N° de Edición 7364
Cultura

“Aquí, allá y en todas partes”

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Aquí, allá y en todas partes”

Entrevista realizada por Luis Carlos Escobar, a través del correo electrónico, a Rolando Revagliatti y publicada con el título “Aquí, allá y en todas partes” en el Nº 52, invierno 2011, de la revista literaria “La Avispa” de la ciudad de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, la Argentina.

 La Avispa: Has sido lo que en el ambiente se denomina “un hombre de teatro”: ¿qué pasó con esa condición tuya?

 RR: Después de mi impetuoso y lejanísimo período de prenderme en cuanto proyecto me ofrecieran, comenzando en los últimos meses de mi extenso período de formación actoral con Carlos Gandolfo y con Berta Roth -ambos, impresionantes didactas- y de dirección teatral, fui siendo sordamente derrotado por el hartazgo que me inferían tantas horas de ensayos y de memorización de textos y de luchar con los actores cuando he dirigido –carezco de la pasta de líder que me hubiera sido de provecho- y con la propaganda y surtidos recaudos para los espectáculos y con aquellos que no llegaron a estrenarse por desaparición canallesca de su productor o por desánimo del elenco. Asumí que correspondía que resignara mi afán por profesionalizarme. Seguí produciendo, dirigiendo y actuando más tarde, cuando yo ya estaba afirmándome en otras lides, hasta que también se me cortó ese hálito, la Asociación Argentina de Actores me dio de baja y fui encarnando al escribiente-escritor que vengo siendo y recién desde 1986 u 87, tímidamente, estimulado por el que me dieran bolilla revistas del nivel de “Hora de Poesía” de España y por los espaldarazos que recordaba de parte de destacados dramaturgos en los setentas, a propósito del sesgo desconcertante de mis piezas de teatro (de las que como tales, con correcciones, cinco validé, de las veintiuna que escribí por entonces).

 La Avispa: ¿Te considerás un poeta social?

 RR: Me considero un escrutador a quien, valido de palabras, a veces se le impone algo de un orden poético social. Así es como algunos de mis libros (“Desecho e izquierdo”, “Viene junto con” …) cobijan mis acercamientos anti-imperialistas, críticos, sardónicos, en los que la institución policial no está ausente, ni faltan los mierdosos que se identifican con sus verdugos.

 La Avispa: Me llamó la atención tu método de escritura referida a largometrajes: ¿Cómo fue esa experiencia?

 RR: Al cinéfilo que desde los 14 años deglutía casi todo el cine europeo y que a los 22 se recibió de Realizador Cinematográfico en la Asociación Cine Experimental (en la ciudad de Buenos Aires), y que intervino (bolos o un papel secundario) en tres largometrajes y que protagonizó o co-protagonizó una veintena de filmes publicitarios, y que desde hace casi tres décadas consume junto a su esposa no menos de trescientas películas anuales, lo provocó la posibilidad de concebir textos poéticos a partir de filmes (335 en los libros “Trompifai”, “Fundido encadenado”, “Tomavistas”, “Picado contrapicado”). Y unos cuantos, a partir de actores y directores, incorporados a los volúmenes citados y a otros (“Obras completas en verso hasta acá”, “Historietas del amor” …). No reconozco un único método de escritura referida a filmes. Es fácil advertir que me he posicionado diferentemente a la hora de encarar mis incursiones.

 La Avispa: ¿De tus cuatro poemarios éditos sólo en soportes electrónicos, ¿hay alguno a ser editado en soporte papel próximamente?

 RR: No durante 2011. Pronto aparecerá la cuarta edición de mi poemario más breve, “Pictórica”, en formato libro (más de mil ejemplares en formato pequeña carpeta han constituido las tres ediciones anteriores). También “Tomavistas”, “Leo y escribo”, “Ripio” aguardan sus ediciones “definitivas” en formato libro, con lomo e ISBN y prólogo o epílogo y solapas (pensando en estos tres, tenemos unos dos mil ejemplares distribuidos en formato pequeña carpeta). Ya veremos en cuáles de los años próximos saldrán en soporte papel “Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo”, “Infamélica”, “Viene junto con” y “Habría de abrir”.

 La Avispa: Te comento que de los MP3 con poemas de tu autoría que he llegado a escuchar, el que prefiero es “El Arte de Amar” recitado por Patricia Ortiz. ¿Cómo fue el proceso de gestación de tantos audios, la mayor parte de ellos grabados por vos, dando a conocer textos tuyos y ajenos, otra parte grabados por María García, José Ángel Pérez Berasategui, Patricia Ortiz, David Morales, leyendo textos de tus libros, así como de tantos videos obtenidos, principalmente, en ámbitos públicos de literatura y subidos a tu canal en YouTube?

 RR: Los grabados por las personas que has mencionado, han llegado a mí remitidos por ellos. Me consta que también han dado a conocer por radio textos de mi autoría los poetas Alfredo Andrés, Liliana Chávez, Gabriel Impaglione, María Dolores Lucero, Leandro Calle, Elena Fazio, Carlos Cúccaro, Osvaldo Spoltore, Fabián Iriarte, Nerina Thomas, entre muchos otros a lo largo de los años, por supuesto, así como los locutores Liliana Daunes, Quique Pesoa, Carolina Francisco, etc., pero sólo de algunos tengo en mi equipo los respectivos programas radiales de los que alguien que sepa, en algún momento, me armará MP3, los que podrán, entonces, seguir socializándose. En cuanto a los grabados por mí, Luis, lo han sido en un pequeño estudio suburbano, o por mi amigo, el escritor Daniel Battilana. Están, además, los obtenidos a través de grabaciones realizadas “en vivo” en espacios públicos y los editados desde la grabación en video (y pasados a DVD) del espectáculo teatral en base a textos no dramáticos titulado “Versos Per-Versos”, que yo armé, produje, dirigí, y en el que actué junto a otros cuatro actores, en 1982, y donde “desconvencionalizamos” a George Trakl, Daniel Giribaldi, Federico Nietzsche, Xavier Forneret, Fernando Pessoa, Alfredo Veiravé, Evaristo Carriego, Salvador Dalí, Antonin Artaud, Monique Wittig, Cátulo Castillo, Alicia Dellepiane Rawson, Roberto Raschella, Ronald Laing, Henri Michaux, José González Carbalho, Allen Ginsberg, Manrique Fernández Moreno, Rafael Alberti, etc.

La Avispa: En tanto en tus talleres literarios incluís la posibilidad de mejorar la expresión oral de textos en Ciclos y Cafés, ¿nos contarías algo sobre este aspecto?

 RR: Procuro que aquellos talleristas inhibidos de vocalizar y proyectar la voz, se animen a regodearse con ese modo de trasmisión. Insto a que tomen nota de cuántos poetas leen muy bien, jugados, y cuántos atentan contra su quehacer desestimando al público, como burócratas, abusando de la monocordia, o “para adentro” (por favor, un ensayista que se aboque a un relevamiento de esta arista, a investigarla a esta arista sintomática, abastecida por quienes suelen explicitar que temen aburrir al auditorio y maldisponen con sus disculpas y ñoñerías). Insto a que lean paladeando los vocablos, a que en el taller lean en voz alta sacudiéndose lo que sea que los encorsete, a que descubran que deben intencionar la expresividad desde lo que cada uno es o puede.

La Avispa: ¿Cómo ves la poesía actual en Buenos Aires?

 RR: No registro algo diferente a lo que siempre debe haber sido: conformistas que cada cien versificaciones logran un destello válido, propio y del que no tienen conciencia; poetas con plausibles recursos técnicos y navegando en la estandarización, de parte de los cuales es posible rescatar poemas logrados, generalmente de pocas líneas; poetas con una producción que uno sigue juzgando sorprendente, interesante, provocativa, lúcida.

La Avispa: ¿Podés contarme algo de tus textos eróticos?

 RR: Los tengo sutiles, los tengo sesgados, los tengo tangueros, los tengo bruscos. Los tengo desde la primera persona del femenino, los tengo obsesivos, los tengo histéricos, los tengo onanistas. Y etcétera. Los tengo reunidos y desperdigados.

La Avispa: ¿Cómo definís tu poesía?

 RR: ¿Cómo mi poesía me define?

La Avispa: ¿Cómo encontraste ese fraseo corto, ese coloquialismo?

 RR: Será por mi arraigo en el vistoso puerto de Santa María de los Buenos Ayres. Prolongados lapsos juveniles abocado a levantes callejeros indiscriminados y prolongados lapsos de adultez a la pesca de minas predispuestas a romances conmigo. Todo un transcurrir en los cien barrios de esta megalópolis y sus aledaños. Todo un transcurrir acamalando a un soterrado cantor de milongas y valsecitos. Todo un transcurrir abrazando mujeres que conmigo bailaban canyengue en mi cabeza.

La Avispa: ¿Cómo es la vida de Rolando Revagliatti?

 RR: En el infierno que la vida es, según Enrique Santos Discépolo, la mía la curso con bastante coherencia: sostengo mis escrúpulos, no traicioné mis convicciones y no perdí de vista al enemigo, no me bandeé; disfruto de la satisfacción de ser, en gran medida, lo que practico y practicar lo que soy, vivir viviendo -como postula un contemporáneo líder venezolano-, tomo más leche que vino y no porque le tema al vino (confieso que me entusiasma el licor de huevo) sino porque siempre preferí la leche de vaca, hago la mía sin joder, voy despidiéndome (y desprendiéndome) de gran parte de mi biblioteca tras últimas lecturas de libros de autores que me han venido acompañando, me percibo realizado como co-fundador de mi familia, le imprimo algún toque a mis emprendimientos, me reconforta saber que he sido joven cuando me tocó serlo y no ahora.

La Avispa: ¿Qué te produce advertir que tu obra llega a muchos lectores, en parte en numerosos idiomas, no sólo a través de las ediciones de tus libros en soportes papel y electrónicos, sino que, en cientos de publicaciones periódicas gráficas y en los últimos años, en cientos de Sitios y revistas digitales, blogs, boletines y listas-e de literatura?

 RR: Ocasiones de ponerme en el lugar de los lectores que me leen (de entre los insoslayables, Sartre bocetó esta escena), de los modelos de lectores que me leen: identificándose o en transferencia, estereotipados o descolocados, asomándose o tirándose, envidiosos, recelosos o distantes.

 

***

 Muestra poética de ‘Desecho e izquierdo’, uno de los libros citados en la entrevista:

 Dándole vueltas

Dándole vueltas y vueltas a cierto cachito significante

estaba entre la vulgaridad de tirarme una cana al aire

o familiarmente desde el amplio ventanal de un cuadragésimo piso

O desgarrar

el avejentado himen de una sección

perezosa de mi cerebro

Me encaré:

¿Por qué no rozar el urticante tema de las propensiones?

Es un tema tuyo, Rolando

el de las estructuras que supimos adquirir

las resignaciones que no terminan de caer

de las secoyas ancestrales

los renunciamientos a la mezcalina

al fru-frú, a la masturbación, al asesinato del alma

¿Tantos años de tarado echados a la basura?

¡El orgasmo es mío, mío!

¿Así como así, hijos de puta

arremeten con sus topadoras

sobre el gueto de mi infelicidad?

¿Qué me faltaba cuando sólo era un miserable?

*

Manos no tiene

Manos no tiene sino

grandes revólveres

Son para él

sus manos

No tiene manos que tienen

revólveres:

tiene revólveres

Ramplonamente iluminado el galpón

Sentado sobre un barril

habla por teléfono:

—Chí. Acribillado lo dejé. Muchos pum.

Después me dolían, me quedaron ardiendo.

Se me gastó

el frasquito de la crema.

 *

Santa Iglesia

Enrufianada y Carismática

con sus Párpados Cardenalicios

Velando la Fijeza Estrábica

de los Ojazos Mercenarios

y Apostróficos.

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