N° de Edición 7273
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El Estado: Creación Histórica O Invención Burocrática. Por Julián Licastro

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LICASTRO

Promediando las reflexiones sobre el Estado, para comprender mejor la necesidad de contar con políticas públicas, es preocupante constatar hasta ahora la falta de propuestas, alternativas y debates. Vemos así que la campaña electoral se manifiesta por ausencia, como aquello que ha sido sustituido por acciones publicitarias de “relaciones públicas”, sin el balance preciso de lo correcto e incorrecto para encarar el futuro.

Un análisis serio, no oportunista, debe ponderar lo que funciona bien, porque ha sobrevivido crisis, retrocesos y ensayos; y, desde el lado opuesto, revisar lo incompatible con las solicitaciones actuales de la sociedad. En esta tarea, la ostentación personalista o ideológica es mala consejera, igual que el resentimiento y la revancha, porque oscurecen el campo de aplicación de un tratamiento progresivo y prudente.

La realidad empírica tiene que contrastarse con la “imagen-objetivo” del Estado como creación histórica de una amalgama cultural. Un proceso sedimentado en un territorio y una memoria colectiva, para referir los rasgos destacables del comportamiento ciudadano. Los clásicos dicen, justamente, que “el Estado es la gran política en acto”, recordando las obligaciones y deberes de la conducción, para evitar que su voluntad sólo se reconozca en derechos irrestrictos a expensas de la comunidad.

En la secuencia delicada de una transición compleja, con conflictos emergiendo en varios flancos que acumulan tensiones, lo principal es la humildad. Esta virtud sincera, y no actuada ni neutral, incide con sus valores y convicciones en la realidad que es la verdad. Y testimonia una sensibilidad social que descarta la tentación dirigencial de aislarse y distanciarse de la gente y sus urgencias.

Lamentablemente, en la lucha de intereses, que se potencian en la esfera pública, las distintas facciones suelen instalar una “Estado dentro del Estado”, concentrando la facultad de nombramientos y designaciones en sus propios integrantes. Falta de amplitud que se expande a despecho de las regulaciones de carrera y mérito, dejando a muchos postulantes fuera de toda selección por concurso de aptitudes reales.

Por esta causa, reiterada en diferentes gobiernos, las innovaciones tienen que repensarse metodológicamente para poder superar las “restricciones estructurales” establecidas por numerosas disposiciones anteriores. En particular, la invención burocrática de líneas y formatos de trámites engorrosos para facilitar la corrupción y el tráfico de influencias. Obstáculos que requieren la sabiduría de abrir gradualmente los márgenes de iniciativa para una reforma sustentable.

Añadamos  aquí que “la razón histórica”, valga la contradicción, no siempre ha sido racional en la construcción de un Estado con medidas inteligentes; porque en cada momento también actuó el azar, la confusión del contexto y el determinismo de la necesidad. Factores que desmienten el purismo de los relatos retrospectivos y la negación de los agentes entonces actuantes; pues cuando una génesis orgánica es vital, las grandes tendencias reaparecen en el curso y recurso de la historia que se repite.

Pese a las dificultades, la defensa honesta del Estado tiene que seguir el eje de las fuerzas de cohesión, neutralizando las fuerzas de dispersión que se agitan en cada encrucijada de su desenvolvimiento, especialmente por presiones geopolíticas.  El propósito es acentuar nuestra identificación con el país, afianzando los hábitos positivos en un código posible de convivencia cotidiana, espíritu de trabajo y voluntad de diálogo y cooperación. [9.6.15]

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