N° de Edición 7364
Cultura

Los Palabristas de hoy y de siempre: Guillermo Cabrera Infante

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Los Palabristas de hoy y de siempre: Guillermo Cabrera Infante.

Estimados lectores: gracias por acompañarnos nuevamente con su lectura a través de Diario NCO desde un sector de Los Palabristas de hoy y de siempre, revista literaria que fundé y dirijo desde el año 2001.

La reseña biográfica de la semana es sobre Guillermo Cabrera Infante (GibaraCuba22 de abril de 1929 – Londres21 de febrero de 2005) fue un escritor y guionista cubano, que después de exiliarse de su país obtuvo la ciudadanía británica. Obtuvo el Premio Cervantes 1997.

Nació el 22 de abril de 1929 en Gibara (en ese entonces provincia de Oriente, ahora Holguín). Era el hijo mayor del periodista Guillermo Cabrera y de Zoila Infante, ambos militantes comunistas y fundadores de la organización del partido en Gibara, razón por la cual fueron arrestados con Cabrera Infante, quien entonces, a los siete años de edad, pasaría varios meses en prisión.

A los 19 años, escribió, producto de una apuesta, una parodia de El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, que llevó a Bohemia. Para su asombro, la revista la publicó (1948) y, según Cabrera Infante, “lo que ocurrió entonces, cambió mi vida definitivamente”.

Inició estudios de Medicina, que dejó para pasar a Periodismo en 1950, pues ya empezaba a descubrir que sus aficiones, la literatura y el cine, serían las pasiones a las que dedicaría su vida. Ese año.

Como castigo, se le prohibió publicar con su nombre, asunto que fue resuelto mediante el uso del seudónimo G. Caín, una contracción de sus apellidos.

En 1954, se convirtió en crítico cinematográfico de la revista Carteles en la que firmaba con su seudónimo (que utilizaría posteriormente en algunos de sus guiones) y con la que colaboraría hasta 1960.

En las postrimerías de la década del cincuenta, Cabrera Infante escribió la mayor parte de las historias que serían compiladas más tarde en Así en la paz, como en la guerra.

Se casó con Marta Calvo (1934) en 1953 y tuvo con ella dos hijas (Ana, en 1954 y Carola, en 1958). Sin embargo, cinco años más tarde conoció a la actriz cubana Miriam Gómez, con la que se casó el 9 de diciembre de 1961 tras divorciarse de su primera mujer.

Tras la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, Cabrera Infante, que había apoyado la Revolución cubana, fue nombrado director del Consejo Nacional de Cultura, ejecutivo del Instituto del Cine y subdirector del diario Revolución (actual Granma), encargándose de su suplemento literario, Lunes de Revolución, en el que pretendía llevar a cabo los sueños de libertad y desarrollo cultural de la revolución.

Sin embargo, sus relaciones con el régimen pronto se deterioraron, debido al corto que Orlando Jiménez Leal y su hermano, Alberto «Sabá» Cabrera Infante (1933-2002), rodaron a finales de 1960.

El corto P.M., el cual, sin una estructura definida, describía las maneras de divertirse de un grupo de habaneros durante un día de finales de 1960, fue prohibido al año siguiente por Castro.

Estalló la polémica en las páginas de Lunes de Revolución, hasta que el suplemento fue suprimido (1961). La luna de miel de la revolución cubana con los intelectuales tocaba a su fin.

En su discurso del 30 de junio de 1961 (Palabras a los intelectuales), Fidel Castro pronunció su célebre frase Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada.

Cabrera Infante fue enviado a Bruselas en 1962 como agregado cultural de la embajada cubana. Durante su estancia en Bélgica, escribiría Un oficio del siglo XX (1963).

Allí viviría con su segunda esposa, Miriam Gómez hasta 1965, cuando debido a la repentina muerte de su madre, vuelve a la isla.

En Cuba fue retenido por el Servicio de Contrainteligencia durante cuatro meses, hasta que finalmente pudo salir hacia el exilio, llevándose a las dos hijas de su primer matrimonio.

Cabrera Infante y su familia fueron a Madrid y luego a Barcelona. Sin embargo, las dificultades económicas y la negativa del régimen franquista a regularizar su situación le movieron a mudarse a Londres, donde se instaló definitivamente.

La experiencia del breve retorno a su isla natal sería plasmada en su libro Mapa dibujado por un espía, publicado póstumamente en 2013.

En 1968 publicó en esa ciudad su primera novela de repercusión, Tres tristes tigres —TTT, como él la llamaba—, que originariamente se denominó Ella cantaba boleros. Se trataba de una versión, notablemente retocada, de su anterior trabajo Vista del amanecer en el trópico (premio Biblioteca Breve 1964 de Seix Barral).

Se caracteriza por el uso ingenioso del lenguaje introduciendo coloquialismos cubanos y constantes guiños y referencias a otras obras literarias. En ella relata la vida nocturna de tres jóvenes en La Habana de 1958.

En Cuba, la obra fue tildada de contrarrevolucionaria y Cabrera, expulsado de la Unión de Escritores y Artistas, fue calificado de traidor.

Crítico implacable del régimen castrista, nunca regresó a Cuba y se negó a que sus obras Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto fueran publicados dentro de la línea de edición de emigrados del Ministerio de Cultura.

A principios de los años 1970 se instaló en Hollywood para dedicarse al mundo del cine como guionista, con discreto éxito. Trabajó para la película Bajo el volcán, de John Huston, basada en la novela de Malcolm Lowry

Dos años más tarde colaboró muy de cerca con la investigadora y traductora de literatura latinoamericana Suzanne Jill Levine, quien, junto con Donald Gardner, tradujo Tres tristes tigres, que se publicó con el título de Three Trapped Tigers.

En 1979 obtuvo la ciudadanía británica. Ese mismo año publica su segunda obra más reconocida, la novela autobiográfica La Habana para un infante difunto.

Ganó el Premio Cervantes en 1997 y en 2003, el Internacional de la Fundación Cristóbal Gabarrón en la categoría de Letras.

De salud delicada en sus últimos años, fue ingresado en el Chelsea and Westminster Hospital de Londres debido a una fractura de cadera.

Allí contrajo una septicemia por la que falleció el 21 de febrero de 2005. ​ La noticia de su muerte no fue recogida en Cuba.

Su estilo se caracteriza por los continuos retruécanosparonomasias, agudezas, uso del hipérbaton y traslaciones idiomáticas, con los que intenta imitar el ritmo sincopado del jazz.

En virtud de estos atributos, el crítico Enrico Mario Santí llegó a declarar que Cabrera Infante encarnaba, como ningún otro escritor, el estilo literario de la nación cubana, ya que su sentido del humor, el «choteo» cubano, reflejaba un modo de ser muy arraigado en la literatura y la vida de la isla.

También Fernando Savater ha aludido a esta característica de su obra: «Guillermo Cabrera Infante ha cultivado en el más alto grado el sentimiento cómico de la vida: pero no como opuesto al sentimiento trágico, sino como una variante que lo agrava”

También es autor de poemas visuales.

Su influencia es visible en la obra de autores de otras generaciones, como en La guaracha del Macho Camacho del puertorriqueño Luis Rafael Sánchez o en Última rumba en La Habana del cubano Fernando Velázquez Medina.

Después de su muerte

En 2009 aparecieron los primeros signos de una reconcilación de Cuba con el escritor, después de que los periodistas Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco.

Ganaran ese año el premio de ensayo de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, cuya editorial publicó el texto —más de 300 páginas sobre la vida y trayectoria de Cabrera Infante desde su infancia en Gibara hasta que abandonó definitivamente la isla en 1965— en 2011.

para el filósofo y narrador Fernando Savater, «esta publicación no es más que la típica jugada de los burócratas de las dictaduras moribundas, que intentan echar el lazo a escritores y artistas relevantes de la disidencia».

y «fingen un reconocimiento tardío a sus méritos ensalzando sus logros creativos para mejor difuminar su oposición al régimen, que queda soslayado como algo circunstancial y menor».

«Tal es la operación que pretenden hoy llevar a cabo los gestores del castrismo casi póstumo con la figura intelectual del autor que de modo más duradero, insobornable y consciente encarnó la denuncia de la dictadura caribeña: Guillermo Cabrera Infante».

«Falta la voz esencial de la compañera constante y más íntima colaboradora del escritor, Miriam Gómez. Cuantos conocimos a Guillermo no podemos recordarlo ni imaginarlo siquiera sin Miriam.

Fue la primera lectora de todas y cada una de sus páginas, la destinataria de muchas y la mecanógrafa que puso en limpio la mayoría.

Ahora es ella quien se encarga con amoroso cuidado de preparar para la edición sus obras póstumas, así como de gestionar el resto de sus escritos, tras haber rechazado ofertas sospechosamente generosas del oficialismo cubano, probablemente más deseoso de enterrar esos libros que le comprometen que de sacarlos a la luz.

La ausencia de Miriam de esa tesis es más significativa, más devastadoramente significativa sobre ella que todos los testimonios recogidos allí».

Savater concluye que la edición del citado ensayo «es el abrazo del oso, el abrazo doloso que el castrismo agonizante quiere dar a su incansable opositor para aprovecharse de su nombre».

En 2012, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores comenzó a publicar las Obras completas de Cabrera Infante, que constarán de 8 o 9 tomos preparados por Toni Munné en estrecha colaboración con Miriam Gómez.

Novela

Tres tristes tigres, Seix Barral, Barcelona, 1967.

La Habana para un infante difunto, Seix Barral, Barcelona, 1979.

La ninfa inconstante, Galaxia Gutenberg, 2008 (publicación póstuma).

Ensayo

Puro humo (escrito originalmente en inglés con el título de Holy Smoke en 1985, Faber, London y Harper & Row, New York). Fue publicado en español en 2000, Alfaguara, Madrid.

Memorias

Cuerpos divinos, Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010 (publicación póstuma).

Mapa dibujado por un espía, Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg, Barcelona,

(publicación póstuma).

Artículos y volúmenes misceláneos

Vista del amanecer en el trópico, Seix Barral, Barcelona, 1974. (Edición ilustrada por Federic Amat en Galaxia Gutenberg, 1998).

O, Seix Barral, Barcelona, 1975

Exorcismos de esti(l)o, Seix Barral, Barcelona, 1976.

Mea Cuba, Alfaguara, Madrid, 1992. (También, Vuelta, México, 1993).

Mi música extremada, Espasa Calpe, Madrid, 1996.

Vidas para leerlas, Alfaguara, Madrid, 1998.

El libro de las ciudades, Alfaguara, Madrid, 1999.

Antologías

Ella cantaba boleros, Alfaguara, Madrid, 1996. (Incluye una de las líneas narrativas de Tres tristes tigres publicada de manera independiente por sugerencia de los amigo de Cabrera Infante Mario Vargas Llosa y Javier Marías).

Infantería, Fondo de Cultura Económica, México, 1999. (Preparada por Enrico Mario Santí y Nivia Montenegro).

Fuente: Wikipedia / epdlp.

Guillermo Cabrera Infante

La Habana para un infante difunto

(fragmento)

«Julieta me habló de pasiones imposibles, entre las que se destacaba su corazón cautivo en la mafia memorable de Félix Isasi.

Yo conocía a Félix sólo de oídas, primero porque era amigo de Ricardo Vigón y luego porque al conocerlo personalmente se empeñaba siempre en decir Faukelner en lugar de Faulkner, cuando hablaba de este escritor que fue su favorito.

Éstas eran las características que distinguían a Félix de mucha otra gente que conocí de pasada por ese tiempo. Pero la pasión que provocó más que produjo en Julieta me lo hizo ver con otros ojos.

Félix Isasi era un tipo alto, huesudo, de espaldas anchas y piernas largas, pero su boca hendida y su nariz dantesca lo hacían francamente feo.

Pero Julieta me confesó que se enamoró perdidamente de él cuando lo notó un día en el salón de lectura de la Biblioteca Nacional.

Allí, entre el hedor a humedad y el olor a libro viejo, en la fortaleza tomada por los tomos, Julieta vio a Félix leyendo (supongo que a su frecuente Faukelner) y sonriendo a la lectura, no al libro.

(Cómo pudo distinguir Julieta entre libro y lectura, es uno de los misterios mayores de la relación entre Julieta y la literatura).

Esa sonrisa silenciosa de lector activo bastó para producir en Julieta una pasión arrebatadora —que nunca llegó a consumar.

Esta vez no fue porque Julieta se empeñara en conservar su virgo intacta (ella se la habría entregado mil veces a Félix para que la violara como a un libro en rústica) sino que Félix padecía una enfermedad incurable que no quería transmitir a Julieta.

Supongo que esa enfermedad (Julieta no tenía la virtud de ser explícita en sus relatos o era explícita a espasmos) debía ser sífilis, el mal de amar que ya no era la virulencia venérea que amenazó mi adolescencia anterior.

Félix sufría esta enfermedad románticamente incurable (espiroqueta pálida al claro de luna) y él y Julieta tenían que resignarse a amarse sin consumar el acto de amor…

Estimados lectores espero les haya gustado este pequeño vuelo poético. Recuerdo a los lectores que aquellos interesados en publicar material de su autoría en Revista Literaria “Los Palabristas De Hoy y de siempre” Deben enviar sus escritos como adjunto en Word a la dirección electrónica siguiente: revistaliterarialospalabristas@gmail.com. Facebook: Revista literaria “Los Palabristas De Hoy Y De Siempre”. Que tengan un buen inicio de semana. Hasta el próximo lunes.

 

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