N° de Edición 7295
Cultura

Nicolás Robbio: Resignifica el legado de Borges en Argentina

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Nicolás Robbio es un joven artista cuya obra refleja su atracción por la tecnología, la ingeniería y el conocimiento científico y matemático, utilizando materiales sencillos y cotidianos.

“La literatura se puede leer como ciencia y la ciencia se puede leer como ficción”, dice en Madrid a Télam, Nicolás Robbio, un joven artista cuya obra refleja su atracción por la tecnología, la ingeniería y el conocimiento científico y matemático, junto al interés por referentes como René Magritte, Richard Buckminster Fuller, Nikola Tesla o el mismo Jorge Luis Borges.

“Me gusta la física, la matemática, la literatura, en particular por aquellos lenguajes que el hombre ha construido para poder agarrarse de algo, de aquellas verdades que no son más que ficciones de una realidad inabarcable”, agrega Robbio.

“Lo que más me interesa de los lenguajes, no es exactamente la forma correcta de usarlos, sino poder expresarlos desde otra perspectiva”, continúa.

La Casa Encendida, uno de los centros culturales y sociales más importantes de Madrid, alberga por estos días “Ejercicios de resistencia”, la exposición de Robbio compuesta por varias instalaciones que parten de la idea del dibujo entendida como un proceso de expansión en el que se evidencian dos conceptos fundamentales de su obra: la idea de gravedad y el dibujo como acto de resistencia, en el marco del circuito Argentina Plataforma Arco, complementario de la Feria de Arte Contemporáneo ARCOmadrid 2017, en la que Argentina fue país invitado.

“La Casa Encendida ha querido formar parte de las distintas iniciativas dedicadas a Argentina en el marco de Arco, con la intención de generar redes de colaboración con el arte argentino y latinoamericano”, dijo a Télam la vocera de la institución María Benítez.

“Hemos puesto el foco en Nicolás Robbio porque consideramos que es uno de los artistas más importantes de la escena latinoamericana, con unas líneas de trabajo que coinciden con las de la programación de La Casa Encendida”, agregó Benítez a la vez que refirió que “Nicolás Robbio es rioplatense de nacimiento y formación y, además, pertenece a la escena paulista, una dualidad que magnifica su trabajo”, observó.

El artista utiliza materiales sencillos y cotidianos como monedas, cuerdas, maderas, grafito, entre otros. Son elementos que generan movimiento y permiten reflexionar sobre la trasformación de la fuerza gravitacional en fuerza horizontal o vertical, evidenciando la sutil fragilidad en el acabado de sus obras. Con ellos, el artista habla de memoria y materia, de abstracción y geometría a través de la lógica del dibujo.

“El mínimo movimiento en constante repetición crea volumen, la disciplina transforma una simple acción en una proyección consiente, así surgió la primera forma de entender mi trabajo”, explica Robbio.

“El dibujo en teoría tiene este mismo principio, la línea es una sucesión continua de puntos en el espacio, el punto se transforma en línea, la línea en plano el plano en volumen, y un dibujo por día en 365 dibujos al año”, explica.

Robbio, que ahora desembarca toda la singularidad de su arte en Madrid y se autodefine como nacido en “la gloriosa Mar de Plata”, en 1975, vive y trabaja en San Pablo, pero además exhibe un largo historial de presentaciones en exposiciones individuales en México, Argentina, Chile y Brasil. “Estudié en una técnica y luego repetí el año, hasta que terminé en un bachiller para repetidores y luego empecé un curso de carpintería en una escuela de artes y oficios, al tiempo que estudié en la Escuela de Artes Visuales Martin Malharro -cuenta a Télam-. Siempre estuve en contacto con cerámica, dibujo y pintura, y con el tiempo lo fui llevando más a serio”.

La muestra del joven artista incide en la relación que él mismo tiene con el estudio del dibujo, que comenzó hace años a través de un manual de normas IRAM (Instituto Argentino de Normalización y Certificación) en el que encontró todos los símbolos que se utilizan en el dibujo técnico cuando se confecciona un plano: letras, números, puntos, flechas, escalas, líneas para construcciones, secciones, representaciones de vistas en perspectiva; en definitiva, todo aquello que se necesita para elaborar manuales de información técnica donde la pulcritud del dibujo para su comprensión fascinaron a Robbio.

“El estudio del dibujo trae como entendimiento, que, para la naturaleza, el punto, la línea, el plano, el cubo, los números, los meses, ni nada que lleve a pensar en exactitud existe, es el ser humano que ha creado todas estas formas para poder calcular, medir, proyectar, controlar y por sobre todo para poder vivir en una naturaleza caótica” y “la gravedad hace parte de ese entendimiento”, sostiene el artista.

En la obra de Robbio está presente su relación con la literatura. “En el universo de la mecánica cuántica hay que pensar como si las partículas pudieran moverse en cualquier dirección y pudieran estar en varios lugares a la vez antes de que el detector las observe. Por eso, en la física cuántica, cada vez que hay una medición, el universo se replica en tantas copias como alternativas posibles.Ésta es la única teoría coherente que se ha encontrado hasta ahora y fue publicada por el físico Hugh Everett III, en 1957: la partícula elige todas las alternativas a la vez”.

Hace días, María Kodama, deslizaba que los jóvenes no conocen a Borges. Sin embargo, en la obra de los artistas argentinos presentes en Arco, subyace un vínculo con la obra de él, que ha sido recreado y redimensionado como nunca, desde distintas perspectivas. Y Robbio, claro, no es la excepción.

“El hecho es que quince años antes, en ‘El jardín de senderos que se bifurcan’, Borges ya había propuesto eso mismo: que el universo es un laberinto temporal en el que cada vez que uno toma una decisión crea diversos porvenires que se ramifican”.

“Borges habla de un jardín de senderos y Everett, de un árbol ramificado, por lo que las similitudes entre el cuento y el artículo científico son sorprendentes”.

“Al comparar lado a lado algunos de los párrafos del trabajo de física de Everett y del cuento de Borges, se encuentra uno de los casos maravillosos en que la literatura se puede leer como ciencia y la ciencia se puede leer como ficción”, compara.

“Lo que Borges me ha aportado, no han sido solo sistemas, historias e imágenes que me permitieron construir parte de mi imaginario, Borges, en sus libros siempre ha citado a otros autores, ofreciéndome la posibilidad de abrir otra puerta, casi como si el mismo fuera una especie de biblioteca de babel”, concluye Robbio.

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