N° de Edición 7413
Cultura

Rolando Revagliatti: ‘Trompifai’

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Rolando Revagliatti: ‘Trompifai’

Epílogo para una reedición

El espíritu de juego, y un ligero escepticismo de fondo parecen presidir la poesía de Rolando Revagliatti, volcada al doble y a ratos confluyente cauce de la poética y la humorística. Ambas vías, decía Macedonio Fernández, son igualmente desestabilizadoras de las rutinas mentales y la habitualidad del vivir.

Por Graciela Maturo, 2008

Desde luego, no es necesario pensar que el juego es expresión de frivolidad o descompromiso. Como este libro lo muestra, puede haber en él un trabajo de incesante descubrimiento, sorpresa y recreación, en este caso ejercido sobre la base del cine, ese gran arte del siglo Veinte que ha reunido y reformulado a las artes todas.

Es éste un libro singular, construido metódicamente como escritura que parte de filmes, consignados en forma puntual, que abarcan ochenta años de cine. Es en cierto modo una “historia” del Séptimo Arte, pero también una cierta revisión sesgada de la vida contemporánea, nuestra vida, la vida del autor. Los jóvenes descubrirán y gozarán en estas páginas un tramo que desconocen, los que hemos vivido esos años, y conocemos la mayor parte de esa filmografía, disfrutamos duplicadamente de este revival. Pero no se malentienda lo que digo. Revagliatti no hace una descripción ni un comentario crítico de las películas que menciona. Su creatividad, inteligencia y humor se ejercen sobre la imagen visual como punto de partida para una síntesis imaginaria o reflexiva, siempre sorprendente.

Es oportuno recordar que Rolando Revagliatti es psicoanalista, cursó estudios de cine y ha tenido experiencia actoral y directiva en el teatro, además de ser un obstinado espectador de cine, y sobre todo un poeta. Esa multiplicidad de experiencias se muestra en ‘Trompifai’, donde exhibe su conocimiento de todo el cine especialmente europeo y americano del siglo transcurrido, su amor por la imagen que fulgura en la pantalla, y su privilegiada capacidad de gozador y analista de imágenes, sucesos y expresiones que no pertenecen sólo al cine sino a cada instante de la vida.

Su escritura coloquial, despeñada sin interrupciones, pero también ceñida y sobria cuando su intención lo requiere, afronta el riesgo de caer en el facilismo, del que sale airosa, y elude a conciencia el desborde afectivo, la complacencia, el engolamiento. Sus poemas, generalmente breves, recorren el cine mudo y algunos realizadores de los años 30 y 40, extendiéndose a décadas recientes. La edad del autor nos parece mayor a la que realmente tiene, hasta tal punto se apodera de una atmósfera anterior a su propia infancia, y se muestra capaz de capturar ese especial “encanto del pasado reciente” de que hablaba Bioy Casares. Todo adquiere una implícita connotación infantil, adolescente y familiar para este visor que se pretende impávido. Remueve emociones, pese a su temple crítico y su ironía.

Este libro es uno de los cuatro que Revagliatti ha dedicado al cine. Ante cada film, tiene el don de sintetizar un clima, resumir una narración o penetrar el sentido con una frase. Su discurso, a imitación del “discurso fílmico” varía el enfoque, el encuadre y la velocidad, como lo haría un director de cine. También se evidencia esta inclinación en el recurso a procedimientos cinematográficos como la fusión, la detención, etc.

Los juegos de imágenes se superponen a los juegos de palabras en esta sucesión de experiencias que no son meramente las de un receptor sino las de un creador que continuamente organiza y recrea, interfiere con su propia voz, su pensamiento o su salida de tono. Es un histrión que se muestra y se oculta. Su cultura cinéfila le da pie para la introspección, la reconstrucción de la adolescencia, la vida familiar, erótica, artística, desde una mirada ubicua y perspicaz.

No todo es visual, evidentemente, en estos textos.  El lenguaje, que pasa por el habla ciudadana en todos sus matices, se hace anti-solemne y desenfadado en grado sumo. Próximo al humor, aborda el brusco contraste, la conclusión inesperada, la desmitificación, el chiste, la comicidad. Lo vemos recurrir a múltiples tonos y modalidades, como la parodia de otros textos, la recurrencia a letras de tango, boleros, catálogos, enumeraciones, noticias periodísticas, carteles publicitarios, anotaciones sueltas.

La perspectiva -ocular o reflexiva- tiene una particular movilidad. Quien habla es un yo sólo a veces explícito, generalmente disimulado en una aparente objetividad. Pero la imagen se tiñe de matices personales, subjetivos y aun sentimentales.  Revagliatti ha frecuentado una poética muy argentina que pasa por la cultura barrial, afectiva, cultivada por letristas populares, sainetistas, o por poetas como Nicolás Olivari –uno de sus innegables maestros– o Raúl González Tuñón.

Toda una época aparece ante nuestros ojos centrada en el cuadrado mágico del cine. Los personajes -desde el inefable Carlitos y su antagonista, Trompifai, hasta los héroes del Far West o las actrices italianas- se adelantan, violan el límite inmanente del film -a la manera de La Rosa Púrpura del Cairo- y descienden a la butaca, o bien llevan consigo al espectador que los contempla. Así ficción y realidad tienen caminos de ida y vuelta que los conectan.

En algún caso son los personajes mismos los que toman la palabra. El comentarista-poeta-crítico que habla del film se apodera de las máscaras, para mostrar que no sólo repasa una posible historia del cine, sino que revisa la historia propia, y la historia toda de este tiempo: la guerra, la posguerra, los dictadores, la represión, el exilio, los regresos, el amor, el sueño, las infracciones, la risa, el arte, los genios, la nostalgia.

Desfila aquí el cine francés, Godard con su leve ironía y sus tonos bajos, el cine italiano, inexcusable, con la emotividad y la risa de Tornatore o Ettore Scola, el cine sueco, con su velado moralismo, el cine norteamericano, alemán, polaco, español, latinoamericano y, por supuesto, argentino, desde las películas de María Duval y Golde Flami, “la buena” y “la mala”, hasta “GATICA, ‘EL MONO’” de Leonardo Favio. Un cine ingenuo, que adquiere el encanto del pasado, un cine dramático, como lo ha sido nuestra vida.

Creo que el tiempo es el gran protagonista de este volumen. El permanente rescate de lo anterior, la incorporación de tarjetas postales que pertenecen a una época superada, extiende considerablemente la sensación del “tiempo vivido”. Observador frío por momentos, en otros, espectador enamorado, el autor planea por encima de su creación, se resguarda, incita o participa. Hace una nueva “función”, espectaculariza a partir del film para dar a conocer algo de la condición humana, mientras “aquella sangre de la mujer ésta en mi cara”. Su poema “Súper ocho” ejemplifica este espíritu, al ofrecer una curiosa “función” en que actores de lo más diversos cumplen roles insólitos.

El poeta–histrión-director cierra su libro, transido de humanidad y tiempo recorrido, y el lector reprime una lágrima o una sonrisa, abrumado por el cuadro tragicómico de la vida, por el peso de la historia que el arte aligera y hace soportable. Sabe que la pasión de Marcello y Sofía se continúa en miles de copias, y que la poesía a su turno le alcanza otro nivel de diálogo para compartir las experiencias de la vida y la palabra.

Epílogo de Graciela Maturo para la edición electrónica del poemario “Trompifai” de Rolando Revagliatti.

Muestra poética de ‘Trompifai’

Trompifai

Entre ceja y ceja

yo

entusiasmado

por una damita a la que conturba

mi grandilocuencia

 

Protagonistas: ¡A mí!

Antagonistas: ¡Conmigo!

 

 

*

 

 

¡Ah!, pasionado

irrefrenable malo

el físico del rol

 

¿Brutus

alardea también desde los años

16 y 17?…

 

 

*

 

Me lo presentaste por el seudónimo

en mi tierna infancia

 

El tono de tu voz nombrándolo

conservo en un disco de pasta

 

Tu admiración por él

su imagen sin sonido

 

El humor tuyo y sus bravuconadas

en 1953

 

Ojo, que está furioso

Papi, rajemos con Carlitos.

 

 

**

Carlitos

 

 

El que acreditaba existir

antes de ser inventado

da lástima y risa

 

Empapela el bailarín

seduce el gastronómico

trasnocha el peluquero.

 

 

**

“THE GOLD RUSH”

 

 

Quimera medida en clavitos que saben

a espinas de pejerrey al roquefort

 

La exploración

de una quimera

 

A un placer consagratorio

placeres adjuntos

 

La quimera de la satisfacción

la quimera de la satisfacción del hambre

oro y saciedad

 

La quimera del Trópico

Quimera medida en cordones de un zapato del Vagabundo

que saben a mostacholes bombásticos con salsa scarparo.

 

 


“THE GOLD RUSH” (“LA QUIMERA DEL ORO”) de Charles Chaplin.

 

 

 

**

 

 

 

Súper ocho

 

 

Acciones simples:

Robert Redford simula sostener una pared surcada por hormigas

José Wilker simula entrar por la puerta de calle

Toshiro Mifune simula saltar por una ventana ovalada

Lautaro Murúa simula esconderse debajo de una alfombra raída

Max Von Sydow simula probar los endebles sillones

Arturo de Córdoba simula espiar a través de una Trabex

Ugo Tognazzi simula silbar en la amplia cocina

Enrique Serrano simula condimentar zapallitos rellenos con arroz

Jean Paul Belmondo simula abrir cuidadosamente el botiquín

Ubaldo Martínez simula secar los deslucidos azulejos

Laurence Olivier simula barrer el garaje

José Sacristán simula rezar contrito en el jardín

Klaus María Brandawer simula dormir en la azotea

al concluir la larga morosa intrusiva última toma

de mi último moroso simulado más logrado filme de paso reducido.

 

 

 

**

 

 

 

Sofía & Marcello

 

 

Marcello cabecea huevitos de codorniz

Sofía contempla con una lágrima los zapatos vacíos

y sortea sus besos presos cada fin de semana

 

Marcello la confunde con la cruda Parca

Sofía se rapa musitando unos nombres

Marcello putañero apostrofa en calabrés

dentro del suntuoso vestidor del piso de Sofía

 

Viuda sofocada

se carga Sofía

a un carabinero

 

Hurta y come Marcello las asimétricas croquetas

de las bandejas de un rey de mentirijillas

e insemina para la eternidad en millones de copias

a la cuantiosa Sofía de una única noche apasionada.

 

 

 

**

 

 

 

Nacidas

 

 

Linda pero buena

nacida para buena

María Duval me quiere optimista y esforzado

recto y esclarecido

fiel, presentable, sincero y cariñoso

generoso, piadoso y sentimental

semental, prudente y oportuno

 

La mala de la película ha visto a la buena conmigo

paseando por Gual e Itaquí

y calumnia

 

Ha visto a la buena de la película

congeniando conmigo

y difama

 

La detractora mala de la película

me ha oído susurrándole a la buena

la idea fundamental de la filosofía de Descartes

y detrae

 

Ha oído a la buena de la película bisbiseándome

lo que a su entender entraña el concepto de coincidentia oppositorum

y denigra

 

Visto y oído

calumnia, difama, detrae, denigra e injuria

 

Nacida para mala

en cambio, Golde Flami, linda

sólo me quiere

para su exclusivo lucimiento.

 

 

 

**

 

 

“GATICA «EL MONO»”

 

 

¡Forros, forros!

para la calavera del monito

colándose entre las tetas de la nueva

¡y a mí se me respeta, Babilonia!

 

Ruge en la leonera la Argentina de parranda

estábamos para ganar en donde fuera

tengo razón ¿o no?

y dedico a mi perro este triunfo

 

Mono del pasado que vuelve

versus

tigre puntano del presente que se va

 

Audiencia para hablar conmigo

¡las pelotas!

calientita la noche cagada por mi culpa.

 

 


“GATICA «EL MONO»” de Leonardo Favio.

 

 

 

**

 

 

 

“EINE LIEBE IN DEUTSCHLAND”

 

 

De ese testigo

en su chupetín

la esvástica

 

Privilegiado

él condena

 

La esvástica

de ese testigo

privilegiado

refulge

y condena

 

en su propio

chupetín.

 

 


“EINE LIEBE IN DEUTSCHLAND” (“UN AMOR EN ALEMANIA”) de Andrzej Wajda.

 

 

 

**

 

 

 

“UNA GIORNATA PARTICOLARE”

 

 

Torrenciales eyaculadores del fascio se pavonean concitando

los múltiples orgasmos de las multíparas multiparidoras

unipartidarias multitudes

 

Una jornada muy histórica

la del ser ¿qué humano?

 

Y los tres verdaderos mosqueteros

leyeron en voz alta la clásica

novela de una sola mujer.

 

 


“UNA GIORNATA PARTICOLARE” (“UN DÍA MUY PARTICULAR”) de Ettore Scola.

 

 

 

**

 

 

 

“MATADOR”

 

 

Ser

resarciéndose

muy de a mucho

matar siendo

en el resarcirse

 

ser o no ser matado

ser matador o no ser

 

queridos genitales: éxito

 

a la excitación dilacerante

y tauro

el eclipse.

 

 


“MATADOR” de Pedro Almodóvar.

 

 

 

**

 

Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires (ciudad en la que reside), la Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos, relatos y microficciones y quince poemarios, además de otros cuatro poemarios sólo en soporte digital. En esta condición se hallan los Tomos I, II, III, IV y V, conformados por 128 entrevistas realizadas por Revagliatti, de “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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