N° de Edición 6824
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Liniers equivoco el camino y ahora deberá exigirse en la revancha

Liniers equivoco el camino y ahora deberá exigirse en la revancha.

En la primera final Liniers no mostró su mejor versión y por errores propios se fue con las manos vacías.

Un gol inesperado cambió el rumbo del partido.

Por Víctor Marinelli  

Los primeros minutos fueron de estudio. A la tradicional formación de Real Pilar opuso La Topadora el tradicional dibujo del 4-4-2 pero con la impensada novedad de Gonzalo Biedma (apenas había jugado 189 minutos en el torneo) por el carril izquierdo y Santiago Szerdi de punta. No sabemos bien cuál fue la idea de Damián Troncoso, pero la realidad es que no dio ningún resultado.

A los 6 minutos lo tuvo Trovento, el jugador más influyente en los locales, que entrando por derecha exigió una gran intervención de Acosta que tapó el envío que llevaba destino de red. La pegajosa marca de David Sueldo sobre Sellecchia fue otra de las situaciones que Liniers no pudo superar. De allí que prácticamente toda la capacidad ofensiva quedaba reducida a lo que pudiera generar Szerdi, que cumplía más una función de media punta, tal su característica natural.

Si bien Liniers hacía circular criteriosamente el balón a través de la producción de Galván, carecía de profundidad. Otra aparición de Trovento por derecha a los 22 terminó con un remate que se fue cerca del palo derecho de Acosta. El partido alcanzaba por momentos muy buen nivel técnico, aunque sin llegadas a los arcos.

En ese contexto fue Liniers el que manejó el trámite y tras gran combinación una chilena de Galván dentro del área rebotó providencialmente en un defensor. Sobre el final Szerdi, de gran despliegue, recibió de Sellecchia y remató apenas desviado sobre el poste izquierdo de Sultani.

La primer llegada fue del local en el complemento con un remate desviado de Chimeli luego de un mal rechazo defensivo. Respondió el celeste con un envío de Vidal que rebotó en Diego Sosa y otro de Potarski de media distancia que controló con eficiencia Sultani. Liniers mantuvo el control en virtud de un medio campo que imponía condiciones. Corría el cuarto de hora y la sensación era que si el celeste se animaba lo podía ganar, pero para ello debía introducir un cambio ofensivo.

Lo más razonable era sustituir a Biedma que poco había aportado haciendo ingresar un delantero. Esa no fue la idea del técnico, que en cambio debilitó el medio campo con la salida de Coronel. Tras cartón, el gol, una pelota perdida en el medio y llegó la asistencia a Crego que con un remate que se desvió en un defensor y alcanzó una parábola que superó la salida de Acosta.

Inmediatamente lo tuvo Rosas de cabeza pero salvó el arquero. Si el medio campo quedó debilitado con la salida de Coronel mucho más lo estuvo con la de Lynch. Liniers no pudo recuperarse del inesperado gol y por momentos se descontroló. Acosta a los 31 evitó con su pecho el segundo tanto, pero en la jugada siguiente y de un lateral Chimeli convirtió. Recién faltando 10 minutos ingresó Gauna por Biedma, en lo que debió ser el primer cambio. El celeste totalmente descompensado en el medio, tan sólo con Galván en la contención, debió sufrir en cada escalada del Monarca.

La única acción de peligro la generó Willian Giménez pero una vez más salvó Sultani. El local en los minutos finales prefirió florearse, cometiendo el gran error de dejar con vida a La Topadora.

La idea que terminó flotando para la revancha es que Liniers en su estadio, con otro contexto diametralmente opuesto, es capaz de dar vuelta la situación, tal como indica su historia.

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