Número de edición 7648
Cultura

Hoy: César Moro.Los Palabristas de hoy y de siempre

Hoy: César Moro.Los Palabristas de hoy y de siempre

Estimados lectores;

Gracias por acompañarnos nuevamente con su lectura a través de NCO desde un sector de Los Palabristas de hoy y de siempre.

Revista literaria que funde y dirijo desde el año 2001.

 

Por: Mónica Caruso. Tapiales

E-mail: revistaliterarialospalabristas@gmail.com

  La reseña biográfica de la semana es sobre Alfredo Quíspez-Asín Mas, mejor conocido como César Moro, (Lima19 de agosto​ de 1903 – 10 de enero de 1956) fue un poeta y pintor surrealista peruano.

Tras una formación autodidacta firma su primer trabajo, un dibujo modernista, en 1921 como «César Moro», nombre escogido por él (al parecer encontrado en una novela de Ramón Gómez de la Serna) y con el cual a partir de ese momento se movería por el mundo.

Gran parte de su poesía está escrita en francés, durante su largo período de estancia en París. En ella se relacionará con la plana mayor del surrealismo francés, como André Breton y Paul Éluard.

Nacido en Lima, fue hijo de Jesús Quíspez Asín y María Elvira Mas Puch. Su padre, un acomodado médico natural de Ica, falleció tempranamente a causa de la enfermedad de Bright en 1908, dejando a su madre a cargo de él y sus dos hermanos, uno de ellos el futuro pintor Carlos Quizpez Asín.

Estudió en el Colegio de La Inmaculada de los jesuitas y, durante su juventud, adoptó el nombre Cesar Moro a partir de un personaje del relato Reverte I, escrito por Ramón Gómez de la Serna.

Sobre esto, André Coyné, quien fue amigo cercano del poeta, dijo:

Lo más común es que uno acepte el nombre con que ha nacido. Habrá quien piense que lo que determinó a Moro para quitarse el Quispez Asín fue que ya estaba Carlos que podía hacer sonar el apellido.

Pero no; se trataba de algo más profundo. No bien empezó a sentirse dueño de una vocación, aunque mucho dudó de su sentido, empezó también a sentir la contrariedad que existía entre la misma y el nombre todo —nombre de pila y apellido— que familiarmente asumía.

Junto con la adopción de un nuevo nombre, Moro optó por realizar diversos cambios en su vida. En 1925, viajó a París, donde probó distintas disciplinas artísticas durante esa etapa, asistió a clases de danza en la Academia de Ballet, actividad que terminó abandonando por motivos de salud, además de la pintura y la poesía.

  En 1926, presentó su primera muestra pictórica y, en 1927, la segunda, ambas acogidas favorablemente por la crítica.

 En 1928, ingresó en el surrealismo y empezó a escribir poemas en francés. En el periodo comprendido entre 1928 y 1934, continuó con sus actividades europeas en el ámbito de la pintura, pero, sobre todo, en el de la poesía (Ces poèmes) y regresó a Lima a finales de 1933.

En 1935, organizó con el poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen la primera exposición surrealista de América Latina, en la Academia Alcedo de Lima.

Participó en ella, además del propio Moro, los chilenos Jaime DvorWaldo ParraguezGabriela RivadeneiraCarlos Sotomayor y María Valencia, que ya habían realizado en su país, en 1933, una exposición de arte abstracto.

A partir de esta exposición, protagonizó una polémica, quizás la más feroz de la Vanguardia, contra el poeta chileno Vicente Huidobro, a quien acusó de «plagiario», «imitador de Pierre Reverdy» y «literato hambriento de gloria».

En 1938, y por motivos políticos, (él, junto con Moreno Jimeno y Westphalen hicieron el boletín Cadre, de amigos de la República Española) Moro abandonó su país y se refugió en México donde permaneció diez años en los que siguió con sus actividades tanto pictóricas como poéticas.

Durante su estadía en México, sostuvo una una relación con un joven militar de nombre Antonio Acosta, quien inspiró el poema titulado Antonio es Dios y la que fue su obra más conocida: La tortuga ecuestre, titulada de esa manera debido a la predilección del autor por estos animales.

  Posterior a su deceso, se publicó un número de cartas escritas por el autor, varias de ellas dirigidas a Antonio.

Estoy libre de deseo. Vivo al interior de él y siendo él ya no sufro de él. Ya no es múltiple en los fines, si polifacético en el deseo.

Ya no vivo sino en el deseo. Desearte es ver todos los árboles y el cielo, el agua y el aire en ti.

Mi vida se ha hecho simple, clara, ardiente, limpia. ¡Ay! ¡Si yo no amara! Sería la guerra de cien años de mi ida. Los frentes dispersos. Ahora la batalla es una, uno su fragor.

Te puedo dar todos los nombres: cielo, vida, alfabeto, aire que respiro.

Si todo eres tú, ya mi deseo es uno en su fin. Pero si a veces te presentas como el aire o la luz, fuera de ti no deseo, ni vivo y estoy ciego.

Megalomanía del amor. Qué delirio de grandeza puede igualarte. O deseo de su sola grandeza, de su solo brillo.

En tu deseo todas las formas reprimidas, exaltadas, demenciales, absurdas se resuelven y se hacen (tivas). Crece la realidad y por primera vez la muerte no existe. ​ Carta II a Antonio Acosta, 1939.

En cuanto a la La tortuga ecuestre, tampoco pudo ser publicada en su momento debido a que no se logró completar el número de suscriptores, pese a que se anunciaba que saldría con una portada de Manuel Álvarez Bravo, siendo finalmente lanzado en 1957 por Coyné.

En México, solo logró publicar Chateau de Grisou (1942) y Lettre d’amour (1943), sus únicos poemarios publicados en vida.

Hubo otro libro que Moro escribió en México: Pierre de Soleils, que quizás inspiró el título del más famoso poema de Octavio Paz.

En 1940, organizó con el pintor Wolfgang Paalen y el escritor André Breton la Cuarta Exposición Internacional del Surrealismo para la Galería de Arte Mexicano.

Moro escribió el prólogo donde dice que el «Surrealismo es la palabra mágica del siglo».

Luego de su ruptura con Antonio, Moro tuvo otras parejas en México, aunque ninguna relación fue de larga duración, retornando a Lima en 1948.

Dicho año empezó a trabajar como profesor en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde fue maestro de francés del novelista peruano Mario Vargas Llosa.

En 1955, culminó una de sus obras principales, Amour à mort.

El 10 de enero de 1956 muere víctima de leucemia. Coyné continuó con la labor de recopilación, edición y difusión de sus obras.

Obras

Poética

La tortuga ecuestre, su único libro en castellano (escrita en 1938 y publicada en 1957) Cartas (1939); Lettre d’amour (1939);

El castillo de Grisú (1941);

L’homme du paradisier et autres textes (1944); Trafalgar Square (1954);

Amour à mort (1955).

Prosa

Los anteojos de azufre (1958). La mayoría de su obra en prosa recogida por André Coyné.

Teatro

 Escribió solo una pieza teatral llamada «El ojo de gallo», obra de cinco páginas que ha sido representada dos veces en Lima bajo la dirección de Rubén Quiroz.

Poemas

César Moro

Abeja negra

Más bien buscar hacia el cisne
Y los blasones cruzados son espadas
Un puñal como almohada

Una lágrima eterna sobre la frente
Bajo el alto tocado
El silencio entre las flores que hacen signos

A la puesta del sol
Una golondrina cayendo verticalmente en un lago
La torre y las cortes de amor

El mar que irrumpe con espuma en los labios
El horizonte regular de una vida bajo la lámpara
Apagadas todas las luces es posible

Escuchar gemir el ave nocturna
En su oído

 

Como un piano de cola

A André Breton

Como un piano de cola de caballo de cauda de estrellas
Sobre el firmamento lúgubre

Pesado de sangre coagulada
Arremolinando nubes arco-iris falanges de planetas
(y miradas de aves) El fuego indeleble avanza

los cipreses arden los tigres las panteras y los animales
nobles se tornan incandescentes

El cuidado del alba ha sido abandonado
Y la noche se cierne sobre la tierra desvastada

La comarca de tesoros guarda para siempre tu nombre

Fuente: Wikipedia/ amediavoz

Queridos lectores espero que les haya gustado este pequeño vuelo literario.

Aquellos interesados en publicar material de su autoría en Los Palabristas de hoy y de siempre, deben enviar sus escritos como adjunto en Word a la  dirección electrónica siguiente: E-mail: revistaliterarialospalabristas@gmail.com

Letra Arial 12. Título de la obra, nombre apellido o seudónimo.

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Que tengan un excelente inicio de semana.

Hasta el próximo lunes.

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