N° de Edición 7363
Educación

Educación: «La Evaluación Pendular» Por: Profesor Miguel Escudero

TESTESTE

EDUCACION.

Educación. El gobierno de la provincia de Buenos Aires pretende volver al ya conocido sistema de aplazos en los distintos niveles de la enseñanza, que fue eliminado por el gobierno anterior en el 2014, quien nunca explicó detalladamente cuales fueron las razones de tal determinación.

Seguramente alguna motivación demagógica y populista llevó a tomar esta medida al poder provincial de turno en ese año.

Por: Profesor Miguel Escudero

Redacción: Evangelina Bernal

Según las informaciones recibidas en éstos días por los medios periodísticos más prestigiosos, ahora el péndulo del reloj del tiempo político se dirige desde la izquierda al otro extremo, como si este cambio de paradigma fuese la solución en la evaluación de los estudiantes y garantía de alcanzar los objetivos en el proceso  de enseñanza aprendizaje como resultado de excelencia y calidad en la formación de las nuevas generaciones.

Sin lugar a dudas, esta determinación apresurada lleva otra vez dentro de sí, a lago demagógico y quedar bien con el otro extremo del péndulo con aquellos que todo lo miden en los fríos números de las estadísticas y todo se sintetiza en éxito a fracaso.

¿Nos gusta ser calificados o medidos?

Ambas decisiones parten de un concepto erróneo, para volver a los aplazos hay que revisionar contextos sociales más amplios que exceden el ámbito propiamente de la educación, donde la familia es factor determinante en esta cuestión.

De alguna forma o manera la sociedad diariamente nos está midiendo o calificando a todos, y la pregunta es ¿Nos gusta ser calificados o medidos?, seguramente esta pregunta abre otro gran debate, pero todos sabemos que medir y calificar son acciones necesarias en una comunidad organizada con aspiraciones de superación, o por lo menos que lo pretenda ser.

Como todo tema que le interesa prácticamente a toda la opinión pública da para que personas con poca o ningún fundamento opinen respecto al tema, y lamentablemente su aporte genera más confusión, muchos de ellos la última vez que fueron a un estable cimiento educativo, fue cuando recibieron el diploma de la secundaria y se olvidan que en aquella oportunidad ya muy lejana eran alumnos.

Aplazo tradicional

El “aplazo tradicional” genera en el individuo (más aún si es niño o adolescente), un sentimiento negativo al no haber alcanzado aquel objetivo impuesto y no siempre bien explicado por distintas circunstancias.

Sin abandonar el contexto del ámbito educativo. ¿Cómo podemos resolver el problema que se presenta cuando un adolescente no concurre durante mas durante más de cuarenta días a clases programadas por el calendario escolar?, es evidente que el proceso de enseñanza aprendizaje por lo menos está incompleto; ¿cómo lo evaluamos?, esa es la cuestión, ¿repite, no repite?, ¿Cómo recupera, en que período o tiempo, y con qué docente? Estos son solo algunos interrogantes a resolver, y que no pasa por la decisión  personal o de una sola persona iluminada que ostenta  alguna forma de poder dentro del estado, en este caso, la Provincia de Buenos Aires.

A la hora de evaluar hay que ser precavido

El individuo asume el fracaso o la repitencia en forma distinta según en que etapa de la vida ocurre, por eso debemos ser muy precavidos cuando examinamos o evaluamos a niños o adolescentes. El tema de cómo califica el docente, debe ser tratado con mucha profundidad, por supuesto, los alcances de esta calificación,  si la misma tiene en cuenta el ámbito del niño o adolescente, y si los padres de éstos alumnos están al tanto de cómo es la evolución de sus hijos frente al proceso, enseñanza, y aprendizaje que reciben los alumnos, por lo menos en su evolución, no precisamente en los contenidos propios de los trayectos educativos, los números de calificación no siempre reflejan la realidad del aprendizaje y conocimientos adquiridos por el individuo.

Un estudioso de la problemática educativa, Daniel Santa Cruz, sostuvo recientemente en una nota periodística lo siguiente, “sabemos muy poco realmente lo que sucede en la escuela” y pienso que es una afirmación exacta porque el rendimiento académico, y por consiguiente el rendimiento escolar, no es el mismo cuando se desarrolla en distintas realidades sociales y distintos ámbitos edilicios o zonas geográficas con características diferentes.

Las instituciones educativas tienen perfiles distintos según el directivo, docente, y el entorno en el que se encuentran, y esta realidad tendrá incidencia en la evaluación de los educados. Si evaluamos para “incluir” al individuo y poder demostrar en estadísticas  falsas como se pretendió hacer “para demostrar” que no hay analfabetismo y el rendimiento educativo es “óptimo” para que el contexto del poder internacional nos apruebe, estaremos equivocando nuevamente el camino.

La inclusión

La inclusión debe ser con calidad educativa, de lo contrario no existe dicha inclusión y se transformará en un espejismo, la acreditación de saberes sin contenido es un pasaporte al fracaso del individuo ya sea del niño como el adulto.

Los indicadores internacionales a través de sus distintos organismos, OEA, UNESCO, OIT, etc., están de acuerdo en que el 80 % de los alumnos que terminaron la formación primaria comienza el ciclo secundario, pero solamente el 40 % aproximadamente se gradúan anualmente. Por ello, indudablemente la cantidad de adolescentes que abandonan la escuela secundaria es muy alta, es decir que no llegan a rendir su título secundario.

La pregunta es: ¿Cuál es la incidencia de la escuela primaria en la formación secundaria?, seguramente existe una relación directa entre ambos períodos formativos y los resultados del abandono de la escolaridad secundaria.

Si de lo expuesto, analizamos los puntos más destacados llegaremos a la conclusión que la evaluación en si en sus distintos criterios de medir las capacidades de los individuos no es el factor que determine la inclusión de las personas en la comunidad.

La evaluación

La evaluación es la aguja del instrumental que nos permite medir, pero la falla realmente no la detecta y seguramente el fracaso del aprendizaje se encuentra antes que los educadores evalúen su rendimiento. De toda esta realidad, no se puede prescindir poder realizar una breve reseña de los contenidos fundamentales y transversales de la educación, es decir, matemática, lenguaje, y castellano. Las estadísticas creíbles nos dicen que detectaron  que en el tercer año de la escuela secundaria el 60 % de los alumnos carecen de comprensión de textos y que, algo similar ocurre en la resolución de problemas matemáticos elementales.

Estas encuestas son formas de evaluación de un sistema educativo con muchos problemas y los niveles universitarios  crean distintos tipos de cursos para nivelar lo que debe hacer la formación primaria y secundaria.

Si el aprendizaje del niño, adolescente, o cursantes mayores no esta garantizado, una formación sin contenido tiene como resultado una evaluación también sin contenido, y estadística falsa, entonces la verdadera inclusión se encuentra en las personas que se enriquecen con la educación y lo aprendido en las aulas que realmente garanticen el objetivo de la educación en todos sus establecimientos y niveles.

El aplazo no soluciona el problema del rendimiento escolar

Ahora el péndulo de la campaña hará tañir el bronce del lado derecho y no crean quienes “tiran de la cuerda” que con “aplazos” se resuelve el problema, de lo contrario, nos encontramos frente a otro acto demagógico, uno más, de tantos que vivimos los ciudadanos argentinos.

Por lo tanto que los ilustrados y académicos no piensen que pidiendo rendimiento escolar del 1 al 10 el problema será resuelto, la sociedad espera que las oscilaciones del péndulo encuentre el sano equilibrio entre los extremos , y el sentido común de todas las partes involucradas.

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