N° de Edición 7069
Cultura

El Humanismo Colectivo y Latinoamericano

El Humanismo Colectivo y Latinoamericano

Los escritores somos los espías de Dios 

El Humanismo Colectivo y Latinoamericano.  Crear, crear. Que todo lo que somos se descubra en un instante lúcido, que la vida despierte el sentimiento maravilloso de la experiencia de la sangre, aún aquella que es testigo de la crueldad y el dolor brutal, de la injusticia y la esclavitud.

Por Anahí Cao

Crear, que nada se escape de nuestra humanidad, que la imposición del tirano no permanezca como veneno. Crear, transformar el infierno, la sustancia del infierno en cenizas de un eterno verano. Crear, crear hasta que duela, hasta que duela y se acabe el dolor de la muerte y la injusticia. Parir una vida nueva.

Nada, ninguna primavera nacerá del engaño, de la represión, del silenciamiento de los que han muerto en la injusticia. Todo nuestro cuerpo debe estar atento a la realidad, y trabajar como las hormiguitas trabajan por su nido.

La literatura de Pedro Chappa no es neutral.

Pedro Chappa no es neutral. Su literatura expresa la conciencia del hombre mestizo, criollo. Nunca olvida a sus padres ni a sus abuelos, nunca olvida a su país, ni a sus muertos.

Integración, inclusión, qué palabras seductoras, no?. Sin embargo encierran todo el drama de la modernidad. Todavía seguimos luchando por la independencia política, económica y cultural, algunos le llaman soberanía, otros, autonomía. Palabras parecidas pero que no dicen lo mismo.

La literatura de Pedro Chappa nos adentra en la opresión, pero también en los acuerdos, en la traición, en los amores, en el dolor por la derrota, en los secuestros, la marginación, en los obrajes, en la violación como parte del sometimiento de la patronal, y la condición del patriarcado colonial, la prostitución, el caballo, los pájaros, un violín, una trompeta.

Hijo de la tradición oral criolla, de una vida rodeada de leyendas, de conjuros, de historias por las que no había que pagar  ni un sólo centavo, porque le pertenecían como hijo de estas tierras. Y donde estaba la vida, ahí estaba la memoria para interpretar el sentido profundo de ese hecho que había marcado el destino esa mañana.

Pero su compromiso fundamental no está sólo en reconocer las identidades de su clase, y de los Pueblos que la componen; su compromiso fundamental como escritor es con la lengua que emerge de esa amalgama tremenda: el castellano americano, en términos de Amado Alonso.

Pedro Chappa no fue neutral. Nunca formó parte de los circuitos del espectáculo. Sus cuentos  narrados por él, dueño de una memoria privilegiada, forjó el acervo cultural de nuestros barrios, enriqueció la conciencia lingüística de las nuevas generaciones y formó parte de nuestra identidad negada sistemáticamente, por las instituciones y la industria cultural, ya que ninguno de sus héroes tiene cara de superhéroe. Todo gira en torno a lo colectivo, como ese personaje entrañable el Juano que organiza la alimentación de toda la comunidad enseñándoles a cultivar zapallos.

La obra de Pedro Chapa quedó en la memoria de nuestra clase por medio de las organizaciones culturales que hemos forjado. Fueron testigos de su sombrero y de su pañuelito al cuello      nuestros Teatros comunitarios, Centros Sociales, Escuelas, Sociedades de Fomento, Talleres Literarios, reuniones familiares, donde después de una comida o alrededor de un fuego, podíamos escuchar el enfrentamiento de Muelques y el Jote, o la trágica historia del Cativio y la patrona chica, o aquella del gordo y el flaco borrachos. No, no, escabios, mejor, escabios, en medio  Villegas. Su trabajo como escritor es posterior.

“Si tuviera el retrato a mi alcance podría decirle cosas, es muy probable que ahora fuera más prudente, después de todo hay que subirse a un caballo y aguantar lanzas, gritos, boleadoras, polvareda, marchas de días y días, y no ver más que pastizales, cañadones, algún bosquecito que otro de árboles degreñudos que ni para sombra sirven, y meses y meses comiendo mal y durmiendo peor. Cómo habrá sido. Tenía jinetas había alcanzado mandos, algo entendería. Nada en su rostro indicaba ascendencia europea, algo que le hubiera dado privilegio de los que no se ganan en la acción. Ni un pedazo de tierra Don Cosme, tanta sed, tanta mosca sobre la comida, tanta carne hedionda de no bañarse, tanto muerto al cuete, por escases, por desamparo, y las heridas poniéndose moradas, verde, azules, negras, y el moribundo a punto de reventar, (…) lo demás lo sabemos todos, sueldos que no llegan, provisiones que se pierden en el camino, pensiones que nunca se aprueban. Bueno, hay que entenderlo, así es cómo funciona la civilización por aquí. Ya teníamos bastante de barbarie dijeron. Había que probar otra cosa, no?. Y a usté, Don Cosme porque después la cosa continuó en el comité. Qué le daban. Jarabe de pico no más. Usté también era un zonzo convencido como mi abuelo como mi padre como yo. Cómo hago ahora para gritarle: ni un pedazo de tierra Don Cosme!. Si hasta me dan ganas, pero no tiene sentido. Ahora usté seria jefe de la brigada de la Lanús, por ejemplo, ni se imagine que es una brigada de caballería no, andan en unos landó con capota de hierro, matan muchachos con cara de indio, que se reúnen en las esquinas a tomar cerveza. Ellos no se afligen por los sueldos, ellos se arreglan igual.” 1

Somos descendientes de indios lules que habitan en Santiago del Estero. Siempre estuvimos orgullosos de pertenecer a esta tierra. Soy un mestizo como mucho millones de argentinos, sólo que a mí me quedó una marca. Mi apellido Chapa es, según lo que entiende el quichua de Santiago del Estero, anterior al quichua que se habla en el resto de Latinoamérica y que se hablaba en Imperio. Chapa es lámina delgada. En los noticieros internacionales se dice “se requieren láminas de aluminio, no dicen chapa”. No dicen se requieren chapas, como decimos nosotros.2

 

  • Fragmento extraído del cuento “Conversaciones con un retrato” del libro “Un violín en Praga y Villegas”. Editorial Cruz de Mayo, Bs As, 2011.
  • Extraído del Programa de radio “El Puente”, emitido el 22 de marzo de 2016. Marcos Sueldia y María Sueldo Müller,

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