N° de Edición 7072
Cultura

La música como herramienta de transformación social

La música como herramienta de transformación social.

La Asociación Civil Templar lleva a cabo el proyecto que integra a más de 250 niños, niñas y jóvenes en la Orquesta Escuela Juvenil de San Telmo desde una perspectiva musical y social.

La pandemia no los detiene: ahora, a través de las pantallas.

En diálogo con «Haciendo Radio”, una producción de Diario NCO que se emite de lunes a viernes de 10.30 a 13 por la 20.20 NCO Radio, la presidenta de la fundación y directora de la Orquesta, Clara Ackerman, destacó la importancia de la música en los y las jóvenes y el apoyo que reciben junto a sus familias.

“Hay padres que están súper comprometidos y acompañan todas las actividades. Hay comisiones de padres que colaboran preparando las meriendas en los conciertos, en la parte técnica, en todo lo que se necesite”, comentó la directora.

Durante el contexto de cuarentena, resulta significativo mantener los vínculos -y aún más en espacios de contención- entre los niños y niñas y sus docentes. Por eso, Ackerman explicó que la mayoría “sigue recibiendo su clase de instrumentos semanal” aunque, en algunos casos, “se complica porque no tienen buena conectividad”. Sin embargo, “el contacto permanente está”.

A su vez, este espacio musical es fundamental para que los y las jóvenes puedan descubrir su propia creatividad y que sus realidades no sean un obstáculo. No obstante, las necesidades de cada uno y cada una es tan o más relevante que sus habilidades artísticas.

Por eso, además de hacer actividades como un video en el que los niños y niñas se filman tocando una parte de la canción para luego compartirlo por las redes, están por realizar una compra de alimentos “para ayudar a las familias más necesitadas”.

Desde sus inicios hasta la pandemia

La Asociación Civil Templar se fundó en 2014 en el barrio porteño de San Telmo como una asociación sin fines de lucro y hasta el día de hoy no tiene sede propia. Pasó por diversos lugares, desde restaurantes donde, al finalizar los ensayos, había gente cenando y tenían que “esquivar las mesas hasta salir”.

El grupo de docentes, en su mayoría músicos y músicas, que comenzó con este sueño se planteó el objetivo de apoyar un proyecto social y educativo de una orquesta. En sus inicios, aproximadamente unos 20 niños y niñas se acercaron y confiaron en la propuesta de unos pocos educadores.

“No teníamos absolutamente nada: instrumentos, sede, un espacio donde ensayar”, relata la presidenta de la fundación que recuerda la trayectoria hasta llegar a tener 17 docentes, entre músicos y músicas, trabajadores y trabajadoras sociales y psicólogos y psicólogas sociales.

Durante muchos años tuvieron la gentileza de poder utilizar las instalaciones de la Fundación Mercedes Sosa hasta que el espacio ya no fue suficiente para albergar a todos los niños y niñas. Entonces, pudieron mudarse al Museo de la Ciudad de Buenos Aires que, justo antes que se determinara la cuarentena, iba a empezar con obras.

El día después

Ackerman contó, en la entrevista con el programa “Haciendo Radio”, que el objetivo de la institución “no es que todos sean músicos sino que es proporcionar un espacio educativo, de crecimiento y de confianza en uno mismo”.

El proyecto contempla a niños y niñas desde los tres años hasta jóvenes de 20, pero el vínculo no termina ahí. “Para aquellos que quieren profesionalizarse, los acompañamos a audicionar en orquestas que le paguen una beca o entrar en un conservatorio para continuar su carrera musical”, describió la directora.

Por otro lado, quienes piensen en la música como “algo complementario”, también los apoyan para que “estudien lo que quieren”. En definitiva, la organización se propone “colaborar para la libertad de elección de cada uno y cada una”, como fundamentó Ackerman.

Financiación y contacto

Uno de los mayores inconvenientes que atraviesa la fundación es la manera de sustentarse. Cuenta con 17 docentes, instrumentos como el violín, viola, chelo, contrabajo, flauta, clarinete, guitarra, percusión, bandoneón, entre otros. Además, es gratuito y no tiene ningún requisito de admisión.

“Podés ingresar sin ningún conocimiento previo musical y nosotros te proveemos de los instrumentos. Si viene una familia con un niño que quiere estudiar, por ejemplo el chelo, nosotros le damos el chelo para que después de unas semanas que ya sepa cómo cuidarlo se lo pueda llevar a su casa”, sostuvo.

En su página web, las personas que quieran aportar y hacer que el proyecto continúe y crezca, pueden colaborar desde cien pesos hasta el monto que estén dispuestas. Al mismo tiempo, la organización se presenta a convocatorias públicas y privadas y recibe el apoyo del Estado y de empresas.

“Formamos parte de un programa de orquestas que es del Ministerio de Cultura de la Nación. La idea es que se pueda sobrevivir y crecer gracias a muchas partes que colaboran, no se financia a través de una sola sino que gracias a muchos actores”, desarrolló la presidenta de Templar.

Asimismo, Ackerman definió al “boca en boca” como su mejor método de convocatoria y que, lastimosamente, les pasa de no poder tomar todas las familias que se acercan por la falta de recursos.

“La mayoría de las familias son del barrio, no todas, muchas familias que vienen de otros lugares muy diversos. Está buenísimo porque hace a la integración y que el proyecto sea más variado en muchos aspectos”, concluyó.

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