N° de Edición 7478
Cultura

Hoy: Tassis y Peralta, Juan. Los Palabristas de hoy y de siempre

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Hoy: Tassis y Peralta, Juan. Los Palabristas de hoy y de siempre

Estimados lectores;

Gracias por acompañarnos nuevamente con su lectura a través de NCO desde un sector de Los Palabristas de hoy y de siempre. Revista literaria que funde y dirijo desde el año 2001.

Por: Mónica Caruso. Tapiales

E-mail: revistaliterarialospalabristas@gmail.com

La reseña biográfica de la semana es sobre Juan de Tassis y Peralta, II conde de Villamediana, (Lisboa1582 -Madrid, 21 de agosto de 1622), poeta español del Barroco, adscrito por lo general al culteranismo, si bien siguió esta estética de modo muy personal.

Fue hijo de María de Peralta Muñatones, descendiente de los marqueses de Falces, y de Juan de Tassis y Acuña, I conde de Villamediana y Correo Mayor del reino,

 Quien, gracias a su labor como organizador del servicio de postas, recibiría el título de nobleza en 1603, aunque ya su abuelo paterno Raimundo de Tassis, establecido en Valladolid, había desempeñado el cargo de Correo Mayor del Rey y se había casado con Leonor.

 Nació en Lisboa debido a que su padre, Juan de Tassis y Acuña, formó parte del séquito del rey Felipe II cuando este entró en Portugal en diciembre de 1580 donde permaneció hasta 1583.

 Su padre era un hombre pendenciero (tenía la cara cubierta de cicatrices habidas en al menos cinco duelos de honor, de todos los cuales había salido victorioso) ​y Juan de Tassis vivió en el ambiente palatino desde su infancia, recibiendo una excelente educación del humanista Luis Tribaldos de Toledo y de Bartolomé Jiménez Patón.

quien dedicó el Mercurius Trimegistus a su pupilo; estos dos tutores le granjearon un profundo conocimiento de los clásicos y compuso incluso algunos poemas en excelente latín humanístico; pero, aunque pasó por la universidad, no concluyó ninguna carrera.

 Nada sabemos de Juan de Tassis hasta que Felipe III fue al Reino de Valencia en 1599 para celebrar su matrimonio con Margarita de Austria.

 Ya era conocido porque en ese mismo año habían aparecido impresos sus primeros dos sonetos: «El que busca de amor y de ventura» y «Gloria y honor del índico Occidente» en los preliminares de dos libros.

Con motivo del viaje real tuvo que sustituir en la comitiva a su padre —que se hallaba de embajador en París— y, con apenas dieciocho años, acompañó al monarca a Valencia, distinguiéndose tanto que el rey lo nombró gentilhombre de su casa y boca el 9 de octubre del mismo año, poco antes de volver a Madrid.

 En palacio conoció a Magdalena de Guzmán y Mendoza, hija de Lope de Guzmán y Guzmán de Aragón y Leonor de Luján, mujer de gran influencia en la Corte como viuda de Martín Cortés y Zúñiga, II marqués del Valle de Oaxaca, de quien fue su segunda esposa,78​ y futura aya del hijo que iba a tener la reina.

Pese a la diferencia de edad, mantuvieron una relación sentimental muy agitada que terminó mal.

Un soneto anónimo, que circuló por Madrid, insinuaba que no se portaba muy bien con ella, e incluso llegó a abofetearla ante todo el mundo en mitad de la representación de una comedia.

 Por ello, se dijo, Magdalena siempre lo amó y lo odió a un mismo tiempo, según cuenta el biógrafo del poeta Luis Rosales.

 El 31 de diciembre de 1599 se le otorgó además escritura de emancipación por parte de sus padres y abuela, y antes de su vuelta a Valladolid todavía se le concedió un nuevo poder general fechado en Madrid el 14 de enero de 1601.

Trasladada la Corte a Valladolid, donde permaneció cinco años, contrajo matrimonio en 1602 con Ana de Mendoza y de la Cerda, ​hija de Garcia Hurtado de Mendoza, IV marqués de Cañete, descendiente del famoso marqués de Santillana y de su segunda esposa, Ana Florencia de la Cerda.​

Nacieron varios hijos de este matrimonio, todos malogrados. No era esta su primera elección pues antes de este matrimonio había intentado desposarse con otras damas de la Corte que lo rechazaron.

 ​Su padre obtuvo al fin el título de conde de Villamediana en 1603, pero falleció tempranamente en 1607, un año después de otorgar testamento; ​ su hijo heredero Juan asumió el título y el cargo de Correo mayor del reino.

Haciéndose notar por su talante agresivo, temerario y mujeriego y adquiriendo pronto reputación de un libertino amante del lujo y de las piedras preciosas, de los naipes y de los caballos.

Vestía además como un dandy con una vida desordenada de jugador entregado a todos los vicios, incluso la sodomía, como se terminó descubriendo, y se creó fama de adversario temible no solo sobre el tapete por su gran inteligencia, sino por su deslenguado talento satírico, ejercido con particular denuedo contra la alta nobleza.

Todos estos excesos le valieron tres destierros del piadoso Felipe III, aparte de por haber arruinado a varios caballeros importantes, también por sus ya citadas fortísimas sátiras, en las que zahería sin piedad alguna las miserias de casi todos los Grandes de España.

Ya que, como perteneciente al mismo estamento que ellos, conocía bien sus defectos y flaquezas: sabía dónde atacarlos y cómo hacerles daño.

De esta época son los sonetos «Deste eclipsado velo, en tono oscuro», «Del cuerpo despojado el sutil velo» o «De pululante flor fragante vuelo» dedicados a la muerte de la reina, o el soneto «Sea para bien, en hora buena sea», incluido en los preliminares del libro de Agustín de Rojas Villandrando.

El buen repúblico (1611), o también los dirigidos a la muerte del rey de Francia Enrique IV (asesinado el 14 de mayo de 1610) «Éste que con las armas de su acero», «Cuando el furor del iracundo Marte» o «El roto arnés y la invencible espada»

El primero de sus destierros, de fecha bastante insegura (julio de 1605 a septiembre de 1607, o más probablemente de enero de 1608 a julio de 1611), le llevó según Juan Manuel Rozas a Francia y Flandes.

 El segundo (1611-1615) lo condujo a Italia, ​donde estuvo entre 1611 y 1615 con el conde de Lemos, nombrado virrey de Nápoles.

En lo literario, los años de 1616 y 1617 son los de las fábulas mitológicas narrativas (la Fábula de Faetón, por ejemplo, inspirada en un episodio de las Metamorfosis de Ovidio), y los últimos (1617-1618) los de las sátiras políticas contra los ministros de Felipe III que le valieron un tercer destierro desde el 17 de noviembre de 1618 a 1621.

  Es la última época de su vida, la de los poemas dedicados a la muerte de Felipe III, a las esperanzas puestas en Felipe IV, a los ataques de los antiguos ministros ya caídos o los dedicados a las canonizaciones de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.

Estrena además La Gloria de Niquea, una obra de encargo para ser representada ante los monarcas en Aranjuez, sobre la que existe una célebre leyenda.

Y al mismo tiempo, el Consejo de Castilla abrió un proceso con varios inculpados por el pecado nefando (homosexualidad), proceso en el que podría estar implicado el propio conde.

Tuvo numerosas amantes, con las cuales llegó a veces a las manos públicamente, como en la ya citada ocasión durante el estreno de una comedia, y no se paró ante amoríos peligrosos como con una de las cortesanas del rey, una tal Marfisa, quizá Francisca de Tavara, bellísima joven portuguesa, dama de la reina y amante del rey.

La leyenda afirma también que incendió premeditadamente el coliseo de Aranjuez durante las fiestas de celebración del aniversario del rey Felipe IV.

Existe también la leyenda de que se presentó a un baile con una capa cubierta de reales de oro, con lo que aludía a su suerte en el juego, con las letras del lema tejido «Son mis amores reales», donde la palabra reales escondía un triple sentido muy peligroso para la época.

con este título y sobre este episodio escribirá en el siglo xx un drama Joaquín Dicenta.

Otra leyenda es la del origen de la expresión «Picar muy alto», que se cree se debió a las habilidades como picador del conde que, al ser alabadas por la reina, el rey respondió: «Pica bien, pero pica muy alto», con evidente doble sentido, debido a sus escarceos con la reina.

Narciso Alonso Cortés, además, descubrió en el Archivo de Simancas un memorial que implicaba a Villamediana en un célebre proceso por sodomía concluido el 5 de diciembre de 1622 con la muerte en la hoguera de cinco mozos, justicia que, según las Noticias de Madrid, «hizo mucho ruido en la corte».

Los autores del crimen nunca fueron hallados; el momento escogido fue cuando iba en un coche con el conde de Haro por la calle Mayor de Madrid; el móvil fue, quizá, evitar el escándalo del proceso por el pecado nefando, por lo que el crimen habría quedado impune y se mandó guardar silencio sobre él.

Pero el hecho causó sensación, y todos los poetas famosos se aprestaron a escribir epicedios en verso sobre el conde, empezando por su amigo Luis de Góngora, quien atribuyó al rey la orden, continuando por Juan Ruiz de Alarcón, que lo acusó de maldiciente, y terminando por Francisco de Quevedo, quien, pese a ser enemigo suyo, escribió «que pide venganza cierta / una salvación en duda».

El proceso por el pecado nefando abierto por el Consejo de Castilla no se ha localizado.

Por las Noticias de Madrid consta la muerte en la hoguera de un bufón llamado Mendocilla, al que siguieron un mozo de cámara del conde de Villamediana y otro criado del conde, un esclavillo mulato y «don Gaspar de Terrazas», paje del duque de Alba.

Algunos otros, según la documentación aportada por Alonso Cortés, huyeron, entre ellos un Silvestre Nata Adorno, ​ correo de a caballo de su majestad, que había marchado a Nápoles con el duque de Alba, que el 20 de septiembre de 1623 solicitaba se le diese traslado «de su culpa y sentencia».

El asesinato inspiró en el siglo xix varios romances históricos del duque de Rivas y también algún drama romántico, como También los muertos se vengan de Patricio de la Escosura (1838), la novela de Ceferino Suárez Bravo El cetro y el puñal (1851) y algunos relatos breves así como un cuadro de historia de Manuel Castellano en 1868, ahora en el Museo del Prado.

En el siglo xx, cabe señalar el drama en verso de Joaquín Dicenta Alonso Son mis amores reales (1925), que obtuvo el premio de la Real Academia Española, y varias novelas: Decidnos: ¿quién mató al Conde? de Nestor LujánCapa y espada de Fernando Fernán Gómez (2001) y El pintor de Flandes de Rosa Ribas (2006).

Tras su muerte, sus cargos pasaron a su primo Íñigo Vélez de Guevara y Tassisconde de Oñate, hijo de Pedro Vélez de Guevara y María de Tassis.

Obra

Se pueden mencionar dos fases poéticas sucesivas en la obra de don Juan de Tassis: la petrarquista, que abarca desde sus primeros poemas hasta la vuelta de su viaje a Italia (1599-1615), y la culterana, desde 1615 hasta su muerte en 1622.

Rozas puso en claro cómo estos dos períodos poéticos se dividen en cuatro grandes grupos:

Poesía amorosa de corte petrarquista (1599-1610)

Poesía estética de corte gongorino y marinista (1611-1615)

Fábulas mitológicas de inspiración ovidiana y estilo de Giambattista Marino y Góngora (1616-1617)

Poesía vivencial con una doble vertiente: la poesía moral y los poemas satíricos (1618-1621).

Son sus temas poéticos predilectos el silencio, el desengaño, la temeridad, el mito de Faetón y todos los relacionados con el fuego.

Se muestra especialmente introspectivo en las redondillas y suele acumular los pronombres personales en señal de desequilibrado narcisismo.

Su lenguaje poético, esencialmente culterano, introduce cultismos nuevos que no aparecen en las obras de Luis de Góngora, que era amigo suyo.

Escribió especialmente sonetos de diversos temas morales, amorosos y especialmente satíricos; algunos de los mejores son los dedicados a su destierro, como «Silencio, en tu sepulcro deposito…», que ha pasado a todas las antologías de poesía barroca:

Silencio, en tu sepulcro deposito

ronca voz, pluma ciega y triste mano,

para que mi dolor no cante en vano

 

al viento dado y en la arena escrito.

Tumba y muerte de olvido solicito,

aunque de avisos más que de años cano,

 

donde hoy más que a la razón me allano,

y al tiempo le daré cuanto me quito.

Limitaré deseos y esperanzas,

 

y en el orbe de un claro desengaño

márgenes pondré breves a mi vida,

para que no me venzan asechanzas

de quien intenta procurar mi daño y ocasionó tan próvida huida.

::::

A los presagios del día del juicio

Cenizas que aguardáis aquella trompa
para unir las especies desatadas
con que al Juicio Final, serán llamadas
las almas puras con gloriosa pompa,

cuando la voz de Dios, abriendo, rompa
los mármoles y losas más pesadas,
porque salgáis unidas y apuradas
en forma a quien el tiempo no corrompa.

No puede estar ya lejos, pues es cierta
aquella confusión, cuya agonía
los dormidos espíritus despierta.

Antes en este caso juzgaría
que ver cosa inmortal, sin tiempo, muerta,
es ya de los prodigios de aquel día.

:::::

 

Pasé los golfos de un sufrir perdido,
y piélagos de ofensas he surcado,
de enemigos impulsos agitado,
de poderosas olas impedido.

Hoy, pues, menos quejoso que advertido,
de esperanza las velas he animado,
y debo a mi noticia haber tomado
en mar de sinrazón puerto de olvido,

donde ya en dar benéficos alientos
a la violenta fuerza me libraron
del tiempo airado y de contrarios vientos.

Ya engañosas sirenas me dejaron
porque la falsa voz de sus acentos
mis diamantes oídos no escucharon.

Fuente: Wikipedia / amediavoz

Estimados lectores espero les haya gustado este pequeño vuelo poético.

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