión cumbre” es el título del prólogo del libro, hecho por María Malusardi, una gran amiga. Me interesa mucho el encuentro entre los poetas Miguel Ángel Bustos y Jacobo Fijman en el Hospital Borda. El encuentro entre Pizarnik y Bustos.

Entre Pizarnik y Susana Thénon. Entre Freud e Hilda Doolittle. Alguna reunión en la casa de Oliverio Girondo donde estuvieran Olga Orozco, Pizarnik, Juan-Jacobo Bajarlía, Edgar Bayley y Norah Lange. Una reunión de redacción de los integrantes de la revista “Poesía Buenos Aires”.

Uno tiende a idealizar esos encuentros, creo que entre Proust y James Joyce no hubo más que un “hola”. Para ser sincero, se trata casi de una cuestión de religiosidad. Me gustaría decir: “En este lugar se encontraron Bustos y Fijman” y armar un altar allí.

Me fascinan los mitos urbanos, las pintadas de los compañeros de algún pibe que mató la policía o los retablos que la gente levanta en homenaje a personas fallecidas. Que conviertan en una santa a una chica de las bailantas. Son pequeños restos de religiosidad ardiendo como fuegos, alumbran y dan calor a esta noche en la que estamos.

Acabo de releer, Javier, del Nº 8 de “Vestite y Andate”, un interesante artículo tuyo sobre Sylvia Plath: “Vestida para la ceremonia”. Ya a más de tres lustros de aquello, ¿qué tanto ha seguido atrayéndote su vida y su escritura?

JG — Me sigue atrayendo esa estructura de tragedia griega que tiene su vida: de la estudiante brillante al electroshock, de la tapa de “Madeimoselle” a meter la cabeza adentro del horno. Y en medio de todo esto, como Casandra, esa videncia que es la poesía. Estaba casada con otro genio, Ted Hughes, pero en el momento de la separación ella parece decir “yo voy a ser más grande que vos, yo voy a ser un mito”.

Quizás sean la pareja perfecta. Desataron fuerzas tan inmensas que los sobrepasaron y les iban a costar la vida. Jugaban a la Guija, leían “La diosa blanca” de Robert Graves, sabían de astrología. ¿Cómo no amar a Sylvia Plath o a Anne Sexton? Redacté esa nota en sintonía con algunas circunstancias que describo en “Diario de abstinencia”.

Y cuando escribí sobre Anne Sexton también utilicé material autobiográfico. ¿Será el confesionalismo? Creo que los chicos que hoy se deslumbran con Sharon Olds tendrían que releer todo lo que escribieron Sylvia Plath, Anne Sexton y AdrienneRich.

¿Qué destreza, te parece, es necesaria para deslindar el esto y el eso cuando es aquello lo que deseamos?

JG — Entender que el deseo existe a condición de no ser satisfecho. Como la escritura, es un juego de tensiones y distensiones que nos agota y silencia, pero siempre puede resurgir. No dejar de buscar aquello, aun sabiendo que habrá desvíos y es probable que nos extraviemos en el camino. Pero en esos desvíos acecha la vida. En palabras de Samuel Beckett: “Fracasá más, fracasá mejor”.

¿Zumbido, gorjeo, maullido, gorgorito o aullido?

JG — Aullido, aún antes de leer a Allen Ginsberg. Ladridos a la luna, la película “The Wall”, el libro “El grito primal” de Arthur Janov o una suelta de lobos hacia las cúspides gélidas de las tierras sin perdón. Es la furia, pero también el andar enfermo de algún animal. El brujo Don Juan le dice a Carlos Castaneda que la muerte nunca se detiene. Como escribió Jorge Leonidas Escudero: “Es un perro en la noche, desde lejos, / que me dice / lo que no acaba nunca de ladrar”.

De los siguientes satélites, ¿cuáles orbitan más cerca de tu planeta?: Roberto Juarroz: “La poesía es la sinceridad con que habla en nosotros lo que no conocemos. Única vía veraz de aquello que cimenta nuestra ignorancia.” René Char: “El poeta no tiene sino satisfacciones adoptivas.” Eleonora D’Alvia y Juan Eugenio Rodríguez: “La poesía sería el lugar reservado a lo imposible. La poesía es un decir de lo imposible de ser dicho. El poeta mediante su acto da cuenta de que fue causado. Se vale de su falta.” H. Bloom: “La poesía es la angustia de la influencia, el malentendido, la perversidad disciplinada. La poesía es incomprensión, tergiversación, desacuerdo. Es el romance familiar. Es el encantamiento del incesto, disciplinado por la resistencia a ese encantamiento”.

JG — Creo que esos cuatro satélites merodean de alguna forma mi planeta, pero esta noche estos dos cometas se acercan y fulguran: “La poesía es no tener algo que decir y decirlo; nada poseemos” de John Cage. Y “El poeta es un dios, o el joven poeta es un dios. El poeta viejo es un vagabundo” de Wallace Stevens.

Javier Galarza

Javier Galarza selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:

Fragmentos de un poema imposible

Para Alberto Galarza, en memoria

los ojos encendidos de una orfandad que hoy es la mía

padre estás volviendo a casa

padre estoy volviendo

padre qué nos has traído

de niño me asustaba pensarte solo y perdido

hoy que yo estoy

solo y perdido

quién soy padre rilkeanheart san francisco

asís mismo tu hijo de corazón salvaje

debo nombrarte para aprender a perderte

debo nombrarte para aprender a ganarte

sigo buscando mis límites

qué nos cansamos de no decirnos

qué nos cansamos de no hablar

carga en tus brazos al niño que fui

yo sostengo ese cuerpo cansado

desde el hombre que hoy no está

cargo en mis brazos al niño que fuiste

en quién hablo cuando callas

padre color de ojos indescifrable

(de “El silencio continente”)

arder (II)

ardo

padre no ves

que ardo?

ves—

la ves a ella

no la ves

estoy

prendido fuego

encendido

recaliente

como si dijera

como si

intentara como

si pudiera

preguntar/le:

cómo tocarte

con manos

de este mundo

  • Freud analiza un sueño donde un hombre, velando el cadáver de su hijo, sueña que el cuerpo se incendia con las velas y el chico se le presenta preguntándole: padre, no ves que ardo?

(de “refracción”)

leyenda lipo

intenta asir el reflejo

de la luna en el agua:

morirá ahogado.

cosas que ocurren

cuando no hay lugar

para la metáfora.

(por qué Eco favorece

al enamorado de sí mismo?)

*Leyendas diferentes de dos muertes: las del poeta lipo y la de narciso

(de “refracción”)

LA HENDIDURA

Algo en la alternancia

entre los colores de la tinta

y la hendidura certera

de la pluma sobre el papel,

lo blanco. Sea la pluma,

el canto o la voz, como el eco

que vuelve con el viento,

y sea esta luz también

que alumbra las aperturas

del mundo, aún en la noche,

el estilo o estilete que rasga

el blanco de la hoja.

 

(de “Lo atenuado”)

DESTIEMPOS

Llego pronto a tu antes,

palpo los nunca de tu respiración agitada.

Cuando callás, algo silencia más allá de vos,

y cuando cerramos los ojos,

todo duerme en algún lugar.

Esto está hecho de gestos desesperados,

de destiempos, no tiene sujeción:

donde vos calculás, yo me deshago,

donde vos te mostrás, yo me desarmo.

Sos la regla que confirma la excepción,

lo espectral. Vivo en un no instante,

entre el ya no de tu partida y el aún no

de quien serás.

(de “Lo atenuado”)

SILESIUS

No indagues la naturaleza del vínculo

que como la rosa de Silesius

florece sin porqué,

una pregunta puede permanecer abierta

para evitar la clausura del sentido,

el misterio entonces

aguarda en los signos,

está en ‘lo abierto’,

en el campo de ‘la percepción pura’

(8ª Elegía de Rilke),

‘florece porque florece’,

toca la penumbra del Medioevo

y las visiones de las místicas.

El sentido: eso ‘tapona’, dijo Lacan

pero quien pierde su verdad

aún conserva la chance de hallar algo.

El perfume se creó para tapar

el olor de los cadáveres,

la palabra ‘humo’ está contenida

en su etimología (del latín per, ‘por’

y ‘fumare’, ‘a través del humo’),

lo cinerario es la base de lo que huele bien.

Escribe Silesius que la rosa

no es consciente de su belleza

ni se pregunta si alguien la mira.

Y todo un caudal de mundo

se despliega allí

sin explicaciones.

(de “Chanson Babel”)

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