N° de Edición 7324
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Juan Carlos Amarilla: Homenaje A Mi Padre

TESTESTE

AMARILLA PADRE

“Informaciones de Goya…”. Goya (C) Esta ciudad ya tiene sus asaltantes propios, los que en una campaña desarrollada a lo largo de toda una noche, sin mayores preocupaciones y descansadamente, les produjo el beneficio de un lote de armas valoradas cerca de un millón de pesos…(…)…”.

“La población espera que no se repita el mal que está asolando a grandes ciudades del país, especialmente a Buenos Aires y de paso espera que no se quede este atropello en las condiciones del caso Amarilla, el asalto al Asilo de Huérfanos y otras historias de policías y ladrones, de las que nunca más se supo. “ (Fuente: Diario “El Litoral”, Corrientes, 27 de agosto de 1968, página siete).-

Por: Dr. Juan Carlos Amarilla 

jcamarilla961@gmail.com

 

La Vuelta

Estimados y queridos lectores, no me he olvidado de ustedes; un descanso en el escribir era necesario para barajar y dar de nuevo. Es que en un año electoral de gran importancia como el presente, cualquier tema que pudiera elegir podría ser “delicado” para mí, no para quienes me leen.

Es así que me pareció -para empezar de nuevo- qué mejor que un merecido homenaje a mi querido padre fallecido (en contra de su voluntad), víctima de un homicidio no esclarecido a la fecha,  un 19 de julio del año 1967. El 19 de julio pasado se cumplieron 48 años y es exactamente la edad que él tenía al momento de su asesinato, por entonces mi familia compuesta por mi madre (tenía 46 años), mis hermanos, el otro varón (16 años), la mujer (18 años) y quien les escribe, 6 años.

 

Esa época

Como decía antes, cualquier tema a tratar puede ser “delicado o comprometedor”. Pero si el placer de uno es escribir, sin ser escritor o periodista, la gracias de Dios es que me puso en el camino a mi entrañable amigo Oscar Pettinato, que me va guiando para llegar a ustedes en la forma más clara posible, pues él tiene más de 20 años en el oficio de periodista, y ante él me saco el sombrero!!!

Así las cosas, esa época era “…de sables y fierros…” y Goya no era ajena a la inseguridad ya reinante en el país y en la región. ¿Pero porque sables? Y estábamos en otra plena y fatídica “dictadura militar”, el viejo había sido toda su vida un radical balbinista y sindicalista del tabaco, el viejo trabajo de lustra botas, mozo y algún día llegó a ser empleado en la fábrica de cigarrillos de la familia Pando existente en Goya, hoy propiedad de Massalín Particulares, que sigue generando -en buena hora- muchas fuentes de trabajo.

Nunca se supo bien el móvil del asesinato de mi viejo, pero que era una época donde la policía -aun habiendo tenido varios detectives amigos y que se criaron juntos en la pobreza total- no pudieron hacer nada con un comisario “miedoso” por ser gentil, y con las botas que le pisaban la cabeza no desde Corrientes Capital, sino del gran batallón Goya, que tenía dos regimientos: en Uno “Comunicaciones e Ingenieros”, alguna vez ese batallón Goya fue digno de ejemplo con el coronel Placido Martínez al frente, venciendo y desalojando a López Jórdan de su intento de conquistar la provincia de Corrientes, en la batalla de Ñaembé, pero eran otros tiempo y ya en mi última nota “Otro correntino desconocido…” algo les comenté.

 

No confundir

Siempre hubo, hay y habrá inseguridad, ahora yo me pregunto porqué en una época militar la seguridad se volvía insegura, por los propios militares, policías controlados por los primeros y los delincuentes hacían la suya, prueba de ello la crónica policial que cito en la bajada, y que el Amarilla que allí dan como ejemplo de caso impune, era precisamente Luis Amarilla, mi padre, para entonces y como siempre él y mi madre tremendo laburantes y luchadores. La viejita era modista, peluquera y ayudaba al viejo en el almacén, cuando el salía con su camioneta Ika Renault blanca y roja a laburar de taxista, así encontró la muerte, estando trabajando en ese, su otro oficio.

La única forma de que no haya inseguridad y lo digo a boca de jarro, pues el ser abogado no me da ni entidad, ni autoridad para hablar de un tema que desconozco, más allá de estar cerca más de una vez por mi propio oficio, sino hay comités o agencias de Estado nacionales, provinciales y municipales, que trabajen mancomunadamente para la prevención primero y la erradicación de la delincuencia organizada y la macro delincuencia organizada (terrorismo internacional, narcotráfico, trata de personas, tráfico de órganos, el desmanejo de ingresos públicos para seguridad proveniente de los impuestos de los contribuyentes, etc.), nada se logrará.

 

El homenaje

No es solo para “Lucilo” como le decían a mi viejo, si no para todas y cada una de las víctimas de la inseguridad de manos del Estado o del sector privado (delincuentes, etc.-) sean de tiempos inmemoriales a la fecha; siempre hubo delincuentes, policías, jueces, fiscales, gobernantes, honestos y deshonestos; pero la Argentina no está en un huevo, está en un concierto de 194 Estados que integramos las Naciones Unidas (ONU); la Argentina vivió épocas buenas y menos buenas, épocas progresistas y menos progresistas; épocas dictactoriales y de democracias plenas e ininterrumpidas, como desde el 10 de diciembre de 1983 a la fecha, aunque -a mi juicio- imperfecta.

Lucilo Eusebio Amarilla, era su verdadero nombre, pero cuando llegó a la mayoría de edad de aquella época (21 años) hizo el trámite legal pertinente y se lo cambió por Luis a secas, sus afectos, le siguieron diciendo “Lucilo”, ese era mi viejo ¿qué recuerdo de él? no mucho, pero lo suficiente para este homenaje, alpargatas blancas, pantalón tipo pijama de hilo suave color celeste, las camisetas que se usaban debajo de las camisas en zonas tropicales como eran Goya, Corrientes o el Litoral argentino, de color blancas sin mangas, una boina al tono y yo de “a cocollito” arriba de sus hombros rumbo al puerto de Goya, distante unos 500 metros de casa, a pescar con él al  puerto (hoy Costanera de Goya),  yo enredándole las tanzas, anzuelos y lo que se puedan imaginar. Él tenía 45 años y yo solo 3, qué más pedir.

 

El intento  

Por años intenté volver a Goya a vengarme de una muerte injusta y no querida; mis hermanos, mi madre (no sabía nada), y algunos terapeutas escolares de la secundaria entre los años de plomo de 1976 a 1982, ¡me frenaron!

Luego ya radicado en Capital Federal, y estudiando Derecho, me di cuenta que debía buscarle el lado positivo a la injusticia en quien en vida fuera mi padre, terapias de por medio, estudié abogacía, abracé la causa penal y acá estoy, muy bien, contento, pues las Garantías Constitucionales de la Defensa en Juicio y del Debido Proceso, son mi Faro, un día estoy de un lado del Justiciable, otro día del otro lado, pero creo en la Justicia terrenal y la Divina: “Todo llega… Todo pasa”.

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